domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 7.

*Narra Beatrice*
Me desperté a la mañana siguiente con la poca luz que entraba por la ventana, aunque había dormido pocas horas había podido conciliar el sueño y la cabeza me daba martillazos. Así que cada pequeña luz quemaba mi retina como si sufriera una horrible resaca.
El remordimiento provocaba que pasase otra noche prácticamente en vela, dando vueltas entre las sábanas comiéndome la cabeza como un adolescente. Había pagado con Mary algo que ella no era culpable, para nada culpable. Yo era la responsable de mis actos y mis instintos, seguía sin explicarme por qué tuve que justificarlo de aquella manera. No me atrevía a abrir la puerta de mi dormitorio y salir de aquella habitación. Seguramente al otro lado estuviese mi compañera. Tendría que agachar la cabeza, tragar saliva y tragarme el orgullo. Otra vez el orgullo. ¿Tan difícil era pedir perdón? 
Sí, parece que sí, para mi resultaba una tarea casi imposible. Pocas veces me disculpaba seriamente, y cuando lo hacía era por motivos extremos. Nunca supe pedir perdón, solía dejar que las cosas pasaran hasta que se olvidara el enfado y todo transcurriese con normalidad. 
Ahora era distinto porque tendría que verla, sí o sí. No había vuelta atrás, no podía huir por la ventana como si hubiese discutido con mi madre y esperar unas horas como si nada hubiese ocurrido.
Suspiré con las manos entrelazadas detrás de la nuca. Me apeé de la cama de un pequeño salto y abrí la habitación.
Se me hizo un nudo en el estómago. Ahí me di cuenta, no sólo preguntaría por mi descaro de anoche, si no también por John. Oh, eso era lo que menos quería recordar es ese momento. Tampoco tendría respuestas lógicas para un "¿por qué?". Ni yo misma lo sabía, como para dar explicaciones. 
Cerré los ojos y conté hasta tres. Avancé varios pasos a ciegas por el salón hasta llegar a la mitad de la sala.
-¿Be?- su voz parecía tímida y débil. Me hizo detenerme y abrir los ojos. 
-Am... Buenos días -titubeé-, he dormido mal, no tengo muchas ganas de nada. Voy a... -señalé con el índice la puerta de la cocina intentando disimular los repentinos nervios, sin terminar la frase. Solté aire y continué por el pasillo hasta la cocina.
Mis tripas soltaron un rugido, pero al nudo de mi garganta no le pasaría ni un gramo de comida. Iba descalza y el suelo estaba frío, tuve que avanzar rápidamente hasta el fregadero para refrescarme un poco la cara. Inglaterra sería fría, pero por esas fechas empezaban a notarse ligeros días de calor.
Cogí un bol de la estantería, leche y cereales. Si iba a desayunar en el salón tendría algo con lo que distraerme en presencia de Marie.
Dejé caer una cuchara dentro haciendo que saltasen pequeñas gotas de leche fría y fui al salón.
Me senté a su lado sin añadir ninguna palabra a mirar la televisión, como estaba haciendo ella en un principio. Me miró de soslayo y soltó aire con tono melancólico.
Tragué una cucharada de cereales empapados en leche y arqueé las cejas.
-Imagino que querrás explicaciones, ¿no?
Giró levemente la cabeza hacia mí y agachó la mirada.
-No, no digas nada si no quieres. Sólo que...
-¿Sólo qué...?- dirigí la mirada hacia ella extrañada, pidiendo que continúe.
Soltó aire de nuevo y se dejó caer sobre el respaldo del sofá.
-Creo que nunca entenderé tus ataques de rabia y orgullo.
Me encogí de hombros y torcí los labios meditando unos segundos la respuesta.
-Sabes cómo soy, sabes las muchas veces que intento cambiar ese defecto. Y sabes lo mucho que me cuesta. Sabes que aunque no te pida perdón diecinueve de cada veinte veces realmente lo siento.
Negó con la cabeza.
-No, si es igual. De verdad, llevamos muchos años juntas. No voy a enfadarme por algo así. Pero...
Resoplé, ya empezábamos con los "peros".
Clavé la vista en ella demostrando mi impaciencia para que completase la frase. Soltó una risa graciosa y se giró hacia mí quedando sentada a horcajadas en el sofá.
-Explícame que fue lo que pasó con John, porque yo no sabía eso de ti.
Resoplé levantándome el flequillo perezosamente. 
-Am, sí, verás. Ni yo sé que pasó, así que ni preguntes.
Se pasó el dedo pulgar por los labios pensativa.
-Hummm... ¿entonces te dejaste llevar?
Asentí sin saber que esperaba deducir con aquello.
-Entonces te gusta.- añadió completamente seria. Casi me atraganto con los cereales.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Oh, vamos. Si lo hiciste sin pensar fue porque lo hiciste por instinto. Y el instinto solo actúa por placer o interés.- puso mirada pícara. Una mirada que me incomodó y me hizo sonrojar.
-Bueno, yo...- me mordí el labio inferior. Vamos Beatrice, responde que te pareció tremendamente atractivo en algún momento. Dilo, trágate ya tu puto orgullo.
Sonó el sonido metálico del teléfono que me despertó de mis pensamientos. Miré curiosa a mi amiga. No esperábamos ninguna llamada, tampoco teníamos ningún reportaje pendiente en el periódico, por lo que a ambas nos sorprendió.
Dejé el desayuno sobre la pequeña mesa del salón y pegué un salto hasta el teléfono.
-¿Sí...?
-Hola, soy...- reconocí la voz y automáticamente colgué. Era él, era su voz. Oh, vamos, tenía que ser una broma. ¿Dónde está la cámara oculta?
-¿Quién es?- dijo Mary asustada por la rapidez con la que interrumpí la llamada.
-Nadie, no es nad..- volvió a sonar el teléfono. Descolgué con la misma rapidez con la que colgué antes- ¿Qué quieres?
-Oh, veo que vas a intentar esquivarme después de lo de ayer.- dijo con una voz traviesa.
-John, al grano.- oí un suspiro de sorpresa de mi compañera después de haberle nombrado.
-Eh, quieta, fiera, fuiste tú la que intentó besarme.- resoplé de manera violenta, por fin conseguí que dijera lo que realmente nos iba a interesar- Verás, George y Ringo nos han comentado que una chica os ha estado chantajeando con fotos nuestras, ¿cierto?
-Vuestras no, Ringo Starr y George Harrison. Sólo.- respondí con la misma sequedad, no quería tener nada que ver con él, aunque sentí un cosquilleo en el estómago cuando supe que era él. Un hormigueo que tampoco me explicaba.
-Bueno, el caso, que ignoréis a todos esos paparazzi, muchas veces sólo manipulan. Estad tranquilas.
-John, tenía fotos.- suspiré pesadamente. Él añadió un pequeño "oh" intentando encontrar una respuesta. Acabó soltando una leve risa.
-Entonces venid y lo hablamos. Tranquila, yo también te quiero ver, cariño.- dijo riendo.
-Aggh, John, por favor, seriedad. Mary y yo nos estamos jugando el puesto eh, gracias.
-¿Qué? ¿Cómo?
-No sé John, sois las celebridades más queridas en la actualidad. Cualquier detalle sobre vuestra vida privada hará que mil y un periódicos y revistas se arranquen los pelos por conseguir la exclusiva. Si alguien descubre que tenemos relación con vosotros, trabajando en un periódico, nos estamos jugando el pellejo.
-Oh, sí... El precio de la fama. Ya sabes.
-Sí, no sé cómo lo hacéis pero todo el mundo os quiere.- añadí.
-Mmmh... ¿Tú también?- imaginé cómo guiñaba un ojo al otro lado de la línea.
-¡Jooohn!- reí, no quería ser desagradable. En el fondo él, o ellos se estaban preocupando por nosotras. Sentí como el cosquilleo en el estómago iba en aumento.
-Sólo digo lo que tú dices, no puedes culparme de nada.- rió
Me mordí en labio, es cierto que era lo que había dicho pero lo estaba utilizando en mi contra y eso no me gustaba nada.
-Bueno, si tal se lo comento ahora a ella, vosotros quedaros allí si no tenéis nada mejor que hacer. Si vamos no tardaremos más de una hora. Así que esperad.
-Cómo quieras, preciosa.
Volví a resoplar para mí misma y no añadí nada más a aquello.
-Hasta luego, John.- reí.
-Bye.- colgó antes que yo.
Me giré hacia ella y suspiré. Le expliqué todo un poco por encima, ella asintió, no dudaba que se negase a ver a los chicos por los que perdía los nervios siempre que sonaban en la radio.
Nos preparamos cada una. Nos vestimos, yo me maquillé un poco y nos dispusimos a salir.
-Mmmh... ¿puedo preguntar por qué te maquillas?- puso mirada pícara, otra vez.
Fingí un leve llanto. Creo que acabaría harta de Lennon como todo siguiese así.
-No, querida Mary, sabes que siempre me maquillo. No sé por qué cambiar de motivo ahora.- dije segura de ello. Aunque no lo tenía del todo claro.
-Sí, claro, ya veremos. Dame unas semanas. Verás como tengo razón. Ese hombre no se rinde fácilmente, eh.- me guiñó un ojo.
-Que sí, lo que tú digas, amor mío.- reí. Me colgué un bolso al brazo y abrí la puerta.
Pretendía salir con total normalidad pero alguien interrumpió mi paso. Abrí la puerta completamente con rabia.
-¿Qué coño quieres?- fruncí el ceño enfadada. Era la misma chica del día anterior. La de las fotos, y esta vez llevaba nuevas. El miedo me hizo tragar saliva. ¿Tendría alguna de John? Por favor, no.
-Uh, ¿y lo dices tú, señora Lennon?
"¡Mierda, mierda, mierda!" me repetí dentro de mí. Mary se tapó la boca sorprendida y aquella chica puso una sonrisa atrevida de superioridad. Apreté los puños para espetarle cualquier cosa en la cara.
-¿Y bien?- conseguí añadir.
-Lo primero, tú me vas a dejar pista libre para John Lennon.- continuaba con ese tono de superioridad que me estaba sacando de mis casillas.
-Primero; yo no tengo nada con John Lennon. Segundo; ¿por qué tendría que dejarte pista libre?- soltó una carcajada sarcástica y sacó una fotografía en la que me encontraba muy cerca de él.
-Simplemente, me lo quiero tirar.- su voz sonaba convencida.
-¿¡Qué!?- recorrí su cuerpo con la mirada. Era mona, y tenía buen cuerpo. Definitivamente podría conseguir perfectamente a John y a cualquiera que se propusiese. Lo que me asustó fueron los celos que sentí. ¿Celos, yo, por qué?
-Sí, exactamente eso es lo que quiero. Tirármelo. Ya sabes, lo que tus padres hicieron para traerte al mundo.
-Tranquila, no es la primera vez que oigo la palabra "follar" en mi vida. No te preocupes.- respondí completamente furiosa.
-Guarda las garras, eres tú la que sale perdiendo si estas fotos salen a la luz.- Marie permanecía observando sin añadir palabra hasta que se dirigió hacia ella.- Ah, tranquila, también tengo fotos comprometidas tuyas.- forzó una gran sonrisa dejando a relucir sus blancos y perfectos dientes no comunes entre los ingleses.
-Repito, ¿qué cojones quieres? No me ando con rodeos.
-Ya te lo he dicho, consigue que John se acueste conmigo.
-¡No vas a acostarte con John Lennon!- grité. Me estaba hirviendo la sangre de manera sobrehumana.



