Nos despertamos temprano esa mañana, prepararnos el desayuno, nos aseamos y nos dispusimos a salir a dar un paseo camino al parque.
Mientras cogíamos los abrigos, miramos por la ventana y vimos a una mujer con una cámara de vídeo caminando por la acera opuesta que parecía estar buscando a alguien que vivía en alguna casa cercana.
-Eh Beatrice, ¿has visto a esa mujer? - señalé a través de la que parecía ser una reportera con la esperanza de que Beatrice supiera algo sobre ella.
-No, pero será mejor que nos vayamos ya. Te recuerdo que vivimos en la misma zona que dos Beatles.
Rápidamente, abrimos la puerta y, sin pararnos a observarla, nos dirigimos hacía el parque que, afortunadamente, quedaba en dirección contraria a la cotilla que vimos antes.
Cuando por fin empezamos a caminar a paso normal, se me vino a la cabeza girarme para ver si alguien nos seguía y estuve en lo cierto. La mujer venía corriendo hacia nosotras mientras nos hacía fotos. Teníamos dos opciones; salir corriendo o parar y hablar con ella para descubrir que quería. Beatrice quería salir corriendo pero mi vagueza me hizo convencerla para que parásemos y hablásemos con ella.
Cuando dejamos de caminar, esperamos a que llegara hasta nosotras y, sin dejarnos abrir la boca, nos dijo algo que nos hizo darnos cuenta de qué quería:
-Todo el mundo os ha visto con Ringo Starr y George Harrison.
Nos miramos sin saber qué decir.
-Somos amigos, nada más - Instintivamente, Beatrice me miró al decir eso para que yo no comentara nada que pudiera salir en los periódicos.
-Quiero haceros unas preguntas sobre vuestra relación con ellos.
-Lo siento, tenemos prisa - Nos giramos y damos un paso hacia delante.
-Si no hacéis caso publicaré un artículo con fotos vuestras diciendo que salís con ellos.
Paramos en seco. La miramos y Beatrice no sabía qué decir.
-¿Que quieres? - dije mirándola fijamente.
Se quedó pensando segura de que no íbamos a contestar a sus preguntas.
-Dadme 1000 libras y nadie se enterará de que hemos tenido esta conversación ni publicaré nada acerca de vosotras.
-¿Y de dónde sacaremos el dinero?
-Vosotras veréis, no es problema mío.
-¿No podrías darnos un plazo?
Negó con la cabeza y nos enseñó las fotos que nos había hecho días anteriores.
Beatrice y yo acercamos las manos y las cogimos para verlas de cerca. De repente, Beatrice me cogió de la mano y ambas corrimos con al esperanza de perderla de vista.
Llegamos a un calejón y nos encondimos tras unos contenedores en los cuales me pareció ver a un par de cucarachas.
Parecía que ya no nos seguía, así que rompimos las fotos, las tiramos a la basura y salimos a la calle principal. Miramos la hora.
-Será mejor que volvamos ya a casa - dije mientras buscábamos una ruta alternativa para no encontrárnosla por el camino.
Llegamos bien a casa y, después de almorzar, como no sabíamos qué hacer, fuimos a casa de nuestros dos amigos escarabajos.
-Vaya día eh - dije riendo cuando estábamos a punto de llegar.
-Y que lo digas - contestó ella mientras llamaba al timbre.
Harrison no tardó mucho en responder, aunque rápidamente su expresión no mostraba que nos esperara a nosotras, saludó con una sonrisa.
-Wow, hola chicas. No os esperábamos.- giró la cabeza hacia el interior de su casa y gritó-
¡Ringo, están Mary y Beatrice aquí!
Pasó medio minuto y Starkey asomó su cabeza detrás del hombro de George.
-¿Y a quién esperábais? ¿Molestamos?- pregunté mientras te tocaba el pelo un poco nerviosa por interrumpir algo que no debía.
-Oh, no. No creo que pase nada porque vengáis. Sólo que tenían que venir...
-¡Ahí están!- interrumpió Ringo señalando con el dedo índice detrás de nosotras.
Beatrice y yo nos giramos al tiempo. Sí, ahí estaban. Los dos que faltaban.
*Narra Beatrice*
Me giré al mismo tiempo que Mary hacia donde Ringo había señalado. Su sorpresa no me hacía dudar que, al parecer aquellos dos chicos eran los dos Beatles restantes. Mientras cogíamos los abrigos, miramos por la ventana y vimos a una mujer con una cámara de vídeo caminando por la acera opuesta que parecía estar buscando a alguien que vivía en alguna casa cercana.
-Eh Beatrice, ¿has visto a esa mujer? - señalé a través de la que parecía ser una reportera con la esperanza de que Beatrice supiera algo sobre ella.
-No, pero será mejor que nos vayamos ya. Te recuerdo que vivimos en la misma zona que dos Beatles.
Rápidamente, abrimos la puerta y, sin pararnos a observarla, nos dirigimos hacía el parque que, afortunadamente, quedaba en dirección contraria a la cotilla que vimos antes.
Cuando por fin empezamos a caminar a paso normal, se me vino a la cabeza girarme para ver si alguien nos seguía y estuve en lo cierto. La mujer venía corriendo hacia nosotras mientras nos hacía fotos. Teníamos dos opciones; salir corriendo o parar y hablar con ella para descubrir que quería. Beatrice quería salir corriendo pero mi vagueza me hizo convencerla para que parásemos y hablásemos con ella.
Cuando dejamos de caminar, esperamos a que llegara hasta nosotras y, sin dejarnos abrir la boca, nos dijo algo que nos hizo darnos cuenta de qué quería:
-Todo el mundo os ha visto con Ringo Starr y George Harrison.
Nos miramos sin saber qué decir.
-Somos amigos, nada más - Instintivamente, Beatrice me miró al decir eso para que yo no comentara nada que pudiera salir en los periódicos.
-Quiero haceros unas preguntas sobre vuestra relación con ellos.
-Lo siento, tenemos prisa - Nos giramos y damos un paso hacia delante.
-Si no hacéis caso publicaré un artículo con fotos vuestras diciendo que salís con ellos.
Paramos en seco. La miramos y Beatrice no sabía qué decir.
-¿Que quieres? - dije mirándola fijamente.
Se quedó pensando segura de que no íbamos a contestar a sus preguntas.
-Dadme 1000 libras y nadie se enterará de que hemos tenido esta conversación ni publicaré nada acerca de vosotras.
-¿Y de dónde sacaremos el dinero?
-Vosotras veréis, no es problema mío.
-¿No podrías darnos un plazo?
Negó con la cabeza y nos enseñó las fotos que nos había hecho días anteriores.
Beatrice y yo acercamos las manos y las cogimos para verlas de cerca. De repente, Beatrice me cogió de la mano y ambas corrimos con al esperanza de perderla de vista.
Llegamos a un calejón y nos encondimos tras unos contenedores en los cuales me pareció ver a un par de cucarachas.
Parecía que ya no nos seguía, así que rompimos las fotos, las tiramos a la basura y salimos a la calle principal. Miramos la hora.
-Será mejor que volvamos ya a casa - dije mientras buscábamos una ruta alternativa para no encontrárnosla por el camino.
Llegamos bien a casa y, después de almorzar, como no sabíamos qué hacer, fuimos a casa de nuestros dos amigos escarabajos.
-Vaya día eh - dije riendo cuando estábamos a punto de llegar.
-Y que lo digas - contestó ella mientras llamaba al timbre.
Harrison no tardó mucho en responder, aunque rápidamente su expresión no mostraba que nos esperara a nosotras, saludó con una sonrisa.
-Wow, hola chicas. No os esperábamos.- giró la cabeza hacia el interior de su casa y gritó-
¡Ringo, están Mary y Beatrice aquí!
Pasó medio minuto y Starkey asomó su cabeza detrás del hombro de George.
-¿Y a quién esperábais? ¿Molestamos?- pregunté mientras te tocaba el pelo un poco nerviosa por interrumpir algo que no debía.
-Oh, no. No creo que pase nada porque vengáis. Sólo que tenían que venir...
-¡Ahí están!- interrumpió Ringo señalando con el dedo índice detrás de nosotras.
Beatrice y yo nos giramos al tiempo. Sí, ahí estaban. Los dos que faltaban.
*Narra Beatrice*
Se llevó la palma de la mano contra su boca abierta mientras decía un "No-puede-ser".
