sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 5.

*Narra Beatrice*
No tardé mucho en caer rendida en la cama. Aquel día no había sido agotador, pero muchas veces te cansas hasta de no hacer nada especial, por muy raro que sea.
Bueno, para mí fue un día sin más. Sí, conocimos a dos de cuatro Beatles pero eso para mí no era nada del otro mundo. Por otro lado creo que Mary, más Beatlemaníaca que persona, no habría podido conciliar el sueño en toda la noche. 
Lo que no sabía es que podía verlos siempre que quisiese, a pesar de que a Harrison le cayó bastante bien.
Pasaron varios días sin ninguna novedad. Lo único que hicimos cerca de unos tres días fue estar en casa y salir a tomar fotografías. Es de esa rutina diaria que tanto se aborrece.
Me desperté cerca de las once de la mañana, aunque me quede un rato mirando el techo de mi habitación mientras los minutos pasaban tumbada en la cama.
No pensaba en nada en especial, simplemente estaba.
Por fin mi vaguería matutina desapareció y decidí levantarme. No sé por qué pero tenía una melodía pegadiza en mi cabeza.
Para mi sorpresa cuando salí de mi dormitorio, Mary se encontraba desayunando huntando mantequilla en una tostada recién echa.
Entré tarareando aquella melodía, moviendo los pies y la cabeza al ritmo. Le robé la tostada quitándosela de la mano y avanzando hasta el fondo de la cocina.
-¡Eh! ¡Que es mía! -dijo riendo con un tono un tanto mosqueado.
Me volteé hacia ella y al fin me salió una pequeña parte de la canción que sonaba dentro de mí.
Levante un brazó y flexioné levemente las rodillas.
-... AND WHY YOU LIED TO ME!- canté creo que al ritmo adecuado.
En ese momento reconocí la voz. ¿No era de esos chicos que tanto la gustaban a Mary?
¿Los Beatles? No, no podía ser, apenas me gustaban.
Ella se quedo petrificada mirándome, con la misma expresión de sorpresa que yo.
La tostada se estaba enfriando en mi mano mientras intentaba buscar una explicación lógica a lo que acababa de pasar.
-¡YA EMPIEZA TU BEATLEMANÍA!- gritó y saltó delante mío practicamente comiéndome de la ilusión.
-¿Eh? No. Sólo que la canción es pegadiza.- me dirigí a por el cuchillo de huntar y la mermelada.- Además, ¿Beatlemanía? ¿Qué es eso? ¿Se come?- bromeé.
-No disimules, seguro que debajo de esa apariencia Rock&Rollera tan extrema que tu tienes algo vibra a ritmo del Beat.
-¿Qué dices? Mary, por favor. Deja de delirar.- reí- Yo no tengo de eso a lo que tu llamas "Beatlemanía".- me giré y la zarandeé de los hombros- ¡ASÚMELO!- reí.
Ella rió y siguió mis pasos mientras yo me dirigía al salón en busca de mi cámara.
-Seguro. Cuando conozcas a los otros dos te enamorarás.- en ese momento desconecté mi sentido auditivo. Cuando se ponía a hablar de los Beatles algo se encedía dentro de ella. Hablaba rápido, nerviosa, entraba en una especie de sueño. Un sueño que había escuchado mil y una veces. Me limité a asentir y fingir que escuchaba. 
-... y esa es la grandeza del dúo Lennon/McCartney.- terminó, al menos eso creo. 
-Ah, muy bien. -reí.- No tengo el honor de conocerles.
-Con un poco de suerte lo tendrás, ya verás cómo...- se disponía a hablar de nuevo de esos dos chicos cuando el sonido del teléfono la interrumpió.
-Voy yo.- dije acercándome al teléfono.
Descolgué.
-¿Sí...?
-¿Beatrice Shepard?- la voz me resultó familiar.
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-¿Ya os habéis olvidado de nosotros o qué?- rió al otro lado del teléfono.
-¿Perdón?- reí, no sabía como tomármelo.
-Ya que no me reconoces, soy George Harrison. Estuviste en mi casa el otro día. ¿Recuerdas?- volvió a reir amablemente.
-Oh, sí. Hola Ge..- no terminé su nombre. Mary seguía en el salón y no quería que le diese un síncope de un  momento a otro.- Pues no, no te había reconocido.- reí.
-Bueno, para la próxima ya lo sabes.- rió.- Te llamaba porque a pesar de lo que hablamos, no había tenido noticias de vosotras dos, y me preguntaba si había algún problema.
-No, no, no pasa nada. Simplemente que hemos estado vagueando estos días, y además tenemos algo de trabajo en el periódico.
-Es cierto, que sois periodistas. Nos gustó mucho el artículo del London News cuando viajamos a América.- rió.
-Si, bueno, no somos las afortunadas de trabajar en la sección de música, pero bueno.- sonreí.
-¿Puedo pedirte una cosa?- dijo amablemente.
-¡Claro!- pedí a Mary que me trajera un vaso de agua de la cocina, para que no escuchase la conversación.
-Am, no tenemos nada que hacer, y como nos llevamos bien, ¿queréis volver esta tarde?
Pensé unos segundos.
-Pues... -me asomé levemente a la puerta para comprobar que Mary no escuchaba.- ¿por qué no venís vosotros?
Él rió.
-Por mí genial, aunque nos costará un tanto llegar. Ya sabes... fans. - rió de nuevo.
-Convivo con una de ellas, lo entiendo perfectamente.- reí.- Venid cuando podáis, estaremos en casa.
-Una cosa más.
-Dime.
-¿Cuál es vuestra dirección?- río.
-No te preocupes, siete números más que vosotros. Vivimos en la misma calle. ¿Recuerdas?- intenté imitar su tono de voz riendo.
-Sí, verdad.- rió también.- Pues allí nos vemos, iremos lo antes posible.
-Genial, hasta luego.
-Bye.
Colgó. Colgué. Problema número uno; Esquivar las preguntar de la curiosa Mary.
Llegué a la cocina, primera pregunta.
-¿Quién era?
-Publicidad.
-¿Qué querían?
-¿Vender?- reí.
-¿Y agua para qué?
-¡Porque tenía la boca seca!- la miré extrañada.- ¿Qué crees? ¿Que era un grupo terrorista pidiéndo que nos afiliemos a ellos?- reí.
-Joder chica, que humos, eh...
-Ay, perdón, es que no sé el por qué de tanta curiosidad.
-Estás rara, no sueles alterarte tanto por esas tonterías. Algo ocultas...- rió.
Puse mi mano encima de su hombro.
-No Mary, no. No oculto nada, en serio.- puse tono de película romántica mientras disimulaba una risa.
Ella sí rió pero no comentó nada más. Se fué a su habitación con la radio debajo del brazo y su cámara de fotos mientras seguía investigando un poco más el zoom óptico que antes era mío.
Llegó la hora de comer, comimos bastante tarde pues ninguna de las dos tenía ganas de cocinar y empezamos a hacer varios juegos de azar para decidir quién cocinaba.
Yo cocinaba, ella limpiaba.
Cerca de las cuatro empezamos a comer. Preparé arroz y pescado y nos sentamos a comer con la radio de fondo. Para sorpresa nuestra, una canción de sus chicos sonó en aquella emisora.
No comenté nada mientras mi compañera me miraba diciendo "sé que conoces la letra, antes o después tendrás que cantar". 
Finalmente terminamos la comida y mientras ella ordenaba toda la cocina yo me fui al salón a ver la televisión. Cerca de una hora después sonó el timbre.
Me acerqué a la puerta y abrí. Que raro, eran ellos.
Sonreí y saludé a ambos con dos besos. 
Avisé a mi amiga mientras ambos terminaban de entrar por la puerta.
-¡MARY! ¡TENEMOS VISITA!- reí sabiendo perfectamente lo que ocurría.
Se asomó por el hueco de la puerta, tenía las manos chorreando de agua enjabonada y un vaso de cristal en la mano, imagino que recién lavado.
Dirigió la mirada hacia nosotros cantando otra más de sus canciones. Esta vez "Roll Over Beethoven", si no recuerdo mal.
Ahí les vió. De nuevo, sus ídolos estaban entrando por la puerta de su propia casa.
Quedó petrificada. La miraba pícaramente disimulando la risa.
-Ay...- dijo para sí misma mientras dejaba caer el vaso cristalino al suelo y éste rompiéndose en mil pedazos.
Me llevé la palma de la mano a la frente y agaché la cabeza riendo.
-Oh, no... Ya empieza.- reí.



