*Narra Beatrice*
Me desperté ese día, y para mi sorpresa Mary tenía puesto uno de sus vinilos a todo volumen. The Beatles desde primera hora de la mañana. Salí de la habitación furiosa.
-¿¡QUIERES BAJAR ESO!?- grité.
Me miró asesinamente y me ignoró mientras seguía a lo suyo saltando de un lado para otro a ritmo de la música.
Solté aire enfadada y de nuevo me encerré en mi habitación. Por desgracia solo teníamos un tocadiscos, y mientras ella tenía puesto a esos cuatro hombres, yo no podía poner nada mejor como Little Richard o Elvis Presley.
Era la mayor de la casa, debería de tener mis derechos, ¿no?
Pero eso no era lo único, lo peor era eso de que fueras donde fueras los tenías allí.
Lo Beatles eran el 'BOOM', no podía escapar de ellos ni fuera de casa. Así que miré mi estantería, ahí estaban todos mis vinilos con una pequeña capa de polvo, sin usar desde hace días porque la señorita Kaufmann no dejaba poner otra cosa que no fueran sus adoroados 'Cuatro Fabulosos'.
Fui decidida, soplé la capa de polvo y cogí Buddy Holly, "That'll Be the Day".
Abrí la puerta, la miré y lo hice sin pensar.
Levanté la aguja del tocadiscos, la música dejo de sonar al instante.
-¿Qué te crees que haces?- me dijo agresiva.
-Poner buen Rock&Roll y no tonterías de las tuyas.
Quité el disco del plato, me disponía a sacar mi vinilo cuando ella lo cogió paralelamente a mí.
-Pienso volver a poner los Beatles...
-No creo que puedas.
Seguí resistiéndome, hasta que no se que maniobra hizo pero mi vinilo cayó al suelo.
De canto.
Se agrietó.
Roto.
Lo miré paralizada, cerré los puños y me dirigí a Mary.
-¿¡Has roto mi vinilo de Buddy Holly!? ¿¡HAS ROTO MI VINILO DE CHARLES HARDIN HOLLEY!?
Me miró sin saber qué decir y soltó un simple 'ups...' escondiendo la cabeza entre los hombros.
Recogí el vinilo con la funda y lo tiré sin ganas sobre el sofa.
No dije nada más y salí furiosa de casa dando un gran portazo en la puerta. Espero que ella no tuviera la valentía de poner de nuevo Beatles después de aquello.
Salí a la calle, no resplandecía el sol, estaba ligeramente nublado. Pero lo suficientemente bueno como para no necesitar chaqueta. Me la había dejado dentro de casa, y volver no era lo más indicado. A lo mejor le partía la cara a mi compañera en algún ataque de rabia.
Para sorpresa mía, con la chaqueta estaba el tabaco. Y eso sí que lo necesitaba.
Necesitaba un asqueroso cigarro para intentar relajarme, o no pensar en ello al menos.
Fui andando sin rumbo por el barrio. Iba mirando al suelo intentando quitar de mi mente esas ganas de matarla entre terribles sufrimientos.
Finalmente, con toda mi furia y mis ganas de fumar me crucé con un chico, estaba recogiendo las cartas del buzón que se encontraba a las afueras de su casa.
LLevaba el pelo un tanto largo, aunque en esa época ya era más costumbre que unos pocos años atrás. Camisa blanca un poco desabrochada por el cuello y un pantalón azul vaquero.
Me acerqué sin más.
-Mhhh... Hola, perdone, ¿no tendrá un cigarro?
Levantó la mirada y me miró, en ese momento su cara me resultó familiar. No recordaba de qué, pero la había visto antes.
Igualmente, los nombres los había oído antes. En el buzón ponía "George Harrison y Richard Starkey".
Sonrío, sacó una cajetilla de Malboro y me dió un cigarro. También sacó un mechero y me ofreció fuego. Sin apenas decir nada excepto un 'de nada' después de mis agradecimientos entró rapidamente en casa.
Di una pequeña vuelta mientras me fumaba el cigarro, tomé un poco de aire y regresé a casa.
Mary, por suerte, no puso de nuevo uno de sus cuatro discos de los Beatles.