Resoplé para mí. Mary había hecho maravillas para conseguir que aceptara a la casa de los chicos después del accidente de esta mañana, ahora me obligaría a verles diez veces más pues claro, son "sus Beatles" y eso la hacía feliz.
Miré a ambos chicos extrañada. Algo me llamaba la atención. Entrecerré los ojos para pensar con más claridad mientras notaba nerviosos golpes en el brazo por parte de mi amiga a la vez que repetía sus nombres, aunque yo no ponía demasiado interés en ello.
Avanzaban hacia la puerta, el fanatismo de Mary llamaba toda la atención, por lo que apenas se dirigieron a mí y yo pude observarlo todo "tranquilamente".
El más alto, flacucho y con el pelo más oscuro fue el que captó mi atención. Pensaba pero no encontraba la respuesta. Cerré los ojos, volví la menté años atrás. Por fin, di con ello.
Desplegué los párpados de nuevo y clavé mi vista en él.
-¿¡Paul McCartney!?- grité, con casi más furia que sorpresa.
Instantáneamente volteó la cabeza y saludó con una sonrisa perfecta que no me gustaba nada.
-¿Beatrice? ¿Beatrice Shepard? ¿Que hacés tú...
Mary se giró hacia mí y pegó un grito casi al lado de mi oído, cada vez más boquiabierta.
-¿¡Os conocéis!?- interrumpió.
Puse los ojos en blanco y la miré con el entrecejo fruncido. «No es momento» vocalicé con los labios sin soltar un sonido de mi boca.
Al parecer lo entendió, pues no añadió nada más y se limitó a observar la escena.
Paul se acercó con esa misma sonrisa hacia mí, al parecer para saludarme con dos educados besos.
En cuanto estuvo a mi alcance le di un empujón en el pecho.
-¡Aparta!- repliqué.
-Veo que no has olvidado los años de instituto.- contestó con una sonrisa, que ahora se había vuelto irónica. -¿Qué os ha pasado?- entró su compañero, imaginaría que el tal John.
McCartney y yo le miramos mientras decíamos un "nada" al mismo tiempo.
-Este hombre se dedicó a hacernos la vida imposible durante los cursos del instituto tanto a mí como a mi mejor amiga.- apreté los labios mostrando una sonrisa forzada, quizás la sonrisa más falsa que nunca antes había mostrado a nadie.
Paul volvió de nuevo la vista a mí soltando una carcajada. Algo que me enfureció aún más.
-¡Oh, vamos! Sólo me acosté con ella.
-¡Y después pasaste de ella! ¡Se enamoró de tí!
-No creo que se enamorara de mí cuando se tiró a medio instituto.- replicó mientras arqueaba una ceja.
-¡Gilipollas!
-¿Soy un gilipollas por conseguir que tu mejor amiga pasase la mejor noche de su vida conmigo?
Bufé, me dí la vuelta dándole la espalda y me aparté el pelo de la cara. Noté como sus pasos avanzaban hasta nosotras.
¿Y tú eres la vieja Alice?- le oí.
Me giré aún más cabreada y me interpuse entre ellos, aunque Mary no pareciese muy molesta por tenerlo tan cerca.
-¡No! ¡Y más te vale que a ella no le pongas un dedo encima!
Paul levantó las palmas de las manos haciendo un gesto para exculparse y retrocedió varios pasos. George y Ringo no parecían muy enterados por lo que seguían sin interrumpir.
-Eh, eh, eh. Con mi amigo menos. Han pasado muchos años, no deberías comportarte como una fiera.- interrumpió el otro, en el que apenas me había fijado desde que aparecieron detrás de nosotras.
Tenía en pelo más claro que McCartney, también era un poco más bajo, con la cara más redonda y labios más finos. Aparentaba seguridad y provocación, pues una débil sonrisa no se despegaba de su rostro a pesar de que la escena no era muy alegre. Llevaba unas gafas negras con unos anchos cristales de protección solar que no daban paso a sus ojos. De ahí saqué lo primero con lo que pude combatir.
-¡Tú calla, miope!
Desplegó los labios levemente y arqueó sus cejas dando a entender que no esperaba mucho esa contestación. Ojos mirones y algún que otro grito agudo que venían de la calle hizo alertarnos de que no podríamos permanecer mucho tiempo ahí sin llamar la atención y más, siendo ellos los Beatles.