*Narra Mary*
Desde la anterior noche notaba muy rara a Beatrice y no cabe duda de que la culpa la tenía el señor John Lennon. Para colmo, noté los celos en sus gritos diciéndole a la (y permitidme la palabra) zorra de la periodista que no se acostaría con él. En efecto señores, Beatrice Shepard se había enamorado de un Beatle.
Me acerqué hacia ambas temiendo que Be hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse más tarde y le di un golpe en la espalda para que supiera que estaba detrás de ella no fuera a ser que al levantar el puño que ya estaba preparando me diera a mí.
-Y... ¿qué se supone que tengo yo con George? - dije intentando dejar el tema de Lennon un poco aparte.
-No finjas, tengo las fotos. Eso sí, no pienso sacarlas. No me arriesgaré a que pase lo mismo que al otra vez. - Gruñí.
Me aparté un poco de ellas y desde lejos hice un gesto con la cabeza a Beatrice para que se acercara y empezamos a hablar en susurros.
-Tengo un plan.
-¿Sí? ¿Qué pretendes hacer con esa...? Con esa.
Le conté mi plan y nos dispusimos a llevarlo a cabo. Nos acercamos a ella otra vez.
-Demos un paseo para hablarlo tranquilamente... - dijo Beatrice a la periodista para entretenerla mientras yo me adelantaba por un camino alternativo a la casa de Ringo y George.
Llegué y rápidamente llamé a la puerta. Abrió George.
-¿Mary? ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí?
-Es largo de explicar, solo te diré que Beatrice trae una sorpresa.
Me giré y la vi empujando a la periodista en dirección a la puerta.
-Vaya, ya han llegado. - dije y empecé a tirar de la chantajeadora.
En cuanto las tres pasamos por la puerta, George la cerró alarmado y fue corriendo a avisar a los otros tres Beatles.
-¿¡SE PUEDE SABER QUE OS PASA A VOSOTRAS DOS!?
Mantuvimos silencio y nos lanzamos una mirada de complicidad de la cual la fotógrafa se asustó. Afortunadamente aparecieron los cuatro chicos que faltaban en la habitación y eso hizo que ella se callara.
-Hola Beatrice. - dijo John riendo mientras arqueaba las cejas.
-Ahora no es momento John....
Todos nos sentamos en los escasos asientos que había y comenzamos una conversación relativamente civilizada.
-¿Así que eres tu la de las fotos, eh? - preguntó Paul.
Ella se limitó a asentir boquiabierta trasladando la mirada de un Beatle a otro sin saber en cuál mantener la mirada.
-Por cierto John, quiere acostarse contigo.
Todos (lo admito, debo incluirme) soltamos una carcajada y nos tapamos la boca intentando contener la risa "por educación" teniendo en cuenta que ella se sonrojó más de lo que había visto nunca sonrojarse a nadie hasta el momento.
-¿Sabes qué? Lo haré. - un silencio inundó la sala y John fue hacia ella, le tendió la mano para ayudarla a levantarse y ambos fueron hacia las escaleras que subían a la segunda planta (ella que no se lo creía y él tan pancho) y de repente se oyó el grillete de una puerta cerrarse.
-Es mi habitación. - murmuró Ringo con cara de asco. - Van a follar en mi habitación...
Se oyeron golpes, al cabo de unos diez minutos les oímos bajar y aparecieron delante de nosotros, ella levemente despeinada y él con una sonrisa de oreja a oreja que no le cabía en la cara.
-¿Todo bien? - dijo John mientras se sentaba junto a Beatrice.
Miré el reloj, ya iba siendo hora de irnos.
-Beatrice nosotras ya nos tendríamos que ir... - se levantó sin decir ni palabra, le dio dos besos a Paul, George y Ringo y salió por la puerta.
-¿Se puede saber que le pasa a esta chica? - me preguntó Paul mientras se aproximaba a despedirse.
-Ya hablaré con ella...
Me despedí de todos, salí de la casa acompañada de la periodista y pasado cosa de un minuto llegué a casa. Mientras me quitaba el abrigo vi por la ventana de la entrada a la chantajista parada delante de la casa de los escarabajos y después caminando mirando hacia atrás como si esperara que apareciera alguien en medio de la calle.




lunes, 28 de octubre de 2013

Capítulo 6.

*Narra Mary*
Nos despertamos temprano esa mañana, prepararnos el desayuno, nos aseamos y nos dispusimos a salir a dar un paseo camino al parque.
Mientras cogíamos los abrigos, miramos por la ventana y vimos a una mujer con una cámara de vídeo caminando por la acera opuesta que parecía estar buscando a alguien que vivía en alguna casa cercana.
-Eh Beatrice, ¿has visto a esa mujer? - señalé a través de la que parecía ser una reportera con la esperanza de que Beatrice supiera algo sobre ella.
-No, pero será mejor que nos vayamos ya. Te recuerdo que vivimos en la misma zona que dos Beatles.
Rápidamente, abrimos la puerta y, sin pararnos a observarla, nos dirigimos hacía el parque que, afortunadamente, quedaba en dirección contraria a la cotilla que vimos antes.
Cuando por fin empezamos a caminar a paso normal, se me vino a la cabeza girarme para ver si alguien nos seguía y estuve en lo cierto. La mujer venía corriendo hacia nosotras mientras nos hacía fotos. Teníamos dos opciones; salir corriendo o parar y hablar con ella para descubrir que quería. Beatrice quería salir corriendo pero mi vagueza me hizo convencerla para que parásemos y hablásemos con ella.
Cuando dejamos de caminar, esperamos a que llegara hasta nosotras y, sin dejarnos abrir la boca, nos dijo algo que nos hizo darnos cuenta de qué quería:
-Todo el mundo os ha visto con Ringo Starr y George Harrison.
Nos miramos sin saber qué decir.
-Somos amigos, nada más - Instintivamente, Beatrice me miró al decir eso para que yo no comentara nada que pudiera salir en los periódicos.
-Quiero haceros unas preguntas sobre vuestra relación con ellos.
-Lo siento, tenemos prisa - Nos giramos y damos un paso hacia delante.
-Si no hacéis caso publicaré un artículo con fotos vuestras diciendo que salís con ellos.
Paramos en seco. La miramos y Beatrice no sabía qué decir.
-¿Que quieres? - dije mirándola fijamente.
Se quedó pensando segura de que no íbamos a contestar a sus preguntas.
-Dadme 1000 libras y nadie se enterará de que hemos tenido esta conversación ni publicaré nada acerca de vosotras.
-¿Y de dónde sacaremos el dinero?
-Vosotras veréis, no es problema mío.
-¿No podrías darnos un plazo?
Negó con la cabeza y nos enseñó las fotos que nos había hecho días anteriores.
Beatrice y yo acercamos las manos y las cogimos para verlas de cerca. De repente, Beatrice me cogió de la mano y ambas corrimos con al esperanza de perderla de vista.
Llegamos a un calejón y nos encondimos tras unos contenedores en los cuales me pareció ver a un par de cucarachas.
Parecía que ya no nos seguía, así que rompimos las fotos, las tiramos a la basura y salimos a la calle principal. Miramos la hora.
-Será mejor que volvamos ya a casa - dije mientras buscábamos una ruta alternativa para no encontrárnosla por el camino.
Llegamos bien a casa y, después de almorzar, como no sabíamos qué hacer, fuimos a casa de nuestros dos amigos escarabajos.
-Vaya día eh - dije riendo cuando estábamos a punto de llegar.
-Y que lo digas - contestó ella mientras llamaba al timbre.
Harrison no tardó mucho en responder, aunque rápidamente su expresión no mostraba que nos esperara a nosotras, saludó con una sonrisa. 
 -Wow, hola chicas. No os esperábamos.- giró la cabeza hacia el interior de su casa y gritó- 
¡Ringo, están Mary y Beatrice aquí! 
 Pasó medio minuto y Starkey asomó su cabeza detrás del hombro de George. 
 -¿Y a quién esperábais? ¿Molestamos?- pregunté mientras te tocaba el pelo un poco nerviosa por interrumpir algo que no debía. 
 -Oh, no. No creo que pase nada porque vengáis. Sólo que tenían que venir... 
-¡Ahí están!- interrumpió Ringo señalando con el dedo índice detrás de nosotras. 
Beatrice y yo nos giramos al tiempo. Sí, ahí estaban. Los dos que faltaban. 