Unicamente tenía las carátulas sobre la mesa.
Lo miré extrañada. De nuevo esa cara me resultaba familiar.
La miré extrañada y pregunté con normalidad.
-Oye Mary, ¿a tí te suena un tal Harrison?
Abrió los ojos como platos, se levantó del sofá de un saltó y me preguntó rápidamente.
-SÍ, CLARO. ¿QUÉ PASA?
-Ah, nada... Es que no sé si él o... Richard Starkey, me ha dado un cigarro.- sonreí y me encogí de hombros.
*Narra Mary*
-¿¡QUE HA PASADO QUÉÉÉÉÉÉÉÉ!?
-Mary, cálmate, te lo explicaré todo pero ¡siéntate!
-¿¡Cómo quieres que me calme!? ¡Acabas de hablar y de... interactuar con uno de mis ídolos!
-Está bien te lo contaré pero si te da un infarto no me eches la culpa.
-Vale cuéntamelo.
Decidí sentarme para que ella me contara lo que acababa de pasar porque era muy raro que Beatrice de verdad pensara que me podía dar infarto.
Ambas nos sentamos en el sofá del salón, al lado de la televisión, y empezó a contarme lo sucedido.
-Me viste salir del apartamento enfadada, ¿verdad? - Empezó a decir.
-Sí. Pero ¿adónde fuiste?, ¿qué pasó?
-Cállate y sólo contesta a mis preguntas.
-Vale, me portaré bien... - dije con carita de pena.
-Tú sabes que fumo, bueno, pues se me antojó un cigarrillo para relajarme pero como dejé la chaqueta aquí no llevaba encima y tenía que pedírselo a alguien. Al bajar por la calle, fuera de una de las casas, vi a un chico que estaba sacando las cartas de un buzón en el que estaba escrito "George Harrison y Richard Starkey" y se lo pedí y él, de forma muy amable, me dió uno.
Yo estaba en estado de shock, no me podía creer que mi mejor amiga hubiera conocido a un Beatle. Yo siempre me siento mal porque fume porque sé que no es bueno para la salud pero en ese momento no sabía si entristecerme o llorar de alegría. Opté por algo diferente, me puse a dar saltos como una loca dando... grititos.
Al cabo de un rato de un rato me calmé.
-¿Te acuerdas de su cara?
-Sí, claro.
Cogí de la mesa mis vinilos y le puse delante la caratula de "With the Beatles" para que me señalara al Beatle al que, sin saberlo, acababa de conocer.
Tuvo la puntería de señalar justamente a mi Beatle favorito; George Harold Harrison.
-Enhorabuena Beatrice, acabas de conocer a mi Beatle favorito.
-No te enfades, tengo una idea.
-No me enfado, es que yo quiero conocerlos...
-De acuerdo pues podemos ir adonde viven, quedarnos con su dirección y ya, otro día, si te portas bien, vayamos a saludarlos. Te acompañaré porque sin mí la liarás.
-¿De verdad harías eso por mí?
-No te pongas ñoña, ya es tarde, bajemos rápidamente y ya mañana veremos lo que hacemos.
Después de estar andando un rato, llegamos a su casa y nos quedamos en nuestra cabeza con la dirección.
-¡Aquí viven!
-No me lo puedo creer.
-¿El qué?
-PUES QUE VAMOS A CONOCERLOS, ¿¡QUÉ VA A SER SI NO!?
-Vayamos ya a casa, anda
A la mañana siguiente, Beatrice me despertó más temprano de lo normal:
-Mary, despierta.
-Mamá déjame cinco minutos más...
-Mary voy a ir a hablar con George y Richard.
Me levanté de la cama de un brinco y me quedé mirando a Beatrice fijamente.
-¿¡Y qué les vas a decir!? ¿¡Puedo ir yo también!?
-Voy a ir YO SOLA a preguntarles, con tranquilidad, si les importaría que algún día nos pasásemos por allí para saludarlos.
-¿Pero por qué no puedo ir yo...?
-Porque te pondrás histérica y porque no tendría sentido preguntarles habiendo estado ya allí preguntándoles.
-Está bien, me quedaré aquí. Pero no tardes mucho.
-Descuida. Dentro de un rato iré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario