domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo 10.

*Narra Beatrice*
Me desperté con la cara hundida sobre la almohada, la noche anterior ni siquiera me había molestado en quitarme la ropa de calle y meterme en la cama para dormir. La resaca me persiguió durante toda la tarde, era invencible hasta para las tres tazas de café que me tomé a lo largo de la noche. Además de estar horas preparando todo lo que necesitaría para el viaje, acabé profundamente agotada y me dejé caer en cuando hube terminado.
Recuerdo que Mary salió con Paul varias horas, y cuando llegó yo ya estaba a punto de sumergirme en un sueño. Pero, ¿por qué Paul? Hasta donde yo había conocido su Beatlemanía, su favorito era George. George Harrison. Aunque yo siempre desconectaba mi mente cuando empezaba a hablar de los Beatles, por lo que no podía asegurar por cuál de los cuatro se decantaba. Me revolví perezosamente el pelo dentro de la cama y venciendo a duras penas mi vagueza, salté de la cama. Ese día tendría que coger el avión, soportar una hora de viaje y alejarme casi mil kilómetros de mi casa. Durante un mes. Hablando alemán. 
"¡Alemán!" dije para mí. Ni siquiera había caído hasta ese momento de que tendría que hablar la lengua natal de Berlín. No sabía absolutamente nada de ese idioma y por un momento, sentí miedo. 
"¿Y por qué diablos no han mandado a Mary, que es alemana?" pensé. Creo que mi conciencia tenía toda la razón del mundo. Quizá fuese una prueba, un reto, o simplemente la extraña afición de mi jefe por tratar de empeorar un poquito más la vida a sus empleados. No sé.
Me froté los ojos y salí a desayunar, aún era muy temprano y el sol apenas se asomaba un poco más arriba del horizonte. Por suerte, aún tenía dos horas y media hasta que saliese mi avión, sin restarle la media hora en la que debía de estar antes en el aeropuerto. 
Mi compañera seguía dormida, así que traté de hacer el menor ruido posible mientras preparaba algo de café y tostadas y tuve que reprimir un grito de dolor cuando me quemé con el primero.
Ella se levantó mientras yo me daba una ducha para despejarme, en esa última media hora había dado muchas vueltas en la cabeza al asunto de no saber qué hacer allí cuando llegue. Imaginaba que hubiese algún inglés, o alemán que hablase inglés, o algo, que hubiese hablado con mi sucursal pero, ¿y si no era así? Estaría totalmente perdida, un mes y cuatro días exactamente, sin entender nada en la televisión, radio, periódicos, sin saber cómo ni con quién comunicarme.
"Buffff..."
Revolví la cabeza para ahuyentar aquellos pensamientos.
Salí y lo primero que hice al ver a mi compañera fue pedirle unas "clases básicas para aprender alemán en cuarenta y cinco minutos". Esas clases básicas se resumieron en aprender "buenos días", "buenas noches", "sí", "no", "hasta luego" y "gracias". Esperaba que con eso pusiese guiarme lo suficiente los primeros días hasta que localizase a alguien que supiese quién era yo y por qué estaba allí (no con aires de superioridad, simplemente ayudar a una pobre inglesita que estaría mejor en Londres que en Berlín y no tiene idea de como manejarse en Alemania).
Finalmente acabé vistiéndome y maquillándome ("la primera impresión siempre es la más importante, Beatrice", oí decir a mi madre en mi cabeza) en la última hora, cogiendo mis maletas y dirigiéndonos ambas al aeropuerto. Llamamos al primer taxi libre que cruzó aquella calle del barrio de Knightsbridge. Iba a llegar tarde. "Mierda, como siempre". 
Mientras nos dirigíamos al aeropuerto dirigí la vista atrás y miré por la ventanilla del coche. Cuando llevas años viviendo en Londres dejas de apreciar su belleza. Supongo que ahora que iba a pasar un mes lejos de aquel lugar echaría de menos todo aquello por lo que pasaba cada día y me parecía insignificante. Por lo menos, aguardaba la seguridad de que ese viaje a Alemania supondría un notable ascenso de mi sueldo ese mes, por lo que después podríamos disfrutar de nuestra casa en aquel prestigioso distrito al oeste del centro de Londres y no tener que preocuparnos por cómo llegar a fin de mes.
El taxi nos dejo al final de la carretera más cercana al aeropuerto, al parecer a partir de allí nos sería más caro y aceptamos ir hasta la entrada a pie, dónde tuvimos que coger varios ascensores y atravesar unos cuantos pasillos. Mi estómago se cerró y un nudo se me subió a la garganta cuando divisé las aduanas con la mirada.
Miré a Mary, con la que apenas había mantenido conversación en todo el trayecto. Arrastraba mis dos maletas vagamente mientras me tropezaba de vez en cuando con mis propios pies. Maldije a los nervios.
-Creo que ya no puedes pasar más de aquí- dije a mi amiga mientras sacaba el pasaporte y documentación del bolso.
-Lo sé, imagino que no hará falta decirte que llames cuando llegues... -musitó ella con una leve risa.
-Ni lo dudes, pero tienes diez horas de libertad hasta que yo vuelva a molestarte por teléfono- reí guiñándole un ojo- Tú tampoco destroces nuestro hogar en mi ausencia.
-Be, creo que nuestra casa es más segura contigo fuera -añadió con tono de burla- Cada vez que pasas por la puerta de la entrada aumentan en un sesenta por cierto mis miedos a morir en un incendio.
Solté una carcajada.
-¡Serás capulla! -grité sin poder reprimir mi risa.
-Cuídate -añadió con un tono más serio.
Esta vez me tuve que reprimir para no esbozar una sonrisa melancólica.
-Lo haré, te avisaré en cuanto llegue. -sonreí y la abracé dejando las maletas apoyadas en el suelo.
Ella suspiró y me acompañó lo más que pudo hasta las aduanas, donde me dio un último abrazo y esperó a que yo ya no pusiese localizarla con la vista para marcharse. 
"Hmmmmm, te echaré de menos".
Pasé por todos los controles sin problemas (bueno, casi, excepto un tropezón tonto en la fila y un malentendido con la pulsera del reloj de muñeca en el detector de metales), y tras una larga espera conseguí montarme en la clase media del avión. Oh, maldita clase media. Ese lugar donde cualquier tipo de persona puede sentarse a tu lado, desde una secretaria con melena rubia y larga, con unas curvas perfectas de los pies a la cabeza y una sonrisa traviesa que haga que todos los hombres del avión estén deseando sentarse en tu lugar, hasta un viejo tabernero con una barriga que no soporten los botones de su camisa y un aliento a alcohol que no permita respirar.
"Esa es una visión demasiado superficial, Beatrice", me regañé. Quería seguir manteniendo las esperanzas y el poco ánimo que aún conservaba.
Una azafata preguntó si queríamos algo para beber o comer, no me había dado cuenta de que seguía con el estómago cerrado desde que despedí a mi amiga hasta el momento en el que mencionaron la comida, por lo que pedí una infusión (de mala calidad, obviamente) para tranquilizarme.
A mi lado se sentó una señora mayor, no me molesté en juzgar sus apariencias -como hice mentalmente mientras buscaba mi asiento con la secretaria y el tabernero imaginarios- pero llevaba varias revistas debajo del brazo en las que sí me fijé para leer durante el viaje.
En la esquina de una de ellas asomaban las caras de cuatro chicos, cuyo pelo caía sobre su frente a modo de flequillo. Beatles.
Me sorprendí a mí misma al no hacer un gesto de disgusto o de asco y en su lugar, mostrar una tímida sonrisilla. Me imaginaba a Mary quedando poco después de llegar a casa con ellos, saliendo con ellos, bebiendo -¿Mary bebiendo?- con ellos... O quizá sólo con Paul.
¡Paul! Esos últimos días había estado tan cerrada pensando en John que ni siquiera había caído en que Paul y Mary podían tener... algo. No me extrañaría, la verdad. Aunque seguía jurándome a mí misma que su Beatle favorito era George, no Paul.
"Bueno, el tuyo es John" rió una vocecilla en mi cabeza, la cual sacudí para hacerla callar "No, no, y no".
No me dí cuenta de que me estaba quedando dormida encima del asiento hasta que la misma azafata que me llevó la infusión me ofreció una almohada, que yo acepté muy amablemente. Si me esperaban diez horas de viaje, preferiría hacerlo dormida.



*Narra Mary*
Cuando me despedí de Be la vi de lejos pasando por la aduana. Se le cayó la maleta de mano y al agacharse a recogerla hizo una especie de tapón en la fila porque la gente tenía prisa y con los empujones no la dejaban incorporarse. Típico de ella. 
Cuando por fin hubo dejado en la cinta lo que tenía que dejar pasó por el detector, el cual pitó, y acto seguido pude verla siendo registrada por un agente de seguridad y quitándose de la muñeca lo que parecía ser un reloj. Aplausos, por favor, se tenía que quitar sólo las cosas de metal que llevara y se le olvidó quitarse lo único que llevaba al descubierto. 
Por fin consiguió pasar al otro lado y la perdí de vista entre la muchedumbre.
Me dirigí a la salida del aeropuerto y llamé a un taxi mientras pensaba qué iba a hacer más de un mes entero sin mi mejor amiga en el mismo país que yo. Llegó, subí y le dije la dirección a la que me tenía que llegar. 
Cuando llegué al umbral de casa abrí la puerta y de repente unas preguntas me inundaron: "¿Qué haré durante este tiempo? ¿Querrán los Beatles quedar conmigo? ¿Y si piensan que soy muy pesada y no los vuelvo a ver hasta que Beatrice vuelva?".
Cerré tras mi espalda y me dirigí al salón, encendí la televisión y me senté en el sofá. 
Aunque en la BBC estaban emitiendo la repetición de la aparición del Fab Four en el Ed Sullivan Show mis pensamientos siempre me llevaban a lo mismo; ¿Y ahora qué hago?
En uno de estos arrebatos casi deprimentes por la ausencia de mi compañera de piso, sonó el teléfono. Increíble, alguien quería hablar conmigo. 
Me levanté con la mayor ilusión posible de mi asiento y descolgué el auricular.
-¿Sí? - oí un murmullo al otro lado de la llamada que reconocí en cuanto escuché hablar.
-Ah hola Mary, ¿está Beatrice por ahí? - Era John. De pronto me acordé. ¡No les habíamos avisado! "Mierda" pensé para mis adentros.
-Eh...eeehhh...eeeeeehhhh... Verás - conseguí decir - tengo que hablar con vosotros sobre eso.
-¿Ha pasado algo de lo que debamos enterarnos? - Guardé silencio.
-¿Estás en casa de George y Ringo?
-Sí, también está Paul aquí. Me ha comentado antes que quería decirte algo pero no ha especificado el qué. ¿Te quieres pasar por casa de Ringo y George?
-Genial, ¿entonces os importa si me paso por allí?
-Claro que no, ¿ahora nos vemos entonces? Adiós.
-Adiós. - Colgué y fui corriendo a cambiarme. 
Al cabo de unos 15 minutos ya estaba en su puerta. Llamé el timbre y un sonriente Ringo me dio la bienvenida.
Estaban todos, los cuatro. Normalmente en situaciones así tenía a Beatrice a mi lado ayudándome con su carácter a no perder las formas y en ese momento realmente la necesitaba. 
-Hey Mary, siéntate. - Me invitó Paul.
Me senté junto a él ya con los otros tres alrededor y me dispuse a explicarles dónde estaba Beatrice.
-Veréis... - me miraron con preocupación. - Beatrice está en un vuelo a Berlín.
Abrieron los ojos como platos y se miraron los unos a los otros.
-¡¿Y qué hace yendo a Alemania?! - preguntó George.
-Por culpa del trabajo. Si hubiese rechazado el traslado temporal seguramente ahora mismo estaría en paro.
-¿Vuestro jefe trata un poco mal a sus empleados, no? - Asentí a la pregunta de Lennon.
-Bueno, ¿y ahora qué teníais pensado hacer?
-Yo tengo que hablar un momento contigo sobre "yasabesqué". - Me recordó Paul.
-Ah sí, cierto. ¿Y vosotros? - miré a los otros tres británicos.
-¿Vamos a dar una vuelta por el centro y vamos a algún club de striptease? Digo... a alguna tienda de música. - sugirió John entre risas por la "aparente" confusión.
Al parecer se pusieron de acuerdo en cuanto John hizo la pregunta porque se despidieron con un gesto de cabeza de Paul y de mí y salieron por la puerta en un abrir y cerrar de ojos.
-¿Y eso? - le pregunté aturdida a Paul.
-Somos humanos, todos necesitamos algo de entretenimiento...bueno, dejémoslo en entretenimiento a secas.
Salimos de la casa de dos los escarabajos que se acababan de ir y nos acercamos a la de Be y yo. 
-Oye, ¿y qué querías decirme?
-Es algo que no puedo decir exactamente con palabras. - Su voz sonó más prometedora de lo habitual.
Me volteé sobre mí para abrir la puerta mientras él pensaba qué decir y, mientras giraba la llave dentro de la cerradura, noté una leve presión en la parte baja de la espalda. Giré la cabeza para ver qué era aquello y, en el preciso momento en el que me di cuenta de lo que era. Paul McCartney. Paul McCartney sostuvo mi cabeza entre sus suaves manos, me besó y la inercia de su cuerpo hizo que yo retrocediese varios pasos hacia atrás, pero sin separar mis labios de los suyos. No era consciente de todo lo que hacía, empujé la puerta con el pie y la cerré a las espaldas del Beatle mientras él seguía empujando cada vez más al interior de la casa. Acabé chocando contra una pared mientras marcaba un camino de besos hasta mi cuello y mis hombros, mientras notaba la caricia de sus dedos deslizándose por el bajo de mi falda. 
Mi respiración comenzaba a fallar y mi cuerpo se petrificaba un poco más cada vez que sus labios rozaban mi piel. Suspiré profundamente tratando de conseguir el oxígeno que me faltaba.
Él esbozó una traviesa sonrisa que sentí contra mi cuello y susurró sobre mi oído.
-Si quieres que pare simplemente dímelo.
Me mordí el labio, ni siquiera fui capaz de responder. Enredé los dedos en su pelo y volví a besarle. Mis relaciones con chicos nunca habían ido más allá que noches en un sofá comiendo pizzas y bebiendo Coca-Cola, no entendía cómo los nervios no me habían paralizado aún y, en su lugar, un cosquilleo sacudía todas las partículas de mi cuerpo.
Me subió a su cintura  y automáticamente yo la rodeé con mis piernas. Una vocecilla aguda hizo acto de presencia en mi garganta.
-No creo que este sea el mejor sitio -dije mientras notaba como mis mejillas se volvían cada vez más rojas. Quizá fuese vergüenza, o quizá calor.
Él entrecerró los ojos con aire pícaro y sonrió.
-Tu casa, tus reglas -rió.
Me robó un beso rápido y empezó a andar torpemente conmigo encima. Pero, ¿adónde? Mi habitación estaba exactamente al lado contrario de la casa.
Vale, me estaba llevando al dormitorio de Beatrice.
Tampoco entendí por qué no le avisé de ello, o por qué me dio igual. Me agarré a sus hombros y me dejé llevar.
Paul avanzó por la habitación de Be de espaldas a la cama hasta que sus piernas chocaron contra el borde de esta, haciéndole desequilibrar y yo cayendo a horcajadas de él.
Me incliné hacia delante y dejé que siguiese besando, involuntariamente comencé a desabrochar varios botones de su camisa y él hizo lo mismo con la mía.
Mis actos dejaron de responder a las órdenes de mi mente, consiguiendo que finalmente me acostase con aquel bajista. 


4 comentarios:

  1. Siento no haber comentado antes pero esk no he tenido tiempo!!!!! T.T estoy piniendome al dia con todos las fanfics. Y cuando me he pasado por el vuestro... SOLO HABIA UN CAPITULO!!!! T.T T.T T.T YO QUIERO SABER QUE PASA DESPUES!! T.T Porfavor, teneis que subir YA. Lo necesiitoooo T.T plis no dejeis este maravilloso fic. Os quiere,
    Nerea McCartney.

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  2. Antes de nada, muchas gracias por seguir leyendo nuestro fanfic y perdón por no subir capítulo desde hace algunas semanas. Paula está teniendo muchos exámenes últimamente y, por lo tanto, muy poco tiempo para escribir. Así que sentimos mucho dejarte con la intriga pero seguramente la semana que viene subiremos el capítulo 11.
    Y gracias otra vez ;) ^^

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  3. Primero de todo: Hola!

    Segundo: Oh my god. Increíble lo que estáis haciendo. Me encanta esta historia.

    Comento aquí por dos principales razones. Primera, para preguntaros si no vais a seguir subiendo más capitulos. Porque llevais sin subir desde Marzo...Y estamos en Julio... ¿Se acabó? ¿En pleno apogeo del la trama, cortáis por lo sano?

    Esa es la primera, rogaros que sigais con esto. La segunda es una proposición.

    Cómo veo que escribís muy bien, ¿Os veis capaces de inventar una historia adaptable a un guión cinematográfico corto?

    En caso afirmativo, ¿Os gustaría, o, estaríais despuestas a prestármelo para que yo lo adaptara y lo rodara

    Yo y unos amigos, que llevamos haciendo teatro desde hace unos años estamos intentando hacer cortos, porque a mi me gusta mucho la fotografía, pero más aún el cine, y últimamente se me dió por ahí.

    Nuestro primer corto, (Muy corto para mi gusto), es un video sin guión. ¿Por qué?

    Porque nustros guinistas, que son las personas mas imaginativas que conozco, trabajan menos que Felipito Uve Palito.

    Os dejo el link:

    Matar un Limón: https://www.youtube.com/watch?v=hajnNm5DCP0

    Si estuvierais interesadas, contactad conmigo por Twitter. Paula me sigue así que no hay problema con los MDs. Soy @JatoJazz

    Si no os apetece, o teneis mucho trabajo, solo espero que sigais por lo menos con esto...

    Gracias por aguantar como os contaba mi vida. Y, un saludo desde Galicia. ¡Salud y república! ¡Y Beatles! ;)

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    Respuestas
    1. (Vale, he escrito la respuesta dos veces y se ha borrado. Este es el tercer intento y más vale que se publique como Dios manda.)

      Lo primero es que muchísimas gracias por el ánimo. Pido disculpas de parte de las dos por tanta demora de tiempo, pero espero que en este futuro mes de agosto recompensemos nuestra ausencia.

      Lo segundo: creo que lo único que sé responder es "wow!", pero como seguramente algo tan corto no servirá de respuesta, trataré de explicarte la situación.

      Este fanfic está escrito por mi amiga y yo,desgraciadamente, la primera no se dedica habitualmente a esto de escribir, por lo que, con otras palabras, me ha dicho que no cuentes con ella. Por otra parte, mi casi-imposible-sueño es ser escritora y algo así es bastante difícil de rechazar. Desgraciadamente, es una respuesta muy acelerada, porque por mí sería perfecto participar, pero no sé ni de qué debería tratar, si se me daría bien un texto dialogado, si sacaría tiempo -ya que esté año empiezo Bachiller y tengo pánico-, etc, etc. Lo típico.

      De cualquier manera, sabes que me tienes en Twitter, así que para lo que quieras, DM y listo.

      Y sin nada más que añadir, muchísimas e infinitas gracias por el interés y el apoyo. ¡Paz y amor! :3

      PD: Trataré de pasarme por vuestro canal para ver el corto lo antes posible. ^^

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