*Narra Beatrice*
Me giré al mismo tiempo que Mary hacia donde Ringo había señalado. Su sorpresa no me hacía dudar que, al parecer aquellos dos chicos eran los dos Beatles restantes. 
Se llevó la palma de la mano contra su boca abierta mientras decía un "No-puede-ser". 
Resoplé para mí. Mary había hecho maravillas para conseguir que aceptara a la casa de los chicos después del accidente de esta mañana, ahora me obligaría a verles diez veces más pues claro, son "sus Beatles" y eso la hacía feliz. 
Miré a ambos chicos extrañada. Algo me llamaba la atención. Entrecerré los ojos para pensar con más claridad mientras notaba nerviosos golpes en el brazo por parte de mi amiga a la vez que repetía sus nombres, aunque yo no ponía demasiado interés en ello. 
Avanzaban hacia la puerta, el fanatismo de Mary llamaba toda la atención, por lo que apenas se dirigieron a mí y yo pude observarlo todo "tranquilamente". 
El más alto, flacucho y con el pelo más oscuro fue el que captó mi atención. Pensaba pero no encontraba la respuesta. Cerré los ojos, volví la menté años atrás. Por fin, di con ello. 
Desplegué los párpados de nuevo y clavé mi vista en él. 
-¿¡Paul McCartney!?- grité, con casi más furia que sorpresa. 
Instantáneamente volteó la cabeza y saludó con una sonrisa perfecta que no me gustaba nada. 
-¿Beatrice? ¿Beatrice Shepard? ¿Que hacés tú... 
Mary se giró hacia mí y pegó un grito casi al lado de mi oído, cada vez más boquiabierta. 
-¿¡Os conocéis!?- interrumpió. 
Puse los ojos en blanco y la miré con el entrecejo fruncido. «No es momento» vocalicé con los labios sin soltar un sonido de mi boca. 
Al parecer lo entendió, pues no añadió nada más y se limitó a observar la escena. 
Paul se acercó con esa misma sonrisa hacia mí, al parecer para saludarme con dos educados besos. 
En cuanto estuvo a mi alcance le di un empujón en el pecho. 
-¡Aparta!- repliqué. 
-Veo que no has olvidado los años de instituto.- contestó con una sonrisa, que ahora se había vuelto irónica. -¿Qué os ha pasado?- entró su compañero, imaginaría que el tal John. 
McCartney y yo le miramos mientras decíamos un "nada" al mismo tiempo. 
-Este hombre se dedicó a hacernos la vida imposible durante los cursos del instituto tanto a mí como a mi mejor amiga.- apreté los labios mostrando una sonrisa forzada, quizás la sonrisa más falsa que nunca antes había mostrado a nadie. 
Paul volvió de nuevo la vista a mí soltando una carcajada. Algo que me enfureció aún más. 
-¡Oh, vamos! Sólo me acosté con ella.
-¡Y después pasaste de ella! ¡Se enamoró de tí! 
-No creo que se enamorara de mí cuando se tiró a medio instituto.- replicó mientras arqueaba una ceja. 
-¡Gilipollas! 
-¿Soy un gilipollas por conseguir que tu mejor amiga pasase la mejor noche de su vida conmigo? 
Bufé, me dí la vuelta dándole la espalda y me aparté el pelo de la cara. Noté como sus pasos avanzaban hasta nosotras. 
¿Y tú eres la vieja Alice?- le oí. 
Me giré aún más cabreada y me interpuse entre ellos, aunque Mary no pareciese muy molesta por tenerlo tan cerca. 
-¡No! ¡Y más te vale que a ella no le pongas un dedo encima! 
Paul levantó las palmas de las manos haciendo un gesto para exculparse y retrocedió varios pasos. George y Ringo no parecían muy enterados por lo que seguían sin interrumpir. 
-Eh, eh, eh. Con mi amigo menos. Han pasado muchos años, no deberías comportarte como una fiera.- interrumpió el otro, en el que apenas me había fijado desde que aparecieron detrás de nosotras. 
Tenía en pelo más claro que McCartney, también era un poco más bajo, con la cara más redonda y labios más finos. Aparentaba seguridad y provocación, pues una débil sonrisa no se despegaba de su rostro a pesar de que la escena no era muy alegre. Llevaba unas gafas negras con unos anchos cristales de protección solar que no daban paso a sus ojos. De ahí saqué lo primero con lo que pude combatir. 
-¡Tú calla, miope! 
Desplegó los labios levemente y arqueó sus cejas dando a entender que no esperaba mucho esa contestación. Ojos mirones y algún que otro grito agudo que venían de la calle hizo alertarnos de que no podríamos permanecer mucho tiempo ahí sin llamar la atención y más, siendo ellos los Beatles. 
Avanzó con pasos decididos hacia mí, hasta que ya no pudo dar ni uno más. 
-¿Sí?- dijo con una sonrisa pícara mientras se retiraba las gafas de la nariz y las colocaba sobre la cabeza. Al mismo tiempo acercó mucho su cara hacia la mía.
Permanecí de piedra. ¿Qué demonios intentaba? Para cuando volví a reaccionar sus labios estaban a muy pocos centímetros de los míos. Continuó con la misma sonrisa pícara y sorbió el aroma de mi pintalabios mientras cerraba lentamente los ojos. 
No sé que me ocurrió en aquel momento, un cosquilleo recorrió toda mi espina dorsal hasta el punto de conseguir que mis manos comenzasen a sudar. 
Cerré los ojos y avancé la cabeza hacia delante intentando encontrarme con la suya. Nada. Aire. 
Abrí los ojos confusa y él ya había retrocedido varios pasos hacia atrás. Paul ya se había adelantado hacia la casa de George y Ringo, donde observaban la escena divertidos. Mientras que Kaufmann estaba paralizada sin poderse creer lo que estaba viendo. 
Lennon soltó una gran carcajada al ver mi reacción. 
-Pues este miope, te va a dejar con las ganas.- se colocó de nuevo las gafas y avanzó indiferente hasta donde se encontraban sus compañeros. 
Me sentí inutil, estúpida, y sin decir más avancé directa hasta la puerta andando decidida hacia nuestra casa. 
Oí como George mostraba sus disculpas a Mary y cerraba la puerta mientras ella se aproximaba a mis espaldas. 
-¡Be! ¡Beatrice!- gritaba, cada vez más cerca, aunque no hacia mucha alusión para escucharla. 
Era cierto que había varias personas que andaban por la calle y miraban curiosas si eramos nosotras las que nos encontrábamos con los artistas más revolucionarios de aquel entonces. A todas y cada una de esas miradas respondí con desprecio. 
A la velocidad a la que iba no tardé mucho en llegar a nuestro hogar. Mary seguía detrás intentando tranquilizarme pero mi enfado hizo que no me detuviese y ella se cansó antes que yo. Aunque no permanecía a mucha distancia. 
Abrí rápidamente y dí un portazo, casi contra las narices de mi amiga. Fui directa a mi habitación y me cerré allí. No tardé en oír como mi amiga entraba y daba unos suaves toques en la puerta de mi habitación. 
Tras varios intentos, al ver que no mostraba muchas intenciones de hablar con nadie desistió. 
Así pasé una media hora mirando al techo con las manos en la nuca. Llamó de nuevo y oí su voz tímida. 
Es tarde, vamos a cenar. Hice hamburguesas, sé que te encantan. 
Me levanté de la cama pesadamente y abrí la puerta furiosa. Mi enfado no había disminuido, y no se tardó en notar. 
-No quiero cenar, no quiero tu cena. No quiero verte, ni tampoco a ellos. ¿Sabes? Todo esto es por tu culpa. Ya nos advirtió la señora esa de que nos alejáramos de ellos. Pero no, tú necesitabas ir esta misma tarde a contárselo. Gilipollas. Para colmo, ahora tendré que verles más veces, ¿no es verdad, Mary? Gracias por haberme echo ver a Paul McCartney, después de que consiguiera olvidar todo lo que me había jodido la adolescencia. Muchas gracias, en serio. Ahora, por favor, ¿¡te puedes ir de mi vista!? 
Su cara mostraba sorpresa y decepción al mismo tiempo, parecía que le costaba encontrar las palabras y sus ojos se empezaban a enrojecer poco a poco. 
-Pero... pero... -su voz estaba rota. 
-¡Oh, genial! Ahora vas a ponerte a llorar.- bufé y cerré un portazo dejándola ahí sin intención a oír más. 
Estaba demasiado furiosa como atender a razones. Sabía que estaba mal hablarle a ella así, pero me daba igual. Al menos eso pensaba, mi conciencia no tardó en dejarme el ánimo aún más por los suelos. 
Mi amistad con ella me obligaba a disculparme, pero mi orgullo fue más fuerte y consiguió que me quedase en la cama tirada. 
«Buenas noches» pensé, al menos si mi culpabilidad me lo permitía.

sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 5.