*Narra Mary*
Yo estaba fregando tranquilamente los platos cuando Ringo y George entraron por la puerta y, de repente, me quedé petrificada. ¿Qué hacían aquí? 
Cuando el vaso que tenía el mano cayó al suelo por mi empanamiento mental viendo a dos de los Beatles entrando por la puerta, hice un gesto de saludo con las manos que ahora tenía libres y me acto seguido me dispuse a recoger los cristales que ahora estaban esparcidos por el suelo mientras Beatrice les ofrecía a ellos que se sentaran en el sofá.
Cuando terminé de limpiar y de recoger los cristales, me dirigí hacia ellos y les expliqué que había tardado porque sin querer se me había caído un vaso que "se me resbaló".
Ringo se había sentado en un sofá con Beatrice y George en otro él solo. Me senté en el sitio libre que había.
-¿Cómo es que habéis venido a nuestra casa?.- reí y los miré.
-Pero qué pasa, ¿no se puede entrar en casas ajenas sin llamar antes?- preguntó haciéndome creer que no habían llamado para saber si podían venir o no.
Todos reímos y después de un breve silencio, George explicó que habían llamado y que Beatrice cogió el teléfono y les dijo que no habría problema en que vinieran porque estaríamos en casa.
-Pues ella no me ha comentado nada.- Miré a Beatrice echándole una sonrisa que decía "te mato".
-Quería darte una sorpresa...
Hubo otro silencio incómodo.
-¿Queréis tomar algo?- preguntó Beatrice mientras se levantaba haciendóme un gesto con la cabeza para que la acompañara a la cocina.
-Si no te importa, me gustaría tomar un té.- dijo Ringo.
-Claro, ahora lo preparamos. George, ¿tú también quieres?
-Sí, por favor.
Beatrice y yo fuimos a la cocina a preparar el té.
-¿POR QUÉ NO ME AVISASTE?- dije gritando en voz baja (sí, ya sé que es lo contrario pero seguro que vosotros también habéis gritado en voz baja alguna vez).
-¡Porque te habrías puesto a gritar y habrías preparado algo para cuando ellos llegaran! ¡¡Sabes perfectamente lo histérica que te pones con los Beatles!!
-Sí, pero si me hubieras avisado...-de repente sonó el teléfono y yo fui corriendo a ver quién era.
-¿Diga?
-¿Mary Kaufmann?
-Sí, ¿quién es?
-Verás, trabajo en London News con usted y con la señorita Beatrice Shepard y necesito que vayan a la sede del Congreso africano a cubrir una noticia. Es sobre el encarcelamiento de Nelson Mandela. Os estamos esperando, id cuanto antes posible. No olvidéis las cámaras.
-Pero es que ahora no podemos ir...tenemos visita...
-Se trata de vuestro trabajo. O vais o estáis despedidas. Vosotras decidís.
-En 15 minutos estamos allí.- colgué y fui corriendo a informar a Beatrice de lo ocurrido.
-Tenemos que ir a la sede del Congreso africano ya.
-Pero George y Ringo...
-A mi me da más coraje que a ti pero tenemos que ir.
-Vale, tú ve a decirles que se tienen que ir, yo voy a recoger esto.
Cuando llegué al salón pensé rápidamente en qué decirles. El resultado fue muy simple.
-Eh...chicos...lo siento mucho, pero nos ha surgido algo y nos tenemos que ir...
-¿Qué ha pasado?- preguntó George preocupado.
-Nos han llamado del trabajo, tenemos que ir a la sede del Congreso africano. Han condenado a cadena perpetua a Nelson Mandela y tenemos que ir a cubrir la noticia.
-¿Y tenéis prisa?
-Nos estamos jugando el trabajo así que sí...
-Nosotros os llevamos.- dijo Ringo poniéndose en pie y yendo directamente a la puerta.- Os esperamos en el coche. Tocaremos la bocina cuando os veamos salir para que sepáis dónde está el coche.
-Vale muchas gracias por vuestra ayuda. Voy a avisar a Beatrice.
Cogí, nuestras cámaras y nuestros abrigos y me aproximé a la cocina.
-Be vamos, George y Ringo nos llevarán.
Le di su camára y el abrigo y salimos por la puerta. Cuando escuchamos la bocina y, al girar la cabeza hacia la izquierda, los vimos montados en un coche agachados de forma que las fans que antes les habían complicado salir de su casa no los vieran.
Ringo nos hizo un gesto con la manos y nos subimos rápidamente.
Cuando llegamos a la sede pararon, bajamos del coche, hicimos las fotos y volvimos a montarnos. Nos volvieron a dejar en casa y nos despedimos.
Volvimos a entrar en casa, llamamos a la oficina y dijimos que al día siguiente dejaríamos allí las fotos. 
Mientras preparamos las fotos nos relajamos un poco hablando.
-Gracias a ellos no nos han despedido.- dijo Beatrice intentando dar conversación.
-Sí...¿son muy majos, a que sí?.- en ese momento una sonrisa se deslizó por mis mejillas y me di cuenta de que al acordarme de George se me quedaba una cara muy...pava digamos.
-Tengo que admitirlo.
Terminamos de preparar las fotos, cenamos sobras de otro día y nos fuimos a dormir.

viernes, 16 de agosto de 2013

Capítulo 4.

*Narra Beatrice*
-¿OTRA VEZ TÚ?- respondió George con los ojos abiertos como platos.
Yo apenas me había inmutado de que ya estábamos en la puerta de esos chicos y Mary ya se encontraba inmóvil.
Su cara parecía que desprendía arco iris de felicidad, sus ojos brillaban, y daba la sensación de que su sonrisa se había quedado sin más dientes que enseñar.
Estaba inmóvil delante de la puerta abierta con el chico de melena esperando una respuesta. Observé la escena disimulando la risa.
Esperé unos segundos más a ver si reaccionaba, pero nada.
La dí un disimulado codazo. En ese momento revolvió la cabeza y asintió.
-Sí, soy yo de nuevo, al parecer.- dijo riendo levemente mientras continuaba con esa enorme sonrisa tonta.
George aparentaba ser muy tímido, pues no sabía que hacer en ese momento. Se rascó la cabeza y nos dejó pasar.
Mary pasó delante mío y empezó a recorrer toda la casa con la mirada. Era bastante amplia, más que la nuestra.
Kaufmann empezó a hablar con el que, si no recuerdo mal, me dijo que era el guitarrista. Aunque apenas prestaba atención, pues sabía que su 'Beatlemanía' (como ella lo solía llamar) provocaría que dijese alguna tontería.
Mientras nos dirigíamos al salón otro chico salió de la cocina.
Por eliminación aquel hombre debía ser Ringo Starr, 'el famoso batería de los Beatles'.
En cuanto nos vio, saludó y se acercó a darnos dos besos a ambas. En cuanto se dispuso a saludarla a ella solo pensaba; "Mary, controla, por favor."
Y para mi suerte, en los pocos minutos que llevaríamos allí se estaba comportando mucho mejor de lo que podía imaginar.
Nos sentamos en los sofás del salón, mientras mi compañera no paraba de hablar emocionada yo seguía ojeando la casa. Había dos guitarras por allí, nos os voy a engañar, me llamaron la atención pues eran muy bonitas, pero sin más, aparte de un par de baquetas colocadas sobre la mesa.
Yo seguía sin prestar mucha atención a su conversación a la cual Starkey se unió.
Al fin encontré algo con lo que pasar allí el rato, les pregunté si me podía acercar a una pequeña estantería que había contra una de las paredes de la sala, y ellos no pusieron problema.
Para variar, me dirigí a donde se encontraba una colección de vinilos, quería saber qué escuchaban aquellos hombres y así conseguir torturar a Mary de alguna manera si encontraba algo de Buddy Holly.
Pasé bastante tiempo ojeando aquellos discos y encontré bastantes artistas; Bob Dylan, Elvis Presley, Gene Vincent alguna banda sonora de varias películas y demás, pero me llamó mucho la atención fue que tuvieran uno de Little Richard. Sonreí al instante y lo cogí, en ese momento interrumpí su conversación.
-¿Ves?- dije mirando a Mary mientras señalaba la carátula.- Esto es buen Rock&Roll y no lo que escuchas tú. MÚSICA.- resalté riendo.
En ese momento Ringo me miró extrañado.
-¿Quieres decir que nosotros no hacemos música?
-Sí, pero no gran Rock&Roll.- reí levemente.
Él se encogió de hombros y sonrió.
-Claro, es que nuestro estilo es 'Beat'.
-BEAT-LES.- interrumpió mi amiga.
La miré al instante, en ese momento se echó para atrás en el sofá.
-Ya me callo... -dijo riendo.
Ringo siguió informándome de cual era su 'verdadero estilo', que no pretendían hacer Rock&Roll puro y demás, mientras la señorita Kaufmann seguía en una nube hablando con George.



*Narra Mary*
No paraba de decirme para mí  <<Estoy hablando con George Harrison, mantén la calma>> y creo que ese era uno de los motivos por los cuales me estaba "portando tan bien".
Cuando entré en la casa estaba demasiado nerviosa como para hablar pero, con el paso del tiempo, fueron surgiendo temas de conversación con George.
Los sofás estaban uno enfrente del otro y yo estaba sentada al lado de Beatrice con George delante de mí en el sofá opuesto. Los primeros minutos de la visita él y yo los pasamos en silencio pero hubo un momento a partir del cual no pudimos parar de hablar el uno con el otro.
-¿Y qué tal Paul y John? - al decir eso, George se sorprendió de escucharme intentar iniciar una conversación con él.
-Bien...están bien...la semana que viene se pasarán por aquí.
Asentí con la cabeza sin saber qué más decir.
-Bueno y....¿cómo te llamas?
-Mary, Mary Kaufmann.
-¿Kaufmann? ¿Eres de Alemania? - se sorprendió, seguramente porque no tenía acento.
-Sí, nací y me crié allí pero cuando me quedé huérfana tuve que venir a Londres para poder estudiar fotografía.
George dejó de apoyar su espalda contra el respaldo del sofá y se inclinó hacia delante poniendo sus manos en las rodillas y dando a entender que le interesaba lo que le estaba contando.
-Vaya, ¿eres huérfana? Lo siento mucho...
-No, no te preocupes. - me quedé mirando sus manos y pensando si sería muy raro poner las mías sobre las suyas para que no se preocupara. Opté por no hacerlo. 
- No es culpa tuya - sonreí y, acto seguido, él también.
Nos estuvimos mirando unos instantes hasta que, por fin, él rompió ese momento que de..."bonito" había pasado a incómodo.
-Y qué...¿qué pasó?
-Mi madre murió cuando yo nací y mi padre hace 2 años de cáncer.
Asintió e intentó cambiar tema.
-Eres Beatlemaníaca, ¿no? - dije que sí con la cabeza - Bien pues dime quién es tu beatle favorito y te cuento trapos sucios. Porque supongo que tendrás algún favorito.
-Pues la verdad es que sí... - me sonrojé - Eres tú.
De repente, Beatrice irrumpió en el salón con un LP de Little Richard y diciendo que eso era "buen Rock&Roll. Le tuve que resaltar la palabra "Beat" que está dentro de los Beatles y después siguió hablando con Ringo. 
-Vaya, es extraño que tu favorito no sea ni Paul ni John.
-Lo sé. Venga, cuéntame trapos sucios. - reí al ver lo serio que se quedó.
-Vaya, qué casualidad, ya va siendo hora de irse. - se levantó del sofá y vi como sostenía una sonrisa al girarse.
Empezamos a despedirnos y justo al salir por la puerta escuché la voz de George.
-BEATRICE, ¿TE IMPORTARÍA VENIR UN MOMENTO? ¡TENGO QUE HABLAR CONTIGO!



