*Narra Mary*
Cuando llegué a casa la noche anterior apenas hablé con Be. Cenamos y nos fuimos a dormir después de unos simples "buenas noches" pero creo que a ambas nos costó conciliar el sueño con el asunto de la periodista porque a la mañana siguiente nos llamaron por teléfono y las dos estábamos aún dormidas. Puesto que Beatrice puede dormir lo que se proponga sin despertarse, fui yo la primera en levantarme a contestar la llamada.
-¿Diga?
-¿Mary? Soy John, ¿os gustaría ir al cine esta tarde? - se me abrieron los ojos como platos, si Beatrice lo hubiese cogido ya habríamos perdido la oportunidad de quedar esa tarde con ellos.
-Sí, soy yo. Verás... a mí me encantaría pero no sé si Be estará por la labor.
-Bueno, no te preocupes. Otra vez será. Adiós.
-¡NO NO! ¡Espera! - grité y al instante oí como el teléfono caía al suelo a causa de ello. - La convenceré, no te preocupes.
-De acuerdo, genial. Entonces hasta esta tarde.
-Vale, adi... - John me interrumpió.
-Una cosa más, como nosotros no podemos ir al cine sin sufrir el acoso de las fans no podremos ir al más cercano porque nos localizarán enseguida.
-Acoso de fans, gracias eh... - oí una pequeña risa -¿Intentas decirme que nos llevaréis a las afueras?
-Sí, y tendremos que ir en taxi para caber todos. Nosotros pagamos.
-Está bien. Entonces por la tarde nos vemos.
-Adiós.
-Adiós.
Colgué y me dirigí a la puerta de la habitación de Beatrice. Llamé levemente. Nadie respondió al otro y acerqué la oreja. Sólo se oían ronquidos así que abrí lentamente y me acerqué a ella. Ni se inmutó. Fui corriendo a la cocina, saqué un cubo de unos de los armarios y lo llené de agua. Volví al cuarto de Beatrice y ya os podéis imaginar lo que hice. Se levantó de un salto murmurando alguna que otra palabrota y sin decirme directamente nada ví como se aproximaba al baño para coger una toalla y secarse. Yo volví a la cocina y me puse a preparar el desayuno para las dos, iba a necesitar pelotearla mucho para conseguir que fuera... aunque con el cubo hubiese empezado con mal pie.
-Buenos días. - Dijo ella mientras pasaba a mi lado con una sarcástica sonrisa.
-Hola... ¿qué tal has dormido?
-Lo sabes perfectamente... ¿se puede saber por qué me has despertado?
-No quería que te pasases el día entero durmiendo, ambas sabemos que eres capaz.
-¿Y qué más te daba si lo hacía o no? Hoy no hemos quedado. - Desvié la mirada.
-Yaaaaaaa... en cuanto a esooo... - Beatrice me echó una mirada asesina.
-¿¡Me estás tomando el pelo!?
-¿No había una película que tu querías ver en el cine?..
-Te mato.
-A ti te gusta el cine...
-Pues yo no voy.
-No me dejarás sola. Sabes perfectamente que me perderé.
-Viven en frente, sabes perfectamente adónde ir.
-Ya pero...veeeeeen poooooooooorfa, que te he preparado el desayuno. - Me eché a un lado para que viese lo que tenía preparado en la encimera para ella; una tostada con nutella por encima y un café con leche.
-Bueno... me lo pensaré.
Fue pasando el tiempo hasta que se acercó la hora de quedar. En treinta minutos teníamos que estar en casa de Ringo y George.
-Be... ¿vienes? - puse ojitos.
-No.
-Te regalaré tres vinilos de Buddy Holly.
-Voy a vestirme.
Me fui a vestir a la vez que ella y a los veinte minutos estábamos las dos en la puerta dispuestas a salir.
Llegamos a casa de ellos, llamamos al timbre y salieron. Conforme salían por la puerta vino un taxi a recogernos y subimos todos. John se sentó junto al conductor, yo me senté detrás con George y Ringo y atrás del todo iban Beatrice y Paul.
Por el camino fuimos oyendo la radio y, por supuesto, sonó alguna que otra canción del Fab Four.
Nos bajamos del taxi y allí estábamos Beatrice y yo en un cine a media hora de distancia de nuestra casa en coche con el grupo más famoso del mundo.