*Narra Beatrice*
No tardé mucho en caer rendida en la cama. Aquel día no había sido agotador, pero muchas veces te cansas hasta de no hacer nada especial, por muy raro que sea.
Bueno, para mí fue un día sin más. Sí, conocimos a dos de cuatro Beatles pero eso para mí no era nada del otro mundo. Por otro lado creo que Mary, más Beatlemaníaca que persona, no habría podido conciliar el sueño en toda la noche. 
Lo que no sabía es que podía verlos siempre que quisiese, a pesar de que a Harrison le cayó bastante bien.
Pasaron varios días sin ninguna novedad. Lo único que hicimos cerca de unos tres días fue estar en casa y salir a tomar fotografías. Es de esa rutina diaria que tanto se aborrece.
Me desperté cerca de las once de la mañana, aunque me quede un rato mirando el techo de mi habitación mientras los minutos pasaban tumbada en la cama.
No pensaba en nada en especial, simplemente estaba.
Por fin mi vaguería matutina desapareció y decidí levantarme. No sé por qué pero tenía una melodía pegadiza en mi cabeza.
Para mi sorpresa cuando salí de mi dormitorio, Mary se encontraba desayunando huntando mantequilla en una tostada recién echa.
Entré tarareando aquella melodía, moviendo los pies y la cabeza al ritmo. Le robé la tostada quitándosela de la mano y avanzando hasta el fondo de la cocina.
-¡Eh! ¡Que es mía! -dijo riendo con un tono un tanto mosqueado.
Me volteé hacia ella y al fin me salió una pequeña parte de la canción que sonaba dentro de mí.
Levante un brazó y flexioné levemente las rodillas.
-... AND WHY YOU LIED TO ME!- canté creo que al ritmo adecuado.
En ese momento reconocí la voz. ¿No era de esos chicos que tanto la gustaban a Mary?
¿Los Beatles? No, no podía ser, apenas me gustaban.
Ella se quedo petrificada mirándome, con la misma expresión de sorpresa que yo.
La tostada se estaba enfriando en mi mano mientras intentaba buscar una explicación lógica a lo que acababa de pasar.
-¡YA EMPIEZA TU BEATLEMANÍA!- gritó y saltó delante mío practicamente comiéndome de la ilusión.
-¿Eh? No. Sólo que la canción es pegadiza.- me dirigí a por el cuchillo de huntar y la mermelada.- Además, ¿Beatlemanía? ¿Qué es eso? ¿Se come?- bromeé.
-No disimules, seguro que debajo de esa apariencia Rock&Rollera tan extrema que tu tienes algo vibra a ritmo del Beat.
-¿Qué dices? Mary, por favor. Deja de delirar.- reí- Yo no tengo de eso a lo que tu llamas "Beatlemanía".- me giré y la zarandeé de los hombros- ¡ASÚMELO!- reí.
Ella rió y siguió mis pasos mientras yo me dirigía al salón en busca de mi cámara.
-Seguro. Cuando conozcas a los otros dos te enamorarás.- en ese momento desconecté mi sentido auditivo. Cuando se ponía a hablar de los Beatles algo se encedía dentro de ella. Hablaba rápido, nerviosa, entraba en una especie de sueño. Un sueño que había escuchado mil y una veces. Me limité a asentir y fingir que escuchaba. 
-... y esa es la grandeza del dúo Lennon/McCartney.- terminó, al menos eso creo. 
-Ah, muy bien. -reí.- No tengo el honor de conocerles.
-Con un poco de suerte lo tendrás, ya verás cómo...- se disponía a hablar de nuevo de esos dos chicos cuando el sonido del teléfono la interrumpió.
-Voy yo.- dije acercándome al teléfono.
Descolgué.
-¿Sí...?
-¿Beatrice Shepard?- la voz me resultó familiar.
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-¿Ya os habéis olvidado de nosotros o qué?- rió al otro lado del teléfono.
-¿Perdón?- reí, no sabía como tomármelo.
-Ya que no me reconoces, soy George Harrison. Estuviste en mi casa el otro día. ¿Recuerdas?- volvió a reir amablemente.
-Oh, sí. Hola Ge..- no terminé su nombre. Mary seguía en el salón y no quería que le diese un síncope de un  momento a otro.- Pues no, no te había reconocido.- reí.
-Bueno, para la próxima ya lo sabes.- rió.- Te llamaba porque a pesar de lo que hablamos, no había tenido noticias de vosotras dos, y me preguntaba si había algún problema.
-No, no, no pasa nada. Simplemente que hemos estado vagueando estos días, y además tenemos algo de trabajo en el periódico.
-Es cierto, que sois periodistas. Nos gustó mucho el artículo del London News cuando viajamos a América.- rió.
-Si, bueno, no somos las afortunadas de trabajar en la sección de música, pero bueno.- sonreí.
-¿Puedo pedirte una cosa?- dijo amablemente.
-¡Claro!- pedí a Mary que me trajera un vaso de agua de la cocina, para que no escuchase la conversación.
-Am, no tenemos nada que hacer, y como nos llevamos bien, ¿queréis volver esta tarde?
Pensé unos segundos.
-Pues... -me asomé levemente a la puerta para comprobar que Mary no escuchaba.- ¿por qué no venís vosotros?
Él rió.
-Por mí genial, aunque nos costará un tanto llegar. Ya sabes... fans. - rió de nuevo.
-Convivo con una de ellas, lo entiendo perfectamente.- reí.- Venid cuando podáis, estaremos en casa.
-Una cosa más.
-Dime.
-¿Cuál es vuestra dirección?- río.
-No te preocupes, siete números más que vosotros. Vivimos en la misma calle. ¿Recuerdas?- intenté imitar su tono de voz riendo.
-Sí, verdad.- rió también.- Pues allí nos vemos, iremos lo antes posible.
-Genial, hasta luego.
-Bye.
Colgó. Colgué. Problema número uno; Esquivar las preguntar de la curiosa Mary.
Llegué a la cocina, primera pregunta.
-¿Quién era?
-Publicidad.
-¿Qué querían?
-¿Vender?- reí.
-¿Y agua para qué?
-¡Porque tenía la boca seca!- la miré extrañada.- ¿Qué crees? ¿Que era un grupo terrorista pidiéndo que nos afiliemos a ellos?- reí.
-Joder chica, que humos, eh...
-Ay, perdón, es que no sé el por qué de tanta curiosidad.
-Estás rara, no sueles alterarte tanto por esas tonterías. Algo ocultas...- rió.
Puse mi mano encima de su hombro.
-No Mary, no. No oculto nada, en serio.- puse tono de película romántica mientras disimulaba una risa.
Ella sí rió pero no comentó nada más. Se fué a su habitación con la radio debajo del brazo y su cámara de fotos mientras seguía investigando un poco más el zoom óptico que antes era mío.
Llegó la hora de comer, comimos bastante tarde pues ninguna de las dos tenía ganas de cocinar y empezamos a hacer varios juegos de azar para decidir quién cocinaba.
Yo cocinaba, ella limpiaba.
Cerca de las cuatro empezamos a comer. Preparé arroz y pescado y nos sentamos a comer con la radio de fondo. Para sorpresa nuestra, una canción de sus chicos sonó en aquella emisora.
No comenté nada mientras mi compañera me miraba diciendo "sé que conoces la letra, antes o después tendrás que cantar". 
Finalmente terminamos la comida y mientras ella ordenaba toda la cocina yo me fui al salón a ver la televisión. Cerca de una hora después sonó el timbre.
Me acerqué a la puerta y abrí. Que raro, eran ellos.
Sonreí y saludé a ambos con dos besos. 
Avisé a mi amiga mientras ambos terminaban de entrar por la puerta.
-¡MARY! ¡TENEMOS VISITA!- reí sabiendo perfectamente lo que ocurría.
Se asomó por el hueco de la puerta, tenía las manos chorreando de agua enjabonada y un vaso de cristal en la mano, imagino que recién lavado.
Dirigió la mirada hacia nosotros cantando otra más de sus canciones. Esta vez "Roll Over Beethoven", si no recuerdo mal.
Ahí les vió. De nuevo, sus ídolos estaban entrando por la puerta de su propia casa.
Quedó petrificada. La miraba pícaramente disimulando la risa.
-Ay...- dijo para sí misma mientras dejaba caer el vaso cristalino al suelo y éste rompiéndose en mil pedazos.
Me llevé la palma de la mano a la frente y agaché la cabeza riendo.
-Oh, no... Ya empieza.- reí.