*Narra Beatrice* 
Me extrañó bastante que George quisiera hablar conmigo, yo seguía hablando con el batería de cual era y cual no el estilo de su grupo, pero acabé despidiéndome de Ringo y me acerqué a la cocina, donde estaba George, mienteas Mary se despedía del otro Beatle.
 -¿Qué pasa?- le pregunté extrañada. 
Mostró interés. 
-¿De veras es ella Beatlemaníaca?
 -Ammm... sí. -respondí indiferente.- Tengo que soportar 24 horas vuestra música gracias a ella, claro que es Beatlemaníaca, ¿por? 
En ese momento puso cara de sorpresa y empezó a explicar su sorpresa haciendo gestos exagerados con manos y brazos. 
-Normalmente nuestras fans gritan, corren e intentan arrancarnos la ropa. Tu amiga es... pacífica.- rió levemente. 
A continuación me encogí de hombros sin saber que decir, reí levemente recordando como fue la reacción de Mary cuando le dije que George Harrison me había dado un cigarro. El chico prosiguió; 
-El caso es que parece buena chica, así que, tú y ella podéis venir cuando queráis que no será problema.- sonrió. Sonreí y asentí dándole las gracias y me dispuse a la salida. Ya por fin fuera, Mary tardó poco en preguntar. 
-¿Qué te ha dicho? ¿Te ha preguntado por mí? ¿Qué le he parecido? Beatrice, Beatrice, Beatrice. -preguntaba a una velocidad espantosa mientras me zarandeaba insistente del brazo. 
-Nada Mary, nada.- improvisé.- Solo me pidió por favor que aunque trabajemos en un periódico no digamos nada de ellos, o la prensa les acosará.- Caminé rápida a casa, solía notárseme mucho cuando mentía en la expresión de la cara, y no quería que mi compañera supiese la verdad, o se le saldría el corazón en ese momento. Y en mitad de la calle no, gracias. Seguía preguntándome que le había parecido al señor Harrison, y yo seguía disimulando que no habíamos hablado de ella. Hasta que por fin, se lo creyó. Esperaría para más adelante a darle alguna sorpresa y que sepa que realmente le cayó bien. 



*Narra Mary* 
Por el camino debo admitir que quizá estuve un poco pesada preguntándole a Beatrice qué le había dicho George pero, finalmente, llegué a la conclusión de que simplemente le había dicho que no le contáramos a nadie nada de ellos.
Cuando llegamos a casa ya era por la noche y nos duchamos, preparamos la cena y nos sentamos en la mesa a comer.
-¿Qué te han parecido?- le pregunté para no quedarnos el resto de la cena en silencio.
-Bien, son majos. Tú has estado todo el rato hablando con George, eh. - rió.
-Sí. - suspiré y sonreí- y tú con Ringo.
-Yo he estado hablando sólo y exclusivamente de música.
-Yo de un poco de todo con George...
No hablamos mucho más y después de recoger la mesa, nos lavamos los dientes y nos dispusimos a acostarnos.
-Beatrice...
-¿Qué?
-¿Cuándo volveremos a verlos? - le pregunté con una cara que decía "por favoooor, ten compasióóóóóóóón".
-No lo sé Mary...no lo sé...
-Jo, yo necesito conocer a los otros dos.
-Yo no sé quiénes son los otros dos. - rió.
-Bueno, da igual, buenas noches. - dije.
-Buenas noches.

jueves, 8 de agosto de 2013

Capítulo 3.