*Narra Beatrice*
No estaba de ningún buen humor. Otro día más con los Beatles. ¿Por qué? ¿Qué le había hecho yo a este mundo, a Mary, a los Beatles para que me hagan esto? ¿¡Qué!? Estaba muy bien ganarse tres vinilos de Buddy Holy a cambio, pero seguía sin parecerme suficiente contando que no era el primer día que me obligaba a ver con ellos. No mantuve conversación con nadie en el taxi, ni con McCartney, aunque le tuviera al lado. La única sonrisa que mostré y forzada fue para saludar a George y Ringo. Los otros dos eran "Lennon" y "McCartney", no iba a llamarles por su nombre de pila. Eso inspiraba demasiada confianza, la cual no había.
Nos bajamos del taxi en lo que parecía un cine en un pueblo cercano a Londres, pero ni me fijé durante el viaje en cuál era, ni iba a preguntar. Al parecer la fama de los cuatro no les permitía hacer todas las apariciones públicas que deseaban.
Metí las manos en los bolsillos del abrigo y me dirigí a ver los carteles de las películas de estreno. Finalmente me dirigí hacia ellos.
-Yo quiero de terror.
-Eh, Paul, ¿crees que aquí pondrán "A Hard Day's Night"? -intervino John.
-¿A Hard Day's qué? -dije extrañada. Observé como Mary resoplaba riendo.
-Es su primera película. La del álbum de las caras...- añadió con una mirada de "lo he puesto miles de veces en casa".
Asentí dándole la razón e intenté memorizar, creo que era ese que tenía muchas fotos y el fondo azul. Creo...
-¿Entonces cuál queréis ver? ¿Vamos a "Hush... Hush, Sweet Charlotte"? ¿O sois demasiado miedicas?
John (o sea, Lennon) arqueó una ceja.
-Yo no.
-Ni yo. Bueno, yo sólo tengo miedo a las arañas... -rió McCartney.
-Yo a quedarme sin comida. -George.
-Bah, quejicas. A mí me da igual. -dijo Richard.
Mary permaneció callada. Yo no sabía cómo responder a aquella situación pero solté una débil risa.
-Veo que sois muy machotes. Bueno, pagabas tú, ¿no, Lennon?
Asintió y sacó la cartera pesadamente, lancé una mirada cómplice a mi amiga disimulando la risa mientras él me daba un billete de diez libras y me acercaba a por las entradas.
Repartí a cada uno y me quedé con el cambio. Uh, mi primer crimen. Aunque no superaban los cincuenta peniques.
-¿Muy barata eres, no? -dijo Lennon con una mirada pícara al ver que me guardaba las monedas riendo en el bolsillo.
-¿Y tú eres un imbécil, no? -levantó las manos manos fingiendo haberse ofendido y yo pasé dentro del lugar.
Había una pequeña tienda de comida situada a un lado de la entrada y automáticamente dirigí la vista a las palomitas. Mi estómago emitió un leve rugido.
-¡Yo quiero palomitas! ¡Uhhhhhhh! ¿Hay tamaño familiar? ¡Decidme que lo hay!
Bien, creo que es obvio quién fue apresuradamente a la tienda diciendo eso.
Marie estaba riendo a carcajadas y le pedí que me cogiera algo de comer.
Me dirigí al baño (al de mujeres, obviamente) y Lennon y Starkey detrás (pero ellos al de hombres, obviamente). Salí y me dirigí de nuevo a la sala de entrada. Mary estaba un poco alejada hablando con Paul, George estaba distraído comiendo palomitas y John y Ringo deberían de haber salido un poco antes. Mi cubo de palomitas me estaba esperando junto con George. Lo agarré con ambas manos y hice un gesto con la barbilla a todos para entrar ya a la película. Todo estaba bastante oscuro, así que no se molestaron en esconder su físico, sólo susurraron para que no se les reconociera por la voz. Aunque no había demasiada gente.
Nos colocamos en dos filas, delante George, Ringo y John. Detrás Paul, Mary y yo.
Recibía ataques y robos de palomitas por todas las direciones. Lo peor, es que las palomitas con las que me daban fuesen seguramente las que me habían quitado antes Lennon, McCartney o Kaufmann. Ringo creo que se las robaba a George.
Después de que se tranquilizasen un poco pude enterarme de la película decentemente. Era muy difícil introducirte en el trama cuando oías a unos pocos metros de ti una vocecilla diciendo tonterías a cada susto que había. Lennon.
Después de 133 minutos esperando un poco de normalidad por parte de los cuatro integrantes de la banda (cosa que no ocurrió), salimos fuera, de nuevo el taxi estaba allí esperando y volví a montarme sin añadir mucho. No reaccioné hasta que oí algo similar a "salir de fiesta".
-¿Qué se supone que vais a hacer?
-Hmmmm... -Mary asomó la cabeza por encima de su asiento- ¿te vienes?
-No. -dije rotunda y me crucé de brazos.
-Oh, sí. ¿Me vas a dejar sola? Soy más pequeña que tú, podría pasarme algo... -puso pucheritos mientras lo decía.
-No, no, no, no.
-Sí, sí, sí, sí. ¡Vamos! Siempre te gustó salir por la noche.
-No con ellos. Me debes tres vinilos de Buddy Holly por esto. ¿Sabes lo que tendrás que pagarme por una noche?
Me dí cuenta tarde de lo que acababa de decir, y de lo mal que podía sonar. Todos empezaron a reír.
-¡Qué gilipollas que sois! -disimulé mi risa.
-¿Entonces te vienes? -siguió mi amiga. Arrugué la nariz y fruncí el ceño. Mary sabía perfectamente que esa era mi manera de aceptar algo con resignación, así que se giró hacia delante con los brazos en alto gritando un "¡Sííííí!".
Me llevé la mano a la frente. No sabía si reír o llorar. Pasó más o menos media hora en taxi hasta que volvimos a Londres. Eran cerca de las nueve y media y nos acercamos a una especie de bar/restaurante/discoteca/pub llamado 142.
Al parecer ya habían ido a aquel sitio más veces pues nadie empezó a gritar "¡Oh, dios mío, los Beatles!" como en casi todos los lugares donde pisaban. Es más, la mayoría saludaban alegremente con una sonrisa y ellos la devolvían. Como Mary y yo no conocíamos a nadie permanecimos tímidamente detrás de ellos.
Pedimos un poco de bebida. Algo que me sorprendió mucho fue que mi compañera se pidiese algo más fuerte que una cerveza. Me contó una vez lo que le pasó en Hamburgo y no solía beber apenas cuando salía por miedo a recaer. Realmente no era una "santa", más bien es que prefería prevenir.
Después de más o menos una hora yo ya llevaba varias cervezas y algún que otro chupito. No me molesté en contar a Mary pero seguramente ella no superase los dos vasos. Tenía una especie de nube en la cabeza que no me permitía pensar con claridad. Maldito alcohol. Maldita tequila.
Me apoyé con la espalda contra la barra. Lennon estaba al lado con un cubata en la mano.
McCartney y ella estaban un pelín alejados hablando de algo que parecía gracioso, o al menos eso parecía, porque juraría que Mary sonreía como una tonta.
George y Ringo estaban con nosotros dos y presentaban total normalidad. (Era broma, ¿era la única que tenía los efectos del alcohol un poco subiditos? Mierda, mierda, mierda.)
Finalmente, con la misma sonrisa que antes los otros dos se acercaron.
-Chicos, ¿podemos ir a comer algo? Ya me canso de estar aquí. -dijo mi compañera.
Todos (básicamente, excepto John y yo. Hmmmm, ¿por qué? Los planetas se habían alineado en mi contra) asintieron.
-Yo estoy bien aquí, me gustaría quedarme.- Añadió él, y yo le acompañé.
-Bueno, podéis quedaros los dos si queréis.
Un "nooooooooooooooooooooooooooooooo, a solas con ÉL no. No." estalló en mi cabeza. Pero a diferencia de eso, me callé y me encogí de hombros, por lo que todos los demás se despidieron, Mary me alertó de que no bebiera más pues al día siguiente tenía que estar en el trabajo a las diez de la mañana (cosa a la que hice oídos sordos) y se fueron. Me apoyé con los brazos en el borde de la barra y bebí un trago del cubata. No quería mirar a John. No me gustaba esa situación. Era incómoda. Sólo acepté porque mi cerebro estaba manipulado con alcohol de más de cuarenta grados. Él me imitó y se apoyó a mi lado.
-¿Un chupito? -parecía amable. Bueno, solía ser amable. Pero tampoco me gustaba demasiado.
-Okay... - asentí lentamente, estaba más mareada que antes.- pero mañana tengo trabajo. Paso de estar resacosa toda la mañana.
-Eh, yo he visto la película que tú querías, me lo debes. -rió.
Dirigí la mirada hacia él arqueando una ceja.
-¿Me estás retando?
-Dímelo tú, ¿te estoy retando? -dijo con aire de superioridad.
Saqué unas cuantas monedas de mi bolsillo y las coloqué encima de la barra.
-¿Tequila o vodka?
-El vodka es muy suave, ¿no crees? -me dió un codazo.
-Intenta soportarlo, Lennon. -reí y le hice un gesto al camarero levantando dos dedos de la mano y señalando la botella de tequila. Me dispuse a pagar y devolvió las monedas en mi dirección.
-Invita la casa. -sonrío y nos guiño un ojo. Después acercó dos rodajas de limón.
Cogí ambos con las dos manos y le dí uno a John, también acerqué el platito de limón.
-¿Lista? -miró desafiante.
-Lista. -hicimos chocar los dos vasitos y él apoyó el suyo en la barra.- ¿Por qué...?
Puso mirada pícara y añadió como si fuese una cancioncita "el que no apoya no folla". Reí a carcajadas.
-Pues suerte, no hay demasiadas mujeres aquí.
-¿Entonces tú...?
Arqueé las cejas a modo de "no vas a acostarte conmigo" y revolví la cabeza. Volvió a levantar el chupito.
-¡Vamos, te ha salido gratis! ¡Aprovéchalo! -insistió con el vaso en alto.
Conté hasta tres y incliné el tequila dentro de mi boca tragando sin pensármelo dos veces.
Dos segundos. Dos segundos es lo que tarda esa bebida en quemarte la garganta, desgarrarte el esófago y explotar como una bomba en el estómago. Sentí que se me iba la cabeza prácticamente al instante mientras mordía el limón aliviando el malestar de la boca.
-¿Y bien?- dijo John esperando a que respondiese algo.
-Joder... -puse el chupito sobre la barra y me dejé caer en su hombro.- Vale, has ganado.
Pude oír una pequeña risa al lado de mi oído. También colocó las manos en mi cintura.
-Siempre gano. ¿O lo dudabas?
-Cállate. -reí y permanecí con frente apoyada en su hombro. Así por lo menos la cabeza no me daba vueltas.
-Aunque estés resacosa mañana pienso recordarte tu batalla perdida. -rió malévolamente.
-¿Y quién te ha dicho que vayas a verme mañana, Lennon?
-¿Puedes dejar de llamarme "Lennon"? John, por favor.
-No. -reí. Soltó un pequeño gruñido.
-¿Quieres irte a casa? -dijo mientras me retiraba el pelo de la cara y lo colocaba detrás de mi oreja. Su voz sonaba ahora más tranquila y empática.
-Aún puedo conmigo misma, eh... -reí.
-Pues creo que tendré que obligarte a ir.
-¿Cómo? -fruncí el ceño extrañada.
-Tal que así. -apretó mi cintura contra él, levantó mi cara de la barbilla suavemente y me besó.
De nuevo, la vocecilla de mi interior empezó a gritar cosas como "¿Qué está haciendo? ¿QUÉ-ESTÁ-HACIENDO? Párale, párale. ¡Que le pares!"
Hice caso omiso y le seguí el beso. No sabía ni porqué ni lo que vendría después de aquello, pero tampoco me importaba demasiado en ese momento. Es más, le rodeé el cuello con los brazos y le seguí besando. Para mi sorpresa fue él el que se apartó.
-Lo siento, he apoyado el chupito. Tengo que cumplir. -puso sonrisa pícara y tiró suavemente de mi muñeca. Se despidió rápidamente del señor que estaba al otro lado de la barra y me llevó fuera.
-¿Dónde se supone que vamos? -miré a todos lados desorientada. Aún no asimilaba correctamente qué acababa de pasar.
-Bueno, vivo muy cerca de aquí. Y no estás en perfectas condiciones para andar. -añadió con tranquilidad.
Un pequeño "oh" salió de mi boca. Creo que ambos sabíamos que la cuestión no era si yo estaba o no en condiciones de andar. Si no si él estaba en condiciones o no de usar un preservativo.
Mi conciencia parecía la única en responder con lógica, sólo decía que me iba arrepentir el día siguiente. Pero mi cuerpo se negaba a detenerse y decir adiós.
Al cabo de cinco incómodos minutos de silencio en los que íbamos por la calle y él me empujaba cariñosamente (o no) de la cintura, y mi cabeza seguía repitiendo "para, para, para. Estate quieta" llegamos a su casa. Abrió la puerta rápidamente y según abrió lanzó las llaves al pequeño mueble de la entrada.
Según cerró la puerta a mis espaldas sentí como me paralizaba y me inundaban los nervios. ¿De verdad iba a hacerlo? ¿Con él? No podía ser realmente posible.
Intentaba argumentar algo de aquella situación pero él se adelantó de nuevo y volvió a voltearme para besarme. Finalmente esa horrible voz que no se había callado acabo diciendo un "no está nada mal" y se esfumó.
Él siguió besándome mientras buscaba algún lugar por donde meter las manos dentro de mi camisa. Y lo encontró. Sus manos estaban frías y me hicieron estremecer mientras las deslizaba lentamente por mi espalda. Acabé deshaciéndome de la camisa en el pasillo, de la falda en las escaleras y de la ropa interior en la puerta de su habitación, para terminar revolcándome entre las sábanas con un Lennon que me atraía mucho más de hasta lo que yo pensaba.
No sé cuántas horas dormí, cuántas horas estuve haciendo con John lo que no debía de haber hecho. Lo único que sabía es que eran las once de la mañana y tendría que haber estado en el trabajo hace una hora. Me incorporé de la cama sobresaltada, aunque me costó más de lo que yo creía pues despertarme agarrada a su cintura era una sensación muy reconfortable. Demasiado, quizá.
Me preparé lo más rápido que pude y salí de su casa intentando llamar la atención lo menos posible. Algo que me extrañó incluso más que toda esa increíble situación fue que me despidió con un cariñoso beso. ¿Eso no era algo que las parejas hacían, ya cuando eran parejas? Lo nuestro sólo había sido un polvo pasajero provocado por demasiada ingesta de alcohol. Pero dejé de comerme la cabeza con similar tontería y entré sofocada a mi oficina. Me crucé con Marie en el pasillo y corrió hacia mí.
-¡Beatrice! -parecía preocupada.
-¿Sí...?
-Hablamos luego, te está esperando el jefe en su despacho... -dijo cabizbaja.
"Oh, ¿y ahora qué? ¿Para colmo voy a perder también mi trabajo?"
*Narra Mary*
Beatrice avanzó con pasos temblorosos hasta el despacho de nuestro jefe, el cual siempre fue el típico desagradable que se dedica a arruinarle la vida a sus empleados. Si echaban a mi amiga del trabajo tendríamos un grave problema para llegar a fin de mes solamente con mi sueldo. Para colmo, no había estado en casa en toda la noche. La última vez que la vi estaba con John. Puede que sea un poco sospechoso, ya que se veía tensión sexual prácticamente desde que se conocieron, y hablando de eso, John no era el único que parecía sentir algo por Be. Para empezar, resulta que ayer mientras todos fueron a los baños del cine y yo me quedé comprando las palomitas con Paul, él me sugirió algo.
Desde que se conocieron, se notaba que entre John y Beatrice había algo. Paul se puso a explicarme que sentía algo por Be y como John y ella tonteaban mucho estaba un poco celoso así que se le ocurrió que él y yo podríamos fingir que salimos juntos para que ella sintiera celos o algo parecido y se fijara en Paul. Al principio dudé en aceptar pero conforme me explicaba lo que le pasaba me di cuenta de que el Beatle mujeriego realmente sentía algo por una chica así que, ya fuese por descubrir como era "salir" con un Beatle o por compasión, acepté.
En conclusión, estuve toda la noche hablando con él y sonriendo como una tonta delante de la señorita Shepard. Pero nada, ella sólo se fijaba en John. Cuando nos fuimos del pub se quedaron a solas y realmente temo que haya hecho alguna estupidez de la que más tarde se pueda arrepentir. No sé si pasaron la noche juntos o si ella durmió en su sofá y ya está pero el caso es que llegó tarde al trabajo y el jefe quería hablar con ella, cosa que como ya imaginaréis, no es buena señal.
Vi cómo entraba a su despacho de cristal y me miraba preocupada al girarse para cerrar la puerta. Me senté en la sala de espera y al cabo de unos diez minutos volvió. Me levanté y nos dirigimos la una hacia la otra.
-¿Qué te ha dicho?.. - dio un suspiro antes de darme la noticia.
-Me mandan a Alemania un mes...
:0000000000000000000000 ¡¡¡¡¿¿¿¿CÓMO QUE LA MANDAN A ALEMANIA????!!!! Tenéis que continuarla pronto T.T
ResponderEliminarFeliz año a las dos. Bss
Hahahaha, al parecer me toca pasar un tiempo en la ciudad dónde empezaron los Beatles, sí.
EliminarNos alegramos mucho de que te guste, espero que podamos continuar lo antes posible, muchas gracias. :D
¡Feliz año a ti igualmente de parte de las dos! :3
Tía, qué raro se ve el :3 con esta letra xDDD
Eliminar¡Y muchas gracias Nerea! ^^