-¿Qué significa eso de que te vas a Alemania? -repitió Mary boquiabierta.
Me encogí de hombros, ¿por qué yo?
-Al parecer, quieren que vaya como fotógrafa para el no-sé-qué-noticia. -añadí suspirando.
-¿Cómo? ¿Y ya está? No pueden mandarte a Alemania así como así.
-Lo sé, pero no puedo negarme y arriesgarnos a perder uno de los dos sueldos.- y era verdad, el alquiler de nuestra casa era alto y con sólo el sueldo de Mary no podríamos vivir lo que se dice "bien".- De todas formas, dejemos este tema, estoy con... resaca. O algo así.
Mary me arqueó una ceja. No pude descubrir exactamente con qué intenciones.
-¿Dónde has pasado la noche?
-En casa de John... -disimulé la risa mientras nos metíamos en el ascensor. Me habían dejado el resto de jornada libre por todo el tema de Alemania, el caso es que no sé qué hacia mi compañera viniendo conmigo.
-¿Me estás vacilando? -se me quedó mirando con cara de sorpresa.- O sea, pasas la noche con John y lo dices así, tan tranquila... -cada vez parecía más incrédula.
Tenía que pensar rápido, sí que había pasado la noche con John, pero eso ella no podía saberlo. En sí no yo aún acababa de creer que pasase, sentía como una espesa nube me impedía pensar con claridad y me provocaba náuseas a la mínima. Maldito alcohol.
-Eh... No, no. Sólo he dormido en su cama. -lo estaba empeorando- Ay, quiero decir, que él se quedó en el sofá. Yo bebí demasiado. -me llevé dramáticamente una mano a la frente.- ¡No me hagas gritar, me duele la cabeza!
-Bueno... Pues controla, ya eres mayorcita y no puedo estar vigilándote continuamente.- lo dijo con tono de madre mientras me daba unas suaves palmaditas en el hombro, como si yo fuese un bebé que coge las llaves del coche para jugar y las acaba perdiendo por cualquier parte de la casa.
-Oye, oye, fue por tu culpa. Si no hubiésemos quedado con ellos yo no hubiese bebido, y hablando de eso, me debes tres vinilos de Buddy Holly. ¡Cuatro! Que me rompiste uno. - le lancé una mirada asesina mientras reía. Ella respondió apartando la mirada y silbando como si nunca hubiéramos llegado a tal acuerdo.
-Es tarde, ¿y si vamos a tomar un café y luego te ayudo a preparar todo lo del viaje?
-¡Mary! -reí, al momento un martillazo me atacó el cráneo. Juré que sería la última vez que bebería.
-Está bien...
Después de pasar un buen rato en la tienda de discos, donde me costó sudor y lágrimas encontrar "That'll Be The Day" y me tuve que conformar con un LP de The Crickets y un par de singles volvimos a casa. Mary estuvo callada durante todo el rato, no sé en qué estaría pernsando, pero la única emoción que mostró fue cuando tuvimos que pasar por la sección "Beatles" de camino a la de "Crickets". Si no recuerdo mal, dentro de poco sus chicos tenían pensado sacar un nuevo disco. Hmmmm, más Beatles no, por favor.
Me desplomé sobre la cama sin molestarme a escuchar antes mis nuevas reliquias. Pero nada, esa espantosa resaca no me permitiría aguantar más de dos minutos recibiendo sonidos en mi cabeza. Seguía sin aclararme respecto a lo de anoche. Ni lo asumía ni lo aceptaba. Yo con Lennon. No podía ser. Ese chico no me gustaba, de ninguna manera. No, no, no. No.
Cerré levemente los ojos, la persiana estaba subida y el sol que entraba por la ventana simulaba que iba a quemarme las retinas. Tampoco tenía demasiadas fuerzas para levantarme.
Quería dormir. Estaba a punto de caer en un sueño cuando interrumpió el horrible ruido metálico del teléfono.
"Que no sean ellos. Por favor, cualquier cosa menos ellos" supliqué para mis adentros.
Tenía la puerta de mi habitación cerrada, así que Mary se me adelantó.
-¡Be! ¡Es para ti!
¿Para mí? ?Quién? ¿John? Imposible. Mary me lo hubiese dicho. ¿Entonces...?
-¿Sí?...
-¿Shepard? -el jefe.
-Soy yo, ¿qué, qué pasa?
-En dos días tienes el vuelo a Berlín. A las diez de la mañana. Más te vale estar allí a las ocho de la mañana, y media como muy tarde. No llegues tarde, como siempre.
-Gracias, señor. -forcé un tono amable- Espero que no haya ningún problema. ¿Y allí?
-¿Allí qué? Trabajar, para eso te pago.
Resoplé y le meldije para mis adentros.
-Me refiero a qué haré cuando baje del avión.
-Ah, tendrás un taxi esperándote que te llevará a el hotel. Perdónanos por una estancia tan simple, pero la sucursal no está para lujos. -noté algo de sarcasmo en su voz. No soportaba a ese hombre.
-Vale, muchas gracias, allí estaré. Si necesita algo o hay algún cambio ya sabe cómo contactar conmigo. -me mostré alegre y colgué antes de que pudiera articular palabra.
Volví a la habitación suspirando, saqué la maleta que estaba encima del armario. Necesitaba dormir, me pesaba todo el cuerpo y los párpados se resistían a mantenerse abiertos. Dejé caer la maleta boca arriba sobre el suelo, abrí y observé el interior. Calculé mentalmente cuánta cantidad de ropa necesitaría, la empujé con el pie alejándolo hacia un lado y me volví a tirar en la cama.
Otra vez el teléfono.
-¡¿QUÉ COJONES LE PASA A ESE INSTRUMENTO INFERNAL?!- grité mientras oía a mi compañera acercándose de nuevo al salón. El sonido del teléfono me taladraba cada neurona de mi cabeza haciendo que ésta quisiese explotar en cualquier momento.
Para colmo, debían de ser John, Paul, George o Ringo, pues la alegría de Mary no tardó en subir su tono de voz.
"Oh, dios mío, que alguien le tape la boca." Cogí la almohada perezosamente y me tapé las orejas con ella, hundiendo la cara en el colchón.
"Esto es culpa de Lennon. No vuelvo a confiar en él. Seguro que me echó algo en la bebida. ¡Seguro! ¿O quizá es que yo no esté acostumbraba a beber tanto...? Hmmm. Es igual. No más Lennon."
Volvía a conciliar el sueño. Esa almohada retuvo el ruido del exterior más de lo que hubiese imaginado. Hasta que Mary irrumpió en mi habitación.
-¿Qué piensas hacer? -dijo con un tono de desconfianza.
-Dormir, ¿por?
-Hmmmm, es que han llamado los chicos.
-Ni-lo-sue-ñes. -no me molesté en levantar la cabeza para mirarla.
-Oh, vale, entiendo... Perdón.
-Mary, ¿me dejas dormir, por favor? Todo me da vueltas. -rogué.
-Bueno, yo he quedado con Paul. Está bien, descansa y mejórate. -se despidió alegremente.
Cerró la puerta de mi habitación y un cuarto de hora después, aproximadamente, oí la de la entrada. Se iba con los Beatles dos días antes de que yo me fuese a Alemania durante un mes. Perfecto.
*Narra Mary*
Mientras abría la puerta imaginaba que al otro lado encontraría a un Beatle en mi puerta con un ramo de flores o algo por el estilo, sin embargo, lo que apareció frente a mis ojos fue Paul McCartney huyendo de siete fans que lo perseguían con intención de hacer lo que fuera por poder tocarle. Me aparté corriendo para que él entrara y cerrarle la puerta en las narices a las demás.
-¿¡Se puede saber adónde has ido para que te vea tanta gente!? - le pregunté conteniendo una carcajada.
-Iban todas juntas por la calle y cuando me vieron viniendo hacia aquí se avalanzaron sobre mí. ¿Cómo vamos a salir de aquí? ¿Tienes puerta trasera?
-Sí pero da a un pequeño jardín con una puerta y la puerta de salida está casi al lado de la principal. Nos verían.
-Tengo una idea pero no sé si será demasiado arriesgada... ¿puedo hacer una llamada?
-Eh...claro. - Respondí y le dirigí hacia el teléfono.
Vi cómo marcaba unos números que me resultaban curiosamente familiares y se acercó el auricular a la oreja para hablar.
-¡Hey! Estoy aquí en casa de Mary, he venido a recogerla y unas chicas me vieron y están esperando a que salga por la puerta. - Asintió. Muchas gracias, hasta ahora.
Colgó y lo miré extrañada.
-¿Cuál es tu plan, McCartney? - Me senté en el borde de la mesa.
-Van a venir a salvarnos haciendo de distracción así que tendremos que subir corriendo a un coche que dejaran frente a la puerta del garaje y pirarnos.
-¿Y quién vendrá a...? - De repente, los gritos de las fans me interrumpieron y fuimos corriendo a la ventana para ver si el plan había comenzado. Ringo estaba haciendo gestos de pie en la calle desviando la atención de todas. Corrimos hacia la puerta del jardín y allí vimos al señor Harrison en un coche con el motor en marcha esperándonos para la huida.
-A la de tres. Una, dos y... - subimos deprisa y el coche fue en busca de Ringo sin ni siquiera habernos dado tiempo para cerrar.
-¡Sube! - Gritamos a dúo George y yo mientras Paul le abría la puerta.
Cuando los cuatro estuvimos ya a salvo, George pisó el acelerador y, por el cristal trasero, vimos como las beatlemaníacas cada vez quedaban más lejos.
-Yo no soy tan agresiva. - Reí y me acomodé en el asiento. - Bueno, ¿y ahora qué?
Durante cinco segundos nadie contestó.
-Tú y yo habíamos quedado a solas pero creo que vamos a necesitar a estos dos para sobrevivir. - Dijo Paul.
-Si queréis os dejamos delante de los estudios de EMI solos. - Contestó George sarcásticamente soltando una leve risa. Lo miré y se encogió de hombros riendo. - Era sólo una propuesta.
-¿No podemos ir a algún sitio que esté cerca pero en el que no haya fans locas? - Todos pusieron caras pensativas.
-Hay una pista de bolos no muy lejos de aquí que es para gente "de clase alta". Se hacen muchas..."fiestas" allí de gente famosa y casi nadie juega. Las pistas suelen estar libres. - Sugirió Ringo y Paul le revolvió el pelo.
-¡Chico listo! - Gritó Paul. - Muy bien, ¿vamos entonces?
Asentimos todos a la vez y nos dirigimos a la bolera a la que se refería Richard.
Cuando llegamos vimos a un montón de famosos que trabajaban para el sello Parlophone. La mayoría eran cómicos a los que yo no conocía pero que parecían tener una estrecha relación con los chicos que saludaban cordialmente a todo el que se encontraban.
Nos aproximamos al mostrador y dijimos nuestras tallas de pie para que nos dieran los típicos zapatos para jugar a los bolos. Nos los pusimos y nos acercamos a una de las pistas vacías.
-¿Jugamos un dos contra dos? - Preguntó Paul mientras se sentaba en uno de los asientos y dejaba su chaqueta.
-Buena deducción Macca, ¡cuatro entre dos es dos! - Le respondió Ringo fingiendo sorpresa.
Paul encogió la nariz y George y yo reímos sin cesar por lo poco habitual que era que Ringo le tomara el pelo a alguien. Casi siempre era él el objeto de burla por sus tan obvias deducciones.
-Está bien, está bien. ¿Quién con quién? - Preguntó el Beatle tímido.
-Mary y yo habíamos quedado solos así que creo que las parejas quedan claras.
-De acuerdo. - Respondimos al unísono.
Me puse en la mesa de Paul y configuramos las pantallas. Paul empezaba. Cuando llegó mi turno, cogí la bola que menos pesaba y la lancé. Ni uno tiré. Segundo intento. Todos. Semipleno.
Seguimos jugando hasta la ronda final. Los dos grupos teníamos casi la misma puntuación pero ellos nos iban ganando por un par de puntos. Aún teníamos posibilidades. Tiré haciendo que quedáramos exactamente un punto por encima de ellos pero George, que estuvo tirando a la vez que yo por el orden de los nombres, no había tirado todavía.
No era una partida de campeonato ni nada por el estilo así que si intentaba que se le desviara la bola tampoco pasaría nada.
Me acerqué a Harrison por la espalda y, mientras alzaba el brazo hacia atrás para realizar el lanzamiento decisivo, acerqué mis manos a su cadera y empecé a hacerle cosquillas.
Lo que pasó fue muy simple, se empezó a retorcer por las cosquillas, sin motivo aparente empecé a notar un cosquilleo como de mariposas en el estómago y no me di cuenta de dónde iba a caer la bola. Noté un golpe en el pie, vi la cara de George horrorizado por lo que acababa de pasar y fui corriendo a sentarme mientras daba pequeños grititos de dolor.
-¡Perdón perdón perdón, lo siento mucho, no era mi intención! - Gritó él mientras corría a socorrerme tras el incidente. - ¿Estás bien?
-Sí sí, es sólo que...ya sabes, me acabas de aplastar el pie. - Dije entre pequeñas risas.
-Será mejor que volvamos a casa. - Paul se acercó a mi y me intentó llevar en brazos hasta el coche. - Vale, tengo los brazos adormilados.
-Yo la llevo. - Oí a George de lejos haciendo el tiro final de la partida. Sonó el pitido de cuando termina una y miré el marcador. Ganamos Paul y yo, al parecer George no tiró ni un bolo.
-Tú tienes las llaves del coche, déjame a mi. - Dijo Ringo levantándome para llevarme ya al coche en dirección a casa.
-Tienes razón. - Salimos a la calle y ya se nos había hecho de noche. Ni habíamos almorzado entre el camino y la partida. Entramos en el coche y me subieron en el asiento del copiloto.
No me enteré de nada de lo que ocurrió hasta que llegamos a Knightsbridge. Al parecer me había quedado dormida, porque tenía una manta por encima que seguramente me habría echado el dueño del coche.
-Ya hemos llegado. - Giré la vista hacia mi izquierda y vi a George sonriéndome. - Paul y Ringo ya han entrado en casa. Está todo muy oscuro y hace frío, deja que te acompañe.
Me estiré como pude en el reducido espacio del coche y salí del coche con su ayuda.
-Gracias. - Dije con los ojos semiabiertos.
Como aún me dolía el pie en uno de los amagos por avanzar me lo doblé y tuve que ir hasta la puerta usando al Beatle de apoyo.
-Lo siento mucho, de verdad.
-No te preocupes. - Sonreí y le di un pequeño beso en la mejilla. - Hasta mañana.
-A....adiós. - Tartamudeó.
Cerré la puerta mientras agitaba la mano para despedirme y fui al cuarto de Beatrice, llamé a la puerta y al oír "adelante" la abrí con una especia de sonrisa tonta y la vi sacando ropa de sus cajones y metiéndolas en una maleta de viaje.
Mi amiga me miró riéndose.
-¿Se puede saber qué ha pasado para que traigas esa cara? - Preguntó boquiabierta.
-No sé de que me estás hablando. - Mentía fatal, lo sé. - Me duele el pie y tengo sueño, mañana hablamos.
-Vale... ¡hasta mañana!
-Adiós.
*Narra Mary*
Mientras abría la puerta imaginaba que al otro lado encontraría a un Beatle en mi puerta con un ramo de flores o algo por el estilo, sin embargo, lo que apareció frente a mis ojos fue Paul McCartney huyendo de siete fans que lo perseguían con intención de hacer lo que fuera por poder tocarle. Me aparté corriendo para que él entrara y cerrarle la puerta en las narices a las demás.