*Narra Beatrice.*
Mary seguía en el mismo estado de agitación. Era desesperante, me cruzaba con ella en alguna habitación de la casa, sonreía y mostraba una gran sonrisa.
"¡AAAAH! Voy a conocer a dos de cuatro Beatles." decía entre pequeños gritos y saltos.
Yo suspiraba y seguía a lo mío, porque en parte era comprensible.
Aunque llegó un momento en el que mi paciencia terminó.
-Que sí, Mary. Lo sé, les vas a conocer. CALLA YA.- dije zarandeándola de los hombros.
Me miró a los ojos, con la voz temblorosa dijo;
-Sí, Beatrice. Pero sigo sin creérmelo, que son los Beatles, joder.
Cada vez que pronunciaba esas palabras parecía que se quedaba sin aliento. Puse los ojos en blanco.
-Lo dices una vez más y estás castigada. Suficiente que lo hago después de romperme el vinilo de Buddy Holly.
-Es que son los Be...
La interrumpí con una mirada asesina, cogió aire y colocó la palma de su mano sobre la boca para callarse a si misma.
"¡Por fin!" pensé.
Comimos, la hora de la comida pasó muy lenta. Ella estaba continuamente callada, temería volver a decir lo mismo que repitió las cien veces anteriores y quedarse sin 'Fab Four', aunque en este caso, 'Fab Two'.
Aquella tarde no tenía ganas de nada. Me tumbé en mi cama mirando al techo y rápidamente caí dormida.
Poco tardó la señorita Kaufmann en entrar recordándome su impaciencia.
-¡Vamos! ¡Tienes que ir a verles!- gritó mientras me presionaba el brazo cuando yo aún no podía apenas abrir los ojos por completo.
Con la voz dormida la respondí lo primero que pensé.
-Voy mañana por la mañana, y ya de paso me acerco a comprar chocolate al mercado, que estoy de luto por mi vinilo.- reí como pude.
Ella continuó tirándome del brazo.
-Vamos, me lo prometiste.- puso carita de pena.
-Yo no prometí nada, dije que iría pero puede ser mañana, ¿no?
Resopló y acabó cediendo.
A lo tonto se nos ocurrió un buen sitio donde pasar lo que quedaba de tarde.
Cerca de nuestra vivienda había una pequeña charca, que a la hora del anochecer era realmente hermosa.
Con cámara en mano nos dirigimos allí.
Salimos de casa, con las dos cámaras colgadas del cuello y unos cuantos carretes de repuesto.
En cuanto pasamos la puerta Mary miró automáticamente en la dirección de la casa de los chicos, pero para mi suerte nuestro destino estaba en la otra dirección.
Eran cerca de las seis y media de la tarde, llegamos allí y el Sol comenzaba a ponerse.
Nada más empezar a entrar ambas empezamos a capturar todo.
Fotos aquí, fotos allá, fotos en todos lados.
Lo que adoraba de esa charca es que a esas horas se juntaban allí libélulas, desgraciadamente unos cuantos mosquitos, mariposas, ranas, sapos y demás.
Además con el tono amarillento del atardecer era un paraíso.
Mary y yo teníamos en mente montar una pequeña galería de arte para sacarnos algún dinero de más. Aunque por suerte ya trabajábamos como fotógrafas en una sección del periódico.
Fuimos a casa cuando ya anocheció, no nos gustaban las fotos con flash excesivamente, por lo que no malgastaríamos carrete.
La noche fue rutinaria. Cenamos y rápido fuimos a dormir.
A la mañana siguiente tenía preparada una pequeña sorpresa.  Me desperté más temprano de lo normal. Ella solía quedarse hasta tarde leyendo, o escuchando música o algo, por lo que no la esperaría despierta hasta la una aproximadamente.
A las diez de la mañana abrían las tiendas. Salí rápido, cogí ambas cámaras y lo llevé a revelar.
Estuve allí cerca de media hora explicándola a la dependienta como las quería, hasta que por fin me entendió.
Después fui a comprar unas cuantas cosas más. La tienda de fotografía era revelado rápido, pero tendría una hora para hacer lo demás.
Finalmente, me dirigí a la casa de los dos Beatles, llamé y me contestó el otro. Si no recuerdo mal ese sería Richard Starkey, o Ringo Starr.
Tenía la cara y la voz dormida, se frotó los ojos y me miró.
-Hola, eh... Verás- me rasqué la cabeza nerviosa- mi compañera de piso es gran admiradora vuestra, y el otro día casualmente yo me encontré a George Harrison recogiendo el correo. ¿Sería mucha molestia que ella se pasase por aquí para conoceros? La haría realmente feliz.
El chico todavía adormilado sonrió y me dijo que no había ningún problema, por lo que regresé a lo demás.
Ya se habían hecho las doce, tenía que darme prisa.
Con las fotos reveladas entré en casa rápidamente. Las pegué todas, una a una por toda la casa., un tanto separadas.
Si era lo suficiente lista, que creo que sí, se daría cuenta de que un cúmulo de fotos la llevarían al salón.
A la una, como yo dije, despertó. Según salió se quedó petrificada y fue avanzando poco a poco observando todas y cada una de las fotos, hasta que llegó al salón. Yo estaba cerrada en mi habitación esperando en momento en el que se diese cuenta.
Al cabo de unos cinco minutos entró bruscamente.
-¿¡TU ZOOM ÓPTICO!?- me miraba boquiabierta.
-Sí, a mí ya no me servía de nada con la nueva cámara, así que todo tuyo.
Sonrió enormemente y corrió a por su cámara a colocarlo y de nuevo, hacer más fotos.
Olvidó por completo a los Beatles durante todo el día, apenas me preguntó por Harrison y Starr, cuando realmente podía ir a verlos.
Esa noche fui yo la que se quedó hasta tarde, y ella durmió pronto, pues se pasó el día de aquí para allá haciendo fotos.
Cuando me desperté a la mañana siguiente no estaba en casa, empecé a prepararme el desayuno y ahí, entró con la respiración acelerada.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!




*Narra Mary*

Acababa de volver a casa después de haber ido al kiosco y al llegar allí me ocurrió algo que ni yo me podía creer a pesar de haberlo vivido.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!
Beatrice estaba en la cocina, preparándose unas tostadas para desayunar. Cuando yo entré, ella dio un respingo y una de las tostadas salió volando cayendo así en uno de mis zapatos.
-MARY MALDITA SEA, AVISA AL ENTRAR A CASA, CASI ME DA UN INFARTO.
No pude contener la risa a su cara de susto y estuve un buen rato intentando contarle lo que había pasado, pero no podía parar de reírme.
Al cabo de un rato me calmé y se lo pude contar mientras ella desayunaba en la mesa del salón.
-He ido al kiosco para comprar el periódico y mirar si había alguna revista que me interesara. Cuando llegué, cogí el periódico, vi una revista cualquiera de Rock & Roll y, cuando me agaché a cogerla, otra persona también se había fijado en ella y dio la casualidad de que nos agachamos a cogerla a la vez. Me giré y adivina quién era.
-Geor...
-GEORGE HARRISON. - Ahí también hice que diera un pequeño respingo.
-Vaya, ¿y qué hiciste? - A partir de ese momento de la conversación fue ella la que no pudo contener la risa al imaginarse a su compañera de piso gritando por dentro pero teniendo que mantener la compostura delante de un Beatle.
-Nuestras manos se rozaron, nos quedamos mirándonos (tengo que decir que sus colmillitos son adorables) y me cedió la revista como todo un caballero. - Por la forma en la que me miró Beatrice cuando dije eso, averigüé que me acababa de poner roja como un tomate. - Luego fui hacia la cola y me dejó pasar primero. Pagué y mientras me alejaba hacia casa, lo escuché preguntar el precio con su peculiar acento.
-¿Y no le dijiste nada?
-¿Qué le iba a decir? 
-Tienes razón... Oye pues reaccionaste de una forma muy...madura. - Eso ya lo dijo con duda, aunque hasta yo me sorprendí de como reaccioné en aquella situación.
El resto de la mañana lo pasé leyendo la revista que acababa de comprar. 
Llegó la hora de la comida y, mientras almorzábamos, le pregunté si había ido a hablar con Ringo y George. Ella me dijo que, si me apetecía, podíamos ir esa misma tarde porque, el día anterior, ya había ido a hablar con ellos. Os podéis imaginar mi reacción...
Cuando terminamos de comer, nos vestimos para ir a la calle, nos peinamos, nos lavamos los dientes, Beatrice se maquilló y salimos a la calle en dirección a casa de Richard y George.
Cuando llegamos, llamé al timbre, y George abrió la puerta.
-¿OTRA VEZ TÚ?

domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 2.

*Narra Beatrice*
Me desperté ese día, y para mi sorpresa Mary tenía puesto uno de sus vinilos a todo volumen. The Beatles desde primera hora de la mañana. Salí de la habitación furiosa.
-¿¡QUIERES BAJAR ESO!?- grité.
Me miró asesinamente y me ignoró mientras seguía a lo suyo saltando de un lado para otro a ritmo de la música.
Solté aire enfadada y de nuevo me encerré en mi habitación. Por desgracia solo teníamos un tocadiscos, y mientras ella tenía puesto a esos cuatro hombres, yo no podía poner nada mejor como Little Richard o Elvis Presley.
Era la mayor de la casa, debería de tener mis derechos, ¿no?
Pero eso no era lo único, lo peor era eso de que fueras donde fueras los tenías allí.
Lo Beatles eran el 'BOOM', no podía escapar de ellos ni fuera de casa. Así que miré mi estantería, ahí estaban todos mis vinilos con una pequeña capa de polvo, sin usar desde hace días porque la señorita Kaufmann no dejaba poner otra cosa que no fueran sus adoroados 'Cuatro Fabulosos'.
Fui decidida, soplé la capa de polvo y cogí Buddy Holly, "That'll Be the Day".
Abrí la puerta, la miré y lo hice sin pensar.
Levanté la aguja del tocadiscos, la música dejo de sonar al instante.
-¿Qué te crees que haces?- me dijo agresiva.
-Poner buen Rock&Roll y no tonterías de las tuyas.
Quité el disco del plato, me disponía a sacar mi vinilo cuando ella lo cogió paralelamente a mí.
-Pienso volver a poner los Beatles...
-No creo que puedas.
Seguí resistiéndome, hasta que no se que maniobra hizo pero mi vinilo cayó al suelo.
De canto.
Se agrietó.
Roto.
Lo miré paralizada, cerré los puños y me dirigí a Mary.
-¿¡Has roto mi vinilo de Buddy Holly!? ¿¡HAS ROTO MI VINILO DE CHARLES HARDIN HOLLEY!?
Me miró sin saber qué decir y soltó un simple 'ups...' escondiendo la cabeza entre los hombros.
Recogí el vinilo con la funda y lo tiré sin ganas sobre el sofa.
No dije nada más y salí furiosa de casa dando un gran portazo en la puerta. Espero que ella no tuviera la valentía de poner de nuevo Beatles después de aquello.
Salí a la calle, no resplandecía el sol, estaba ligeramente nublado. Pero lo suficientemente bueno como para no necesitar chaqueta. Me la había dejado dentro de casa, y volver no era lo más indicado. A lo mejor le partía la cara a mi compañera en algún ataque de rabia.
Para sorpresa mía, con la chaqueta estaba el tabaco. Y eso sí que lo necesitaba.
Necesitaba un asqueroso cigarro para intentar relajarme, o no pensar en ello al menos.
Fui andando sin rumbo por el barrio. Iba mirando al suelo intentando quitar de mi mente esas ganas de matarla entre terribles sufrimientos.
Finalmente, con toda mi furia y mis ganas de fumar me crucé con un chico, estaba recogiendo las cartas del buzón que se encontraba a las afueras de su casa.
LLevaba el pelo un tanto largo, aunque en esa época ya era más costumbre que unos pocos años atrás. Camisa blanca un poco desabrochada por el cuello y un pantalón azul vaquero.
Me acerqué sin más.
-Mhhh... Hola, perdone, ¿no tendrá un cigarro?
Levantó la mirada y me miró, en ese momento su cara me resultó familiar. No recordaba de qué, pero la había visto antes.
Igualmente, los nombres los había oído antes. En el buzón ponía "George Harrison y Richard Starkey".
Sonrío, sacó una cajetilla de Malboro y me dió un cigarro. También sacó un mechero y me ofreció fuego. Sin apenas decir nada excepto un 'de nada' después de mis agradecimientos entró rapidamente en casa.
Di una pequeña vuelta mientras me fumaba el cigarro, tomé un poco de aire y regresé a casa.
Mary, por suerte, no puso de nuevo uno de sus cuatro discos de los Beatles.
Unicamente tenía las carátulas sobre la mesa.
Lo miré extrañada. De nuevo esa cara me resultaba familiar.
La miré extrañada y pregunté con normalidad.
-Oye Mary, ¿a tí te suena un tal Harrison?
Abrió los ojos como platos, se levantó del sofá de un saltó y me preguntó rápidamente.
-SÍ, CLARO. ¿QUÉ PASA?
-Ah, nada... Es que no sé si él o... Richard Starkey, me ha dado un cigarro.- sonreí y me encogí de hombros.