Avanzó con pasos decididos hacia mí, hasta que ya no pudo dar ni uno más.
-¿Sí?- dijo con una sonrisa pícara mientras se retiraba las gafas de la nariz y las colocaba sobre la cabeza. Al mismo tiempo acercó mucho su cara hacia la mía.
Permanecí de piedra. ¿Qué demonios intentaba? Para cuando volví a reaccionar sus labios estaban a muy pocos centímetros de los míos. Continuó con la misma sonrisa pícara y sorbió el aroma de mi pintalabios mientras cerraba lentamente los ojos.
No sé que me ocurrió en aquel momento, un cosquilleo recorrió toda mi espina dorsal hasta el punto de conseguir que mis manos comenzasen a sudar.
Cerré los ojos y avancé la cabeza hacia delante intentando encontrarme con la suya. Nada. Aire.
Abrí los ojos confusa y él ya había retrocedido varios pasos hacia atrás. Paul ya se había adelantado hacia la casa de George y Ringo, donde observaban la escena divertidos. Mientras que Kaufmann estaba paralizada sin poderse creer lo que estaba viendo.
Lennon soltó una gran carcajada al ver mi reacción.
-Pues este miope, te va a dejar con las ganas.- se colocó de nuevo las gafas y avanzó indiferente hasta donde se encontraban sus compañeros.
Me sentí inutil, estúpida, y sin decir más avancé directa hasta la puerta andando decidida hacia nuestra casa.
Oí como George mostraba sus disculpas a Mary y cerraba la puerta mientras ella se aproximaba a mis espaldas.
-¡Be! ¡Beatrice!- gritaba, cada vez más cerca, aunque no hacia mucha alusión para escucharla.
Era cierto que había varias personas que andaban por la calle y miraban curiosas si eramos nosotras las que nos encontrábamos con los artistas más revolucionarios de aquel entonces. A todas y cada una de esas miradas respondí con desprecio.
A la velocidad a la que iba no tardé mucho en llegar a nuestro hogar. Mary seguía detrás intentando tranquilizarme pero mi enfado hizo que no me detuviese y ella se cansó antes que yo. Aunque no permanecía a mucha distancia.
Abrí rápidamente y dí un portazo, casi contra las narices de mi amiga. Fui directa a mi habitación y me cerré allí. No tardé en oír como mi amiga entraba y daba unos suaves toques en la puerta de mi habitación.
Tras varios intentos, al ver que no mostraba muchas intenciones de hablar con nadie desistió.
Así pasé una media hora mirando al techo con las manos en la nuca. Llamó de nuevo y oí su voz tímida.
Es tarde, vamos a cenar. Hice hamburguesas, sé que te encantan.
Me levanté de la cama pesadamente y abrí la puerta furiosa. Mi enfado no había disminuido, y no se tardó en notar.
-No quiero cenar, no quiero tu cena. No quiero verte, ni tampoco a ellos. ¿Sabes? Todo esto es por tu culpa. Ya nos advirtió la señora esa de que nos alejáramos de ellos. Pero no, tú necesitabas ir esta misma tarde a contárselo. Gilipollas. Para colmo, ahora tendré que verles más veces, ¿no es verdad, Mary? Gracias por haberme echo ver a Paul McCartney, después de que consiguiera olvidar todo lo que me había jodido la adolescencia. Muchas gracias, en serio. Ahora, por favor, ¿¡te puedes ir de mi vista!?
Su cara mostraba sorpresa y decepción al mismo tiempo, parecía que le costaba encontrar las palabras y sus ojos se empezaban a enrojecer poco a poco.
-Pero... pero... -su voz estaba rota.
-¡Oh, genial! Ahora vas a ponerte a llorar.- bufé y cerré un portazo dejándola ahí sin intención a oír más.
Estaba demasiado furiosa como atender a razones. Sabía que estaba mal hablarle a ella así, pero me daba igual. Al menos eso pensaba, mi conciencia no tardó en dejarme el ánimo aún más por los suelos.
Mi amistad con ella me obligaba a disculparme, pero mi orgullo fue más fuerte y consiguió que me quedase en la cama tirada.
«Buenas noches» pensé, al menos si mi culpabilidad me lo permitía.