*Narra Mary*
Yo estaba fregando tranquilamente los platos cuando Ringo y George entraron por la puerta y, de repente, me quedé petrificada. ¿Qué hacían aquí? 
Cuando el vaso que tenía el mano cayó al suelo por mi empanamiento mental viendo a dos de los Beatles entrando por la puerta, hice un gesto de saludo con las manos que ahora tenía libres y me acto seguido me dispuse a recoger los cristales que ahora estaban esparcidos por el suelo mientras Beatrice les ofrecía a ellos que se sentaran en el sofá.
Cuando terminé de limpiar y de recoger los cristales, me dirigí hacia ellos y les expliqué que había tardado porque sin querer se me había caído un vaso que "se me resbaló".
Ringo se había sentado en un sofá con Beatrice y George en otro él solo. Me senté en el sitio libre que había.
-¿Cómo es que habéis venido a nuestra casa?.- reí y los miré.
-Pero qué pasa, ¿no se puede entrar en casas ajenas sin llamar antes?- preguntó haciéndome creer que no habían llamado para saber si podían venir o no.
Todos reímos y después de un breve silencio, George explicó que habían llamado y que Beatrice cogió el teléfono y les dijo que no habría problema en que vinieran porque estaríamos en casa.
-Pues ella no me ha comentado nada.- Miré a Beatrice echándole una sonrisa que decía "te mato".
-Quería darte una sorpresa...
Hubo otro silencio incómodo.
-¿Queréis tomar algo?- preguntó Beatrice mientras se levantaba haciendóme un gesto con la cabeza para que la acompañara a la cocina.
-Si no te importa, me gustaría tomar un té.- dijo Ringo.
-Claro, ahora lo preparamos. George, ¿tú también quieres?
-Sí, por favor.
Beatrice y yo fuimos a la cocina a preparar el té.
-¿POR QUÉ NO ME AVISASTE?- dije gritando en voz baja (sí, ya sé que es lo contrario pero seguro que vosotros también habéis gritado en voz baja alguna vez).
-¡Porque te habrías puesto a gritar y habrías preparado algo para cuando ellos llegaran! ¡¡Sabes perfectamente lo histérica que te pones con los Beatles!!
-Sí, pero si me hubieras avisado...-de repente sonó el teléfono y yo fui corriendo a ver quién era.
-¿Diga?
-¿Mary Kaufmann?
-Sí, ¿quién es?
-Verás, trabajo en London News con usted y con la señorita Beatrice Shepard y necesito que vayan a la sede del Congreso africano a cubrir una noticia. Es sobre el encarcelamiento de Nelson Mandela. Os estamos esperando, id cuanto antes posible. No olvidéis las cámaras.
-Pero es que ahora no podemos ir...tenemos visita...
-Se trata de vuestro trabajo. O vais o estáis despedidas. Vosotras decidís.
-En 15 minutos estamos allí.- colgué y fui corriendo a informar a Beatrice de lo ocurrido.
-Tenemos que ir a la sede del Congreso africano ya.
-Pero George y Ringo...
-A mi me da más coraje que a ti pero tenemos que ir.
-Vale, tú ve a decirles que se tienen que ir, yo voy a recoger esto.
Cuando llegué al salón pensé rápidamente en qué decirles. El resultado fue muy simple.
-Eh...chicos...lo siento mucho, pero nos ha surgido algo y nos tenemos que ir...
-¿Qué ha pasado?- preguntó George preocupado.
-Nos han llamado del trabajo, tenemos que ir a la sede del Congreso africano. Han condenado a cadena perpetua a Nelson Mandela y tenemos que ir a cubrir la noticia.
-¿Y tenéis prisa?
-Nos estamos jugando el trabajo así que sí...
-Nosotros os llevamos.- dijo Ringo poniéndose en pie y yendo directamente a la puerta.- Os esperamos en el coche. Tocaremos la bocina cuando os veamos salir para que sepáis dónde está el coche.
-Vale muchas gracias por vuestra ayuda. Voy a avisar a Beatrice.
Cogí, nuestras cámaras y nuestros abrigos y me aproximé a la cocina.
-Be vamos, George y Ringo nos llevarán.
Le di su camára y el abrigo y salimos por la puerta. Cuando escuchamos la bocina y, al girar la cabeza hacia la izquierda, los vimos montados en un coche agachados de forma que las fans que antes les habían complicado salir de su casa no los vieran.
Ringo nos hizo un gesto con la manos y nos subimos rápidamente.
Cuando llegamos a la sede pararon, bajamos del coche, hicimos las fotos y volvimos a montarnos. Nos volvieron a dejar en casa y nos despedimos.
Volvimos a entrar en casa, llamamos a la oficina y dijimos que al día siguiente dejaríamos allí las fotos. 
Mientras preparamos las fotos nos relajamos un poco hablando.
-Gracias a ellos no nos han despedido.- dijo Beatrice intentando dar conversación.
-Sí...¿son muy majos, a que sí?.- en ese momento una sonrisa se deslizó por mis mejillas y me di cuenta de que al acordarme de George se me quedaba una cara muy...pava digamos.
-Tengo que admitirlo.
Terminamos de preparar las fotos, cenamos sobras de otro día y nos fuimos a dormir.

viernes, 16 de agosto de 2013

Capítulo 4.

*Narra Beatrice*
-¿OTRA VEZ TÚ?- respondió George con los ojos abiertos como platos.
Yo apenas me había inmutado de que ya estábamos en la puerta de esos chicos y Mary ya se encontraba inmóvil.
Su cara parecía que desprendía arco iris de felicidad, sus ojos brillaban, y daba la sensación de que su sonrisa se había quedado sin más dientes que enseñar.
Estaba inmóvil delante de la puerta abierta con el chico de melena esperando una respuesta. Observé la escena disimulando la risa.
Esperé unos segundos más a ver si reaccionaba, pero nada.
La dí un disimulado codazo. En ese momento revolvió la cabeza y asintió.
-Sí, soy yo de nuevo, al parecer.- dijo riendo levemente mientras continuaba con esa enorme sonrisa tonta.
George aparentaba ser muy tímido, pues no sabía que hacer en ese momento. Se rascó la cabeza y nos dejó pasar.
Mary pasó delante mío y empezó a recorrer toda la casa con la mirada. Era bastante amplia, más que la nuestra.
Kaufmann empezó a hablar con el que, si no recuerdo mal, me dijo que era el guitarrista. Aunque apenas prestaba atención, pues sabía que su 'Beatlemanía' (como ella lo solía llamar) provocaría que dijese alguna tontería.
Mientras nos dirigíamos al salón otro chico salió de la cocina.
Por eliminación aquel hombre debía ser Ringo Starr, 'el famoso batería de los Beatles'.
En cuanto nos vio, saludó y se acercó a darnos dos besos a ambas. En cuanto se dispuso a saludarla a ella solo pensaba; "Mary, controla, por favor."
Y para mi suerte, en los pocos minutos que llevaríamos allí se estaba comportando mucho mejor de lo que podía imaginar.
Nos sentamos en los sofás del salón, mientras mi compañera no paraba de hablar emocionada yo seguía ojeando la casa. Había dos guitarras por allí, nos os voy a engañar, me llamaron la atención pues eran muy bonitas, pero sin más, aparte de un par de baquetas colocadas sobre la mesa.
Yo seguía sin prestar mucha atención a su conversación a la cual Starkey se unió.
Al fin encontré algo con lo que pasar allí el rato, les pregunté si me podía acercar a una pequeña estantería que había contra una de las paredes de la sala, y ellos no pusieron problema.
Para variar, me dirigí a donde se encontraba una colección de vinilos, quería saber qué escuchaban aquellos hombres y así conseguir torturar a Mary de alguna manera si encontraba algo de Buddy Holly.
Pasé bastante tiempo ojeando aquellos discos y encontré bastantes artistas; Bob Dylan, Elvis Presley, Gene Vincent alguna banda sonora de varias películas y demás, pero me llamó mucho la atención fue que tuvieran uno de Little Richard. Sonreí al instante y lo cogí, en ese momento interrumpí su conversación.
-¿Ves?- dije mirando a Mary mientras señalaba la carátula.- Esto es buen Rock&Roll y no lo que escuchas tú. MÚSICA.- resalté riendo.
En ese momento Ringo me miró extrañado.
-¿Quieres decir que nosotros no hacemos música?
-Sí, pero no gran Rock&Roll.- reí levemente.
Él se encogió de hombros y sonrió.
-Claro, es que nuestro estilo es 'Beat'.
-BEAT-LES.- interrumpió mi amiga.
La miré al instante, en ese momento se echó para atrás en el sofá.
-Ya me callo... -dijo riendo.
Ringo siguió informándome de cual era su 'verdadero estilo', que no pretendían hacer Rock&Roll puro y demás, mientras la señorita Kaufmann seguía en una nube hablando con George.