*Narra Mary*

-¿¡QUE HA PASADO QUÉÉÉÉÉÉÉÉ!?
-Mary, cálmate, te lo explicaré todo pero ¡siéntate!
-¿¡Cómo quieres que me calme!? ¡Acabas de hablar y de... interactuar con uno de mis ídolos!
-Está bien te lo contaré pero si te da un infarto no me eches la culpa.
-Vale cuéntamelo.
Decidí sentarme para que ella me contara lo que acababa de pasar porque era muy raro que Beatrice de verdad pensara que me podía dar infarto.
Ambas nos sentamos en el sofá del salón, al lado de la televisión, y empezó a contarme lo sucedido.
-Me viste salir del apartamento enfadada, ¿verdad? - Empezó a decir.
-Sí. Pero ¿adónde fuiste?, ¿qué pasó?
-Cállate y sólo contesta a mis preguntas.
-Vale, me portaré bien... - dije con carita de pena.
-Tú sabes que fumo, bueno, pues se me antojó un cigarrillo para relajarme pero como dejé la chaqueta aquí no llevaba encima y tenía que pedírselo a alguien. Al bajar por la calle, fuera de una de las casas, vi a un chico que estaba sacando las cartas de un buzón en el que estaba escrito "George Harrison y Richard Starkey" y se lo pedí y él, de forma muy amable, me dió uno.
Yo estaba en estado de shock, no me podía creer que mi mejor amiga hubiera conocido a un Beatle. Yo siempre me siento mal porque fume porque sé que no es bueno para la salud pero en ese momento no sabía si entristecerme o llorar de alegría. Opté por algo diferente, me puse a dar saltos como una loca dando... grititos.
Al cabo de un rato de un rato me calmé.
-¿Te acuerdas de su cara?
-Sí, claro.
Cogí de la mesa mis vinilos y le puse delante la caratula de "With the Beatles" para que me señalara al Beatle al que, sin saberlo, acababa de conocer.
Tuvo la puntería de señalar justamente a mi Beatle favorito; George Harold Harrison.
-Enhorabuena Beatrice, acabas de conocer a mi Beatle favorito.
-No te enfades, tengo una idea.
-No me enfado, es que yo quiero conocerlos...
-De acuerdo pues podemos ir adonde viven, quedarnos con su dirección y ya, otro día, si te portas bien, vayamos a saludarlos. Te acompañaré porque sin mí la liarás.
-¿De verdad harías eso por mí?
-No te pongas ñoña, ya es tarde, bajemos rápidamente y ya mañana veremos lo que hacemos.
Después de estar andando un rato, llegamos a su casa y nos quedamos en nuestra cabeza con la dirección.
-¡Aquí viven!
-No me lo puedo creer.
-¿El qué?
-PUES QUE VAMOS A CONOCERLOS, ¿¡QUÉ VA A SER SI NO!?
-Vayamos ya a casa, anda
A la mañana siguiente, Beatrice me despertó más temprano de lo normal:
-Mary, despierta.
-Mamá déjame cinco minutos más...
-Mary voy a ir a hablar con George y Richard.
Me levanté de la cama de un brinco y me quedé mirando a Beatrice fijamente.
-¿¡Y qué les vas a decir!? ¿¡Puedo ir yo también!?
-Voy a ir YO SOLA a preguntarles, con tranquilidad, si les importaría que algún día nos pasásemos por allí para saludarlos.
-¿Pero por qué no puedo ir yo...?
-Porque te pondrás histérica y porque no tendría sentido preguntarles habiendo estado ya allí preguntándoles.
-Está bien, me quedaré aquí. Pero no tardes mucho.
-Descuida. Dentro de un rato iré.