-¿¡Se puede saber adónde has ido para que te vea tanta gente!? - le pregunté conteniendo una carcajada.
-Iban todas juntas por la calle y cuando me vieron viniendo hacia aquí se avalanzaron sobre mí. ¿Cómo vamos a salir de aquí? ¿Tienes puerta trasera?
-Sí pero da a un pequeño jardín con una puerta y la puerta de salida está casi al lado de la principal. Nos verían.
-Tengo una idea pero no sé si será demasiado arriesgada... ¿puedo hacer una llamada?
-Eh...claro. - Respondí y le dirigí hacia el teléfono.
Vi cómo marcaba unos números que me resultaban curiosamente familiares y se acercó el auricular a la oreja para hablar.
-¡Hey! Estoy aquí en casa de Mary, he venido a recogerla y unas chicas me vieron y están esperando a que salga por la puerta. - Asintió. Muchas gracias, hasta ahora.
Colgó y lo miré extrañada.
-¿Cuál es tu plan, McCartney? - Me senté en el borde de la mesa.
-Van a venir a salvarnos haciendo de distracción así que tendremos que subir corriendo a un coche que dejaran frente a la puerta del garaje y pirarnos.
-¿Y quién vendrá a...? - De repente, los gritos de las fans me interrumpieron y fuimos corriendo a la ventana para ver si el plan había comenzado. Ringo estaba haciendo gestos de pie en la calle desviando la atención de todas. Corrimos hacia la puerta del jardín y allí vimos al señor Harrison en un coche con el motor en marcha esperándonos para la huida.
-A la de tres. Una, dos y... - subimos deprisa y el coche fue en busca de Ringo sin ni siquiera habernos dado tiempo para cerrar.
-¡Sube! - Gritamos a dúo George y yo mientras Paul le abría la puerta.
Cuando los cuatro estuvimos ya a salvo, George pisó el acelerador y, por el cristal trasero, vimos como las beatlemaníacas cada vez quedaban más lejos.
-Yo no soy tan agresiva. - Reí y me acomodé en el asiento. - Bueno, ¿y ahora qué?
Durante cinco segundos nadie contestó.
-Tú y yo habíamos quedado a solas pero creo que vamos a necesitar a estos dos para sobrevivir. - Dijo Paul.
-Si queréis os dejamos delante de los estudios de EMI solos. - Contestó George sarcásticamente soltando una leve risa. Lo miré y se encogió de hombros riendo. - Era sólo una propuesta.
-¿No podemos ir a algún sitio que esté cerca pero en el que no haya fans locas? - Todos pusieron caras pensativas.
-Hay una pista de bolos no muy lejos de aquí que es para gente "de clase alta". Se hacen muchas..."fiestas" allí de gente famosa y casi nadie juega. Las pistas suelen estar libres. - Sugirió Ringo y Paul le revolvió el pelo.
-¡Chico listo! - Gritó Paul. - Muy bien, ¿vamos entonces?
Asentimos todos a la vez y nos dirigimos a la bolera a la que se refería Richard.
Cuando llegamos vimos a un montón de famosos que trabajaban para el sello Parlophone. La mayoría eran cómicos a los que yo no conocía pero que parecían tener una estrecha relación con los chicos que saludaban cordialmente a todo el que se encontraban.
Nos aproximamos al mostrador y dijimos nuestras tallas de pie para que nos dieran los típicos zapatos para jugar a los bolos. Nos los pusimos y nos acercamos a una de las pistas vacías.
-¿Jugamos un dos contra dos? - Preguntó Paul mientras se sentaba en uno de los asientos y dejaba su chaqueta.
-Buena deducción Macca, ¡cuatro entre dos es dos! - Le respondió Ringo fingiendo sorpresa.
Paul encogió la nariz y George y yo reímos sin cesar por lo poco habitual que era que Ringo le tomara el pelo a alguien. Casi siempre era él el objeto de burla por sus tan obvias deducciones.
-Está bien, está bien. ¿Quién con quién? - Preguntó el Beatle tímido.
-Mary y yo habíamos quedado solos así que creo que las parejas quedan claras.
-De acuerdo. - Respondimos al unísono.
Me puse en la mesa de Paul y configuramos las pantallas. Paul empezaba. Cuando llegó mi turno, cogí la bola que menos pesaba y la lancé. Ni uno tiré. Segundo intento. Todos. Semipleno.
Seguimos jugando hasta la ronda final. Los dos grupos teníamos casi la misma puntuación pero ellos nos iban ganando por un par de puntos. Aún teníamos posibilidades. Tiré haciendo que quedáramos exactamente un punto por encima de ellos pero George, que estuvo tirando a la vez que yo por el orden de los nombres, no había tirado todavía.
No era una partida de campeonato ni nada por el estilo así que si intentaba que se le desviara la bola tampoco pasaría nada.
Me acerqué a Harrison por la espalda y, mientras alzaba el brazo hacia atrás para realizar el lanzamiento decisivo, acerqué mis manos a su cadera y empecé a hacerle cosquillas.
Lo que pasó fue muy simple, se empezó a retorcer por las cosquillas, sin motivo aparente empecé a notar un cosquilleo como de mariposas en el estómago y no me di cuenta de dónde iba a caer la bola. Noté un golpe en el pie, vi la cara de George horrorizado por lo que acababa de pasar y fui corriendo a sentarme mientras daba pequeños grititos de dolor.
-¡Perdón perdón perdón, lo siento mucho, no era mi intención! - Gritó él mientras corría a socorrerme tras el incidente. - ¿Estás bien?
-Sí sí, es sólo que...ya sabes, me acabas de aplastar el pie. - Dije entre pequeñas risas.
-Será mejor que volvamos a casa. - Paul se acercó a mi y me intentó llevar en brazos hasta el coche. - Vale, tengo los brazos adormilados.
-Yo la llevo. - Oí a George de lejos haciendo el tiro final de la partida. Sonó el pitido de cuando termina una y miré el marcador. Ganamos Paul y yo, al parecer George no tiró ni un bolo.
-Tú tienes las llaves del coche, déjame a mi. - Dijo Ringo levantándome para llevarme ya al coche en dirección a casa.
-Tienes razón. - Salimos a la calle y ya se nos había hecho de noche. Ni habíamos almorzado entre el camino y la partida. Entramos en el coche y me subieron en el asiento del copiloto.
No me enteré de nada de lo que ocurrió hasta que llegamos a Knightsbridge. Al parecer me había quedado dormida, porque tenía una manta por encima que seguramente me habría echado el dueño del coche.
-Ya hemos llegado. - Giré la vista hacia mi izquierda y vi a George sonriéndome. - Paul y Ringo ya han entrado en casa. Está todo muy oscuro y hace frío, deja que te acompañe.
Me estiré como pude en el reducido espacio del coche y salí del coche con su ayuda.
-Gracias. - Dije con los ojos semiabiertos.
Como aún me dolía el pie en uno de los amagos por avanzar me lo doblé y tuve que ir hasta la puerta usando al Beatle de apoyo.
-Lo siento mucho, de verdad.
-No te preocupes. - Sonreí y le di un pequeño beso en la mejilla. - Hasta mañana.
-A....adiós. - Tartamudeó.
Cerré la puerta mientras agitaba la mano para despedirme y fui al cuarto de Beatrice, llamé a la puerta y al oír "adelante" la abrí con una especia de sonrisa tonta y la vi sacando ropa de sus cajones y metiéndolas en una maleta de viaje.
Mi amiga me miró riéndose.
-¿Se puede saber qué ha pasado para que traigas esa cara? - Preguntó boquiabierta.
-No sé de que me estás hablando. - Mentía fatal, lo sé. - Me duele el pie y tengo sueño, mañana hablamos.
-Vale... ¡hasta mañana!
-Adiós.