*Narra Mary*
No paraba de decirme para mí  <<Estoy hablando con George Harrison, mantén la calma>> y creo que ese era uno de los motivos por los cuales me estaba "portando tan bien".
Cuando entré en la casa estaba demasiado nerviosa como para hablar pero, con el paso del tiempo, fueron surgiendo temas de conversación con George.
Los sofás estaban uno enfrente del otro y yo estaba sentada al lado de Beatrice con George delante de mí en el sofá opuesto. Los primeros minutos de la visita él y yo los pasamos en silencio pero hubo un momento a partir del cual no pudimos parar de hablar el uno con el otro.
-¿Y qué tal Paul y John? - al decir eso, George se sorprendió de escucharme intentar iniciar una conversación con él.
-Bien...están bien...la semana que viene se pasarán por aquí.
Asentí con la cabeza sin saber qué más decir.
-Bueno y....¿cómo te llamas?
-Mary, Mary Kaufmann.
-¿Kaufmann? ¿Eres de Alemania? - se sorprendió, seguramente porque no tenía acento.
-Sí, nací y me crié allí pero cuando me quedé huérfana tuve que venir a Londres para poder estudiar fotografía.
George dejó de apoyar su espalda contra el respaldo del sofá y se inclinó hacia delante poniendo sus manos en las rodillas y dando a entender que le interesaba lo que le estaba contando.
-Vaya, ¿eres huérfana? Lo siento mucho...
-No, no te preocupes. - me quedé mirando sus manos y pensando si sería muy raro poner las mías sobre las suyas para que no se preocupara. Opté por no hacerlo. 
- No es culpa tuya - sonreí y, acto seguido, él también.
Nos estuvimos mirando unos instantes hasta que, por fin, él rompió ese momento que de..."bonito" había pasado a incómodo.
-Y qué...¿qué pasó?
-Mi madre murió cuando yo nací y mi padre hace 2 años de cáncer.
Asintió e intentó cambiar tema.
-Eres Beatlemaníaca, ¿no? - dije que sí con la cabeza - Bien pues dime quién es tu beatle favorito y te cuento trapos sucios. Porque supongo que tendrás algún favorito.
-Pues la verdad es que sí... - me sonrojé - Eres tú.
De repente, Beatrice irrumpió en el salón con un LP de Little Richard y diciendo que eso era "buen Rock&Roll. Le tuve que resaltar la palabra "Beat" que está dentro de los Beatles y después siguió hablando con Ringo. 
-Vaya, es extraño que tu favorito no sea ni Paul ni John.
-Lo sé. Venga, cuéntame trapos sucios. - reí al ver lo serio que se quedó.
-Vaya, qué casualidad, ya va siendo hora de irse. - se levantó del sofá y vi como sostenía una sonrisa al girarse.
Empezamos a despedirnos y justo al salir por la puerta escuché la voz de George.
-BEATRICE, ¿TE IMPORTARÍA VENIR UN MOMENTO? ¡TENGO QUE HABLAR CONTIGO!



*Narra Beatrice* 
Me extrañó bastante que George quisiera hablar conmigo, yo seguía hablando con el batería de cual era y cual no el estilo de su grupo, pero acabé despidiéndome de Ringo y me acerqué a la cocina, donde estaba George, mienteas Mary se despedía del otro Beatle.
 -¿Qué pasa?- le pregunté extrañada. 
Mostró interés. 
-¿De veras es ella Beatlemaníaca?
 -Ammm... sí. -respondí indiferente.- Tengo que soportar 24 horas vuestra música gracias a ella, claro que es Beatlemaníaca, ¿por? 
En ese momento puso cara de sorpresa y empezó a explicar su sorpresa haciendo gestos exagerados con manos y brazos. 
-Normalmente nuestras fans gritan, corren e intentan arrancarnos la ropa. Tu amiga es... pacífica.- rió levemente. 
A continuación me encogí de hombros sin saber que decir, reí levemente recordando como fue la reacción de Mary cuando le dije que George Harrison me había dado un cigarro. El chico prosiguió; 
-El caso es que parece buena chica, así que, tú y ella podéis venir cuando queráis que no será problema.- sonrió. Sonreí y asentí dándole las gracias y me dispuse a la salida. Ya por fin fuera, Mary tardó poco en preguntar. 
-¿Qué te ha dicho? ¿Te ha preguntado por mí? ¿Qué le he parecido? Beatrice, Beatrice, Beatrice. -preguntaba a una velocidad espantosa mientras me zarandeaba insistente del brazo. 
-Nada Mary, nada.- improvisé.- Solo me pidió por favor que aunque trabajemos en un periódico no digamos nada de ellos, o la prensa les acosará.- Caminé rápida a casa, solía notárseme mucho cuando mentía en la expresión de la cara, y no quería que mi compañera supiese la verdad, o se le saldría el corazón en ese momento. Y en mitad de la calle no, gracias. Seguía preguntándome que le había parecido al señor Harrison, y yo seguía disimulando que no habíamos hablado de ella. Hasta que por fin, se lo creyó. Esperaría para más adelante a darle alguna sorpresa y que sepa que realmente le cayó bien. 



*Narra Mary* 
Por el camino debo admitir que quizá estuve un poco pesada preguntándole a Beatrice qué le había dicho George pero, finalmente, llegué a la conclusión de que simplemente le había dicho que no le contáramos a nadie nada de ellos.
Cuando llegamos a casa ya era por la noche y nos duchamos, preparamos la cena y nos sentamos en la mesa a comer.
-¿Qué te han parecido?- le pregunté para no quedarnos el resto de la cena en silencio.
-Bien, son majos. Tú has estado todo el rato hablando con George, eh. - rió.
-Sí. - suspiré y sonreí- y tú con Ringo.
-Yo he estado hablando sólo y exclusivamente de música.
-Yo de un poco de todo con George...
No hablamos mucho más y después de recoger la mesa, nos lavamos los dientes y nos dispusimos a acostarnos.
-Beatrice...
-¿Qué?
-¿Cuándo volveremos a verlos? - le pregunté con una cara que decía "por favoooor, ten compasióóóóóóóón".
-No lo sé Mary...no lo sé...
-Jo, yo necesito conocer a los otros dos.
-Yo no sé quiénes son los otros dos. - rió.
-Bueno, da igual, buenas noches. - dije.
-Buenas noches.

jueves, 8 de agosto de 2013

Capítulo 3.

*Narra Beatrice.*
Mary seguía en el mismo estado de agitación. Era desesperante, me cruzaba con ella en alguna habitación de la casa, sonreía y mostraba una gran sonrisa.
"¡AAAAH! Voy a conocer a dos de cuatro Beatles." decía entre pequeños gritos y saltos.
Yo suspiraba y seguía a lo mío, porque en parte era comprensible.
Aunque llegó un momento en el que mi paciencia terminó.
-Que sí, Mary. Lo sé, les vas a conocer. CALLA YA.- dije zarandeándola de los hombros.
Me miró a los ojos, con la voz temblorosa dijo;
-Sí, Beatrice. Pero sigo sin creérmelo, que son los Beatles, joder.
Cada vez que pronunciaba esas palabras parecía que se quedaba sin aliento. Puse los ojos en blanco.
-Lo dices una vez más y estás castigada. Suficiente que lo hago después de romperme el vinilo de Buddy Holly.
-Es que son los Be...
La interrumpí con una mirada asesina, cogió aire y colocó la palma de su mano sobre la boca para callarse a si misma.
"¡Por fin!" pensé.
Comimos, la hora de la comida pasó muy lenta. Ella estaba continuamente callada, temería volver a decir lo mismo que repitió las cien veces anteriores y quedarse sin 'Fab Four', aunque en este caso, 'Fab Two'.
Aquella tarde no tenía ganas de nada. Me tumbé en mi cama mirando al techo y rápidamente caí dormida.
Poco tardó la señorita Kaufmann en entrar recordándome su impaciencia.
-¡Vamos! ¡Tienes que ir a verles!- gritó mientras me presionaba el brazo cuando yo aún no podía apenas abrir los ojos por completo.
Con la voz dormida la respondí lo primero que pensé.
-Voy mañana por la mañana, y ya de paso me acerco a comprar chocolate al mercado, que estoy de luto por mi vinilo.- reí como pude.
Ella continuó tirándome del brazo.
-Vamos, me lo prometiste.- puso carita de pena.
-Yo no prometí nada, dije que iría pero puede ser mañana, ¿no?
Resopló y acabó cediendo.
A lo tonto se nos ocurrió un buen sitio donde pasar lo que quedaba de tarde.
Cerca de nuestra vivienda había una pequeña charca, que a la hora del anochecer era realmente hermosa.
Con cámara en mano nos dirigimos allí.
Salimos de casa, con las dos cámaras colgadas del cuello y unos cuantos carretes de repuesto.
En cuanto pasamos la puerta Mary miró automáticamente en la dirección de la casa de los chicos, pero para mi suerte nuestro destino estaba en la otra dirección.
Eran cerca de las seis y media de la tarde, llegamos allí y el Sol comenzaba a ponerse.
Nada más empezar a entrar ambas empezamos a capturar todo.
Fotos aquí, fotos allá, fotos en todos lados.
Lo que adoraba de esa charca es que a esas horas se juntaban allí libélulas, desgraciadamente unos cuantos mosquitos, mariposas, ranas, sapos y demás.
Además con el tono amarillento del atardecer era un paraíso.
Mary y yo teníamos en mente montar una pequeña galería de arte para sacarnos algún dinero de más. Aunque por suerte ya trabajábamos como fotógrafas en una sección del periódico.
Fuimos a casa cuando ya anocheció, no nos gustaban las fotos con flash excesivamente, por lo que no malgastaríamos carrete.
La noche fue rutinaria. Cenamos y rápido fuimos a dormir.
A la mañana siguiente tenía preparada una pequeña sorpresa.  Me desperté más temprano de lo normal. Ella solía quedarse hasta tarde leyendo, o escuchando música o algo, por lo que no la esperaría despierta hasta la una aproximadamente.
A las diez de la mañana abrían las tiendas. Salí rápido, cogí ambas cámaras y lo llevé a revelar.
Estuve allí cerca de media hora explicándola a la dependienta como las quería, hasta que por fin me entendió.
Después fui a comprar unas cuantas cosas más. La tienda de fotografía era revelado rápido, pero tendría una hora para hacer lo demás.
Finalmente, me dirigí a la casa de los dos Beatles, llamé y me contestó el otro. Si no recuerdo mal ese sería Richard Starkey, o Ringo Starr.
Tenía la cara y la voz dormida, se frotó los ojos y me miró.
-Hola, eh... Verás- me rasqué la cabeza nerviosa- mi compañera de piso es gran admiradora vuestra, y el otro día casualmente yo me encontré a George Harrison recogiendo el correo. ¿Sería mucha molestia que ella se pasase por aquí para conoceros? La haría realmente feliz.
El chico todavía adormilado sonrió y me dijo que no había ningún problema, por lo que regresé a lo demás.
Ya se habían hecho las doce, tenía que darme prisa.
Con las fotos reveladas entré en casa rápidamente. Las pegué todas, una a una por toda la casa., un tanto separadas.
Si era lo suficiente lista, que creo que sí, se daría cuenta de que un cúmulo de fotos la llevarían al salón.
A la una, como yo dije, despertó. Según salió se quedó petrificada y fue avanzando poco a poco observando todas y cada una de las fotos, hasta que llegó al salón. Yo estaba cerrada en mi habitación esperando en momento en el que se diese cuenta.
Al cabo de unos cinco minutos entró bruscamente.
-¿¡TU ZOOM ÓPTICO!?- me miraba boquiabierta.
-Sí, a mí ya no me servía de nada con la nueva cámara, así que todo tuyo.
Sonrió enormemente y corrió a por su cámara a colocarlo y de nuevo, hacer más fotos.
Olvidó por completo a los Beatles durante todo el día, apenas me preguntó por Harrison y Starr, cuando realmente podía ir a verlos.
Esa noche fui yo la que se quedó hasta tarde, y ella durmió pronto, pues se pasó el día de aquí para allá haciendo fotos.
Cuando me desperté a la mañana siguiente no estaba en casa, empecé a prepararme el desayuno y ahí, entró con la respiración acelerada.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!




*Narra Mary*

Acababa de volver a casa después de haber ido al kiosco y al llegar allí me ocurrió algo que ni yo me podía creer a pesar de haberlo vivido.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!
Beatrice estaba en la cocina, preparándose unas tostadas para desayunar. Cuando yo entré, ella dio un respingo y una de las tostadas salió volando cayendo así en uno de mis zapatos.
-MARY MALDITA SEA, AVISA AL ENTRAR A CASA, CASI ME DA UN INFARTO.
No pude contener la risa a su cara de susto y estuve un buen rato intentando contarle lo que había pasado, pero no podía parar de reírme.
Al cabo de un rato me calmé y se lo pude contar mientras ella desayunaba en la mesa del salón.
-He ido al kiosco para comprar el periódico y mirar si había alguna revista que me interesara. Cuando llegué, cogí el periódico, vi una revista cualquiera de Rock & Roll y, cuando me agaché a cogerla, otra persona también se había fijado en ella y dio la casualidad de que nos agachamos a cogerla a la vez. Me giré y adivina quién era.
-Geor...
-GEORGE HARRISON. - Ahí también hice que diera un pequeño respingo.
-Vaya, ¿y qué hiciste? - A partir de ese momento de la conversación fue ella la que no pudo contener la risa al imaginarse a su compañera de piso gritando por dentro pero teniendo que mantener la compostura delante de un Beatle.
-Nuestras manos se rozaron, nos quedamos mirándonos (tengo que decir que sus colmillitos son adorables) y me cedió la revista como todo un caballero. - Por la forma en la que me miró Beatrice cuando dije eso, averigüé que me acababa de poner roja como un tomate. - Luego fui hacia la cola y me dejó pasar primero. Pagué y mientras me alejaba hacia casa, lo escuché preguntar el precio con su peculiar acento.
-¿Y no le dijiste nada?
-¿Qué le iba a decir? 
-Tienes razón... Oye pues reaccionaste de una forma muy...madura. - Eso ya lo dijo con duda, aunque hasta yo me sorprendí de como reaccioné en aquella situación.
El resto de la mañana lo pasé leyendo la revista que acababa de comprar. 
Llegó la hora de la comida y, mientras almorzábamos, le pregunté si había ido a hablar con Ringo y George. Ella me dijo que, si me apetecía, podíamos ir esa misma tarde porque, el día anterior, ya había ido a hablar con ellos. Os podéis imaginar mi reacción...
Cuando terminamos de comer, nos vestimos para ir a la calle, nos peinamos, nos lavamos los dientes, Beatrice se maquilló y salimos a la calle en dirección a casa de Richard y George.
Cuando llegamos, llamé al timbre, y George abrió la puerta.
-¿OTRA VEZ TÚ?

domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 2.

*Narra Beatrice*
Me desperté ese día, y para mi sorpresa Mary tenía puesto uno de sus vinilos a todo volumen. The Beatles desde primera hora de la mañana. Salí de la habitación furiosa.
-¿¡QUIERES BAJAR ESO!?- grité.
Me miró asesinamente y me ignoró mientras seguía a lo suyo saltando de un lado para otro a ritmo de la música.
Solté aire enfadada y de nuevo me encerré en mi habitación. Por desgracia solo teníamos un tocadiscos, y mientras ella tenía puesto a esos cuatro hombres, yo no podía poner nada mejor como Little Richard o Elvis Presley.
Era la mayor de la casa, debería de tener mis derechos, ¿no?
Pero eso no era lo único, lo peor era eso de que fueras donde fueras los tenías allí.
Lo Beatles eran el 'BOOM', no podía escapar de ellos ni fuera de casa. Así que miré mi estantería, ahí estaban todos mis vinilos con una pequeña capa de polvo, sin usar desde hace días porque la señorita Kaufmann no dejaba poner otra cosa que no fueran sus adoroados 'Cuatro Fabulosos'.
Fui decidida, soplé la capa de polvo y cogí Buddy Holly, "That'll Be the Day".
Abrí la puerta, la miré y lo hice sin pensar.
Levanté la aguja del tocadiscos, la música dejo de sonar al instante.
-¿Qué te crees que haces?- me dijo agresiva.
-Poner buen Rock&Roll y no tonterías de las tuyas.
Quité el disco del plato, me disponía a sacar mi vinilo cuando ella lo cogió paralelamente a mí.
-Pienso volver a poner los Beatles...
-No creo que puedas.
Seguí resistiéndome, hasta que no se que maniobra hizo pero mi vinilo cayó al suelo.
De canto.
Se agrietó.
Roto.
Lo miré paralizada, cerré los puños y me dirigí a Mary.
-¿¡Has roto mi vinilo de Buddy Holly!? ¿¡HAS ROTO MI VINILO DE CHARLES HARDIN HOLLEY!?
Me miró sin saber qué decir y soltó un simple 'ups...' escondiendo la cabeza entre los hombros.
Recogí el vinilo con la funda y lo tiré sin ganas sobre el sofa.
No dije nada más y salí furiosa de casa dando un gran portazo en la puerta. Espero que ella no tuviera la valentía de poner de nuevo Beatles después de aquello.
Salí a la calle, no resplandecía el sol, estaba ligeramente nublado. Pero lo suficientemente bueno como para no necesitar chaqueta. Me la había dejado dentro de casa, y volver no era lo más indicado. A lo mejor le partía la cara a mi compañera en algún ataque de rabia.
Para sorpresa mía, con la chaqueta estaba el tabaco. Y eso sí que lo necesitaba.
Necesitaba un asqueroso cigarro para intentar relajarme, o no pensar en ello al menos.
Fui andando sin rumbo por el barrio. Iba mirando al suelo intentando quitar de mi mente esas ganas de matarla entre terribles sufrimientos.
Finalmente, con toda mi furia y mis ganas de fumar me crucé con un chico, estaba recogiendo las cartas del buzón que se encontraba a las afueras de su casa.
LLevaba el pelo un tanto largo, aunque en esa época ya era más costumbre que unos pocos años atrás. Camisa blanca un poco desabrochada por el cuello y un pantalón azul vaquero.
Me acerqué sin más.
-Mhhh... Hola, perdone, ¿no tendrá un cigarro?
Levantó la mirada y me miró, en ese momento su cara me resultó familiar. No recordaba de qué, pero la había visto antes.
Igualmente, los nombres los había oído antes. En el buzón ponía "George Harrison y Richard Starkey".
Sonrío, sacó una cajetilla de Malboro y me dió un cigarro. También sacó un mechero y me ofreció fuego. Sin apenas decir nada excepto un 'de nada' después de mis agradecimientos entró rapidamente en casa.
Di una pequeña vuelta mientras me fumaba el cigarro, tomé un poco de aire y regresé a casa.
Mary, por suerte, no puso de nuevo uno de sus cuatro discos de los Beatles.
Unicamente tenía las carátulas sobre la mesa.
Lo miré extrañada. De nuevo esa cara me resultaba familiar.
La miré extrañada y pregunté con normalidad.
-Oye Mary, ¿a tí te suena un tal Harrison?
Abrió los ojos como platos, se levantó del sofá de un saltó y me preguntó rápidamente.
-SÍ, CLARO. ¿QUÉ PASA?
-Ah, nada... Es que no sé si él o... Richard Starkey, me ha dado un cigarro.- sonreí y me encogí de hombros.



*Narra Mary*

-¿¡QUE HA PASADO QUÉÉÉÉÉÉÉÉ!?
-Mary, cálmate, te lo explicaré todo pero ¡siéntate!
-¿¡Cómo quieres que me calme!? ¡Acabas de hablar y de... interactuar con uno de mis ídolos!
-Está bien te lo contaré pero si te da un infarto no me eches la culpa.
-Vale cuéntamelo.
Decidí sentarme para que ella me contara lo que acababa de pasar porque era muy raro que Beatrice de verdad pensara que me podía dar infarto.
Ambas nos sentamos en el sofá del salón, al lado de la televisión, y empezó a contarme lo sucedido.
-Me viste salir del apartamento enfadada, ¿verdad? - Empezó a decir.
-Sí. Pero ¿adónde fuiste?, ¿qué pasó?
-Cállate y sólo contesta a mis preguntas.
-Vale, me portaré bien... - dije con carita de pena.
-Tú sabes que fumo, bueno, pues se me antojó un cigarrillo para relajarme pero como dejé la chaqueta aquí no llevaba encima y tenía que pedírselo a alguien. Al bajar por la calle, fuera de una de las casas, vi a un chico que estaba sacando las cartas de un buzón en el que estaba escrito "George Harrison y Richard Starkey" y se lo pedí y él, de forma muy amable, me dió uno.
Yo estaba en estado de shock, no me podía creer que mi mejor amiga hubiera conocido a un Beatle. Yo siempre me siento mal porque fume porque sé que no es bueno para la salud pero en ese momento no sabía si entristecerme o llorar de alegría. Opté por algo diferente, me puse a dar saltos como una loca dando... grititos.
Al cabo de un rato de un rato me calmé.
-¿Te acuerdas de su cara?
-Sí, claro.
Cogí de la mesa mis vinilos y le puse delante la caratula de "With the Beatles" para que me señalara al Beatle al que, sin saberlo, acababa de conocer.
Tuvo la puntería de señalar justamente a mi Beatle favorito; George Harold Harrison.
-Enhorabuena Beatrice, acabas de conocer a mi Beatle favorito.
-No te enfades, tengo una idea.
-No me enfado, es que yo quiero conocerlos...
-De acuerdo pues podemos ir adonde viven, quedarnos con su dirección y ya, otro día, si te portas bien, vayamos a saludarlos. Te acompañaré porque sin mí la liarás.
-¿De verdad harías eso por mí?
-No te pongas ñoña, ya es tarde, bajemos rápidamente y ya mañana veremos lo que hacemos.
Después de estar andando un rato, llegamos a su casa y nos quedamos en nuestra cabeza con la dirección.
-¡Aquí viven!
-No me lo puedo creer.
-¿El qué?
-PUES QUE VAMOS A CONOCERLOS, ¿¡QUÉ VA A SER SI NO!?
-Vayamos ya a casa, anda
A la mañana siguiente, Beatrice me despertó más temprano de lo normal:
-Mary, despierta.
-Mamá déjame cinco minutos más...
-Mary voy a ir a hablar con George y Richard.
Me levanté de la cama de un brinco y me quedé mirando a Beatrice fijamente.
-¿¡Y qué les vas a decir!? ¿¡Puedo ir yo también!?
-Voy a ir YO SOLA a preguntarles, con tranquilidad, si les importaría que algún día nos pasásemos por allí para saludarlos.
-¿Pero por qué no puedo ir yo...?
-Porque te pondrás histérica y porque no tendría sentido preguntarles habiendo estado ya allí preguntándoles.
-Está bien, me quedaré aquí. Pero no tardes mucho.
-Descuida. Dentro de un rato iré.

domingo, 28 de julio de 2013

Capítulo 1.

[Nota; para evitar confusiones cada una de nosotras escribirá en un color. Beatrice (Paula) será el tono púrpura y Mary (María) azul. Y no, el fanfic no trata de las dos hijas de Paul McCartney, son simples coincidencias. xD. La historia está ambientada en 1964.]

*Narra Beatrice*
Mi nombre es Beatrice Shepard, nací en una pequeña casa de Liverpool el 19 de septiembre de 1942. Tuve una vida normal. Padres que afortunadamente no acabaron separados, sin problemas de dinero, y con bastante suerte en los estudios, aunque siempre me apasionó la fotografía, por lo que en cuanto pude, dejé los estudios para empezar a hacer un módulo para fotógrafa.
Estudié en el Liverpool Intitute, para todos eso significaba ser de "clase alta", pues era muy prestigioso. Aunque mi estancia allí nunca fue muy buena.
A los diecisiete años me fui a Londres a estudiar definitivamente fotografía. En esas clases conocí a una chica, dos años menos que yo, llamada Mary. 
Juntas nos instalamos en un pequeño piso situado en el barrio de Knightsbridge, en 1963. 
De momento, con veintidós años, he tenido bastante suerte en la vida. Aunque mi padre muriera cuando yo tenía quince años. Mi madre nunca me quiso decir que le pasó a mi padre. Pero los últimos recuerdos que tengo de él es inmóvil por el dolor, con sudores y una gran presión en la cabeza. 
Al parecer fue de la noche a la noche a la mañana. Un día vine de clases y le encontré en ese estado, mi madre me dijo que tenía mucha fiebre y era una enfermedad contagiosa, por lo que no pude entrar en la habitación y a la mañana siguiente al levantarme, había fallecido.
Me fui sin despedirme de él, creo que mi madre inventó eso de que era contagioso para que yo no viera a mi padre en ese estado, pues ella le acompañó en todo momento y nunca la pasó nada.
Creo que ese acontecimiento marcó un antes y un después en mi vida. Cambió mucho mi personalidad a partir de ese momento. 
Yo era una niña tímida, a la que no la gustó nunca la compañía, excepto la necesaria. Me avergonzaba de todo, y era incapaz de levantar la voz cuando algo me disgustaba.
Después de aquello todo cambió, no era agresiva, pero si que me gustaba dar esa imagen de "malota". Dejé de temer a decir lo que pensaba, o a devolverle un golpe a alguien cuando se lo merecía. Adoraba eso de "vivir al límite". 
"Carpe diem", lo suelen llamar. Aunque por otro lado, también tenía mi corazoncito. Dejando atrás todo lo anterior, con la muerte de mi padre me di cuenta de que la compañía era muy importante para una persona. Así que en parte, y sólo con unos pocos, dejaba de dar esa imagen de cabrona.
De todas formas, hay que pasar página. Son cosas que antes o después nos pasarán a todos. Es mejor olvidarlas hasta que te toque a ti.
Ahora, por suerte, no he tenido ningún problema con mi amiga Mary, mi compañera de piso. Excepto que tiene una especie de "obsesión" con un grupo llamado "Beatles", y a veces puede ser muy cansada. Pues no la entiendo que ve en esos cuatro melenudos, que creo que también son de Liverpool, que cantan cuatro canciones de amor.
Aparte de eso, siempre estuve perfectamente con ella.



*Narra Mary*

Me llamo Mary Kaufmann, nací el 9 de julio de 1944 en Hamburgo, Alemania.
Mis padres son alemanes, mi madre murió en el parto y me tuve que criar con mi padre en una acogedora casa a las afueras de la ciudad.
Cuando era pequeña, en el colegio, tenía muchos amigos pero con el paso de los años me fui volviendo muy tímida y mi grupo de amigos se fue reduciendo. Cuando pasé al instituto, mis amigos y yo nos distanciamos y yo pasaba casi todo el tiempo en mi casa con la cámara de fotos que me regaló mi padre. 
En 1960 mi padre me regaló otro objetó que marcaría mi vida; mi primera guitarra.  
A principios de marzo del '62, al llegar a mi casa, mi padre me dijo que me sentara, me cogió de las manos y me explicó que acababa de llegar del médico, hacía meses que se encontraba mal y no me lo había dicho para no preocuparme porque él pensaba que no era nada grave, me miró a los ojos y lo dijo:
-Me han diagnosticado una enfermedad...tengo cáncer.
El 8 de julio de ese mismo año mi padre murió de cáncer mientras dormía, el día antes de que yo cumpliera nada más y nada menos que 18 años.
Me refugié durante un tiempo en el alcohol y las drogas pero en una de mis noches solitarias acabé en el Star-Club, donde unos chicos, al parecer llamados The Beatles, estuvieron tocando. No sé cómo lo consiguieron pero calaron en mí. A partir de ahí empecé a refugiarme en la música en vez de en las drogas y poco a poco fui dejando ese mal mundo.
No tuve más remedio que mudarme y compartir piso con alguien y sin yo saberlo, eso también me ayudó a ser una mejor persona.
Me fui a Londres, estudié fotografía y allí conocí a una chica estupenda que se convertiría en mi mejor amiga y en mi compañera de piso en Knightsbridge desde 1963.
Es la mejor persona que conozco y le tengo mucho cariño. Aunque en ocasiones es muy desordenada.