sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 5.

*Narra Beatrice*
No tardé mucho en caer rendida en la cama. Aquel día no había sido agotador, pero muchas veces te cansas hasta de no hacer nada especial, por muy raro que sea.
Bueno, para mí fue un día sin más. Sí, conocimos a dos de cuatro Beatles pero eso para mí no era nada del otro mundo. Por otro lado creo que Mary, más Beatlemaníaca que persona, no habría podido conciliar el sueño en toda la noche. 
Lo que no sabía es que podía verlos siempre que quisiese, a pesar de que a Harrison le cayó bastante bien.
Pasaron varios días sin ninguna novedad. Lo único que hicimos cerca de unos tres días fue estar en casa y salir a tomar fotografías. Es de esa rutina diaria que tanto se aborrece.
Me desperté cerca de las once de la mañana, aunque me quede un rato mirando el techo de mi habitación mientras los minutos pasaban tumbada en la cama.
No pensaba en nada en especial, simplemente estaba.
Por fin mi vaguería matutina desapareció y decidí levantarme. No sé por qué pero tenía una melodía pegadiza en mi cabeza.
Para mi sorpresa cuando salí de mi dormitorio, Mary se encontraba desayunando huntando mantequilla en una tostada recién echa.
Entré tarareando aquella melodía, moviendo los pies y la cabeza al ritmo. Le robé la tostada quitándosela de la mano y avanzando hasta el fondo de la cocina.
-¡Eh! ¡Que es mía! -dijo riendo con un tono un tanto mosqueado.
Me volteé hacia ella y al fin me salió una pequeña parte de la canción que sonaba dentro de mí.
Levante un brazó y flexioné levemente las rodillas.
-... AND WHY YOU LIED TO ME!- canté creo que al ritmo adecuado.
En ese momento reconocí la voz. ¿No era de esos chicos que tanto la gustaban a Mary?
¿Los Beatles? No, no podía ser, apenas me gustaban.
Ella se quedo petrificada mirándome, con la misma expresión de sorpresa que yo.
La tostada se estaba enfriando en mi mano mientras intentaba buscar una explicación lógica a lo que acababa de pasar.
-¡YA EMPIEZA TU BEATLEMANÍA!- gritó y saltó delante mío practicamente comiéndome de la ilusión.
-¿Eh? No. Sólo que la canción es pegadiza.- me dirigí a por el cuchillo de huntar y la mermelada.- Además, ¿Beatlemanía? ¿Qué es eso? ¿Se come?- bromeé.
-No disimules, seguro que debajo de esa apariencia Rock&Rollera tan extrema que tu tienes algo vibra a ritmo del Beat.
-¿Qué dices? Mary, por favor. Deja de delirar.- reí- Yo no tengo de eso a lo que tu llamas "Beatlemanía".- me giré y la zarandeé de los hombros- ¡ASÚMELO!- reí.
Ella rió y siguió mis pasos mientras yo me dirigía al salón en busca de mi cámara.
-Seguro. Cuando conozcas a los otros dos te enamorarás.- en ese momento desconecté mi sentido auditivo. Cuando se ponía a hablar de los Beatles algo se encedía dentro de ella. Hablaba rápido, nerviosa, entraba en una especie de sueño. Un sueño que había escuchado mil y una veces. Me limité a asentir y fingir que escuchaba. 
-... y esa es la grandeza del dúo Lennon/McCartney.- terminó, al menos eso creo. 
-Ah, muy bien. -reí.- No tengo el honor de conocerles.
-Con un poco de suerte lo tendrás, ya verás cómo...- se disponía a hablar de nuevo de esos dos chicos cuando el sonido del teléfono la interrumpió.
-Voy yo.- dije acercándome al teléfono.
Descolgué.
-¿Sí...?
-¿Beatrice Shepard?- la voz me resultó familiar.
-Sí, soy yo. ¿Quién es?
-¿Ya os habéis olvidado de nosotros o qué?- rió al otro lado del teléfono.
-¿Perdón?- reí, no sabía como tomármelo.
-Ya que no me reconoces, soy George Harrison. Estuviste en mi casa el otro día. ¿Recuerdas?- volvió a reir amablemente.
-Oh, sí. Hola Ge..- no terminé su nombre. Mary seguía en el salón y no quería que le diese un síncope de un  momento a otro.- Pues no, no te había reconocido.- reí.
-Bueno, para la próxima ya lo sabes.- rió.- Te llamaba porque a pesar de lo que hablamos, no había tenido noticias de vosotras dos, y me preguntaba si había algún problema.
-No, no, no pasa nada. Simplemente que hemos estado vagueando estos días, y además tenemos algo de trabajo en el periódico.
-Es cierto, que sois periodistas. Nos gustó mucho el artículo del London News cuando viajamos a América.- rió.
-Si, bueno, no somos las afortunadas de trabajar en la sección de música, pero bueno.- sonreí.
-¿Puedo pedirte una cosa?- dijo amablemente.
-¡Claro!- pedí a Mary que me trajera un vaso de agua de la cocina, para que no escuchase la conversación.
-Am, no tenemos nada que hacer, y como nos llevamos bien, ¿queréis volver esta tarde?
Pensé unos segundos.
-Pues... -me asomé levemente a la puerta para comprobar que Mary no escuchaba.- ¿por qué no venís vosotros?
Él rió.
-Por mí genial, aunque nos costará un tanto llegar. Ya sabes... fans. - rió de nuevo.
-Convivo con una de ellas, lo entiendo perfectamente.- reí.- Venid cuando podáis, estaremos en casa.
-Una cosa más.
-Dime.
-¿Cuál es vuestra dirección?- río.
-No te preocupes, siete números más que vosotros. Vivimos en la misma calle. ¿Recuerdas?- intenté imitar su tono de voz riendo.
-Sí, verdad.- rió también.- Pues allí nos vemos, iremos lo antes posible.
-Genial, hasta luego.
-Bye.
Colgó. Colgué. Problema número uno; Esquivar las preguntar de la curiosa Mary.
Llegué a la cocina, primera pregunta.
-¿Quién era?
-Publicidad.
-¿Qué querían?
-¿Vender?- reí.
-¿Y agua para qué?
-¡Porque tenía la boca seca!- la miré extrañada.- ¿Qué crees? ¿Que era un grupo terrorista pidiéndo que nos afiliemos a ellos?- reí.
-Joder chica, que humos, eh...
-Ay, perdón, es que no sé el por qué de tanta curiosidad.
-Estás rara, no sueles alterarte tanto por esas tonterías. Algo ocultas...- rió.
Puse mi mano encima de su hombro.
-No Mary, no. No oculto nada, en serio.- puse tono de película romántica mientras disimulaba una risa.
Ella sí rió pero no comentó nada más. Se fué a su habitación con la radio debajo del brazo y su cámara de fotos mientras seguía investigando un poco más el zoom óptico que antes era mío.
Llegó la hora de comer, comimos bastante tarde pues ninguna de las dos tenía ganas de cocinar y empezamos a hacer varios juegos de azar para decidir quién cocinaba.
Yo cocinaba, ella limpiaba.
Cerca de las cuatro empezamos a comer. Preparé arroz y pescado y nos sentamos a comer con la radio de fondo. Para sorpresa nuestra, una canción de sus chicos sonó en aquella emisora.
No comenté nada mientras mi compañera me miraba diciendo "sé que conoces la letra, antes o después tendrás que cantar". 
Finalmente terminamos la comida y mientras ella ordenaba toda la cocina yo me fui al salón a ver la televisión. Cerca de una hora después sonó el timbre.
Me acerqué a la puerta y abrí. Que raro, eran ellos.
Sonreí y saludé a ambos con dos besos. 
Avisé a mi amiga mientras ambos terminaban de entrar por la puerta.
-¡MARY! ¡TENEMOS VISITA!- reí sabiendo perfectamente lo que ocurría.
Se asomó por el hueco de la puerta, tenía las manos chorreando de agua enjabonada y un vaso de cristal en la mano, imagino que recién lavado.
Dirigió la mirada hacia nosotros cantando otra más de sus canciones. Esta vez "Roll Over Beethoven", si no recuerdo mal.
Ahí les vió. De nuevo, sus ídolos estaban entrando por la puerta de su propia casa.
Quedó petrificada. La miraba pícaramente disimulando la risa.
-Ay...- dijo para sí misma mientras dejaba caer el vaso cristalino al suelo y éste rompiéndose en mil pedazos.
Me llevé la palma de la mano a la frente y agaché la cabeza riendo.
-Oh, no... Ya empieza.- reí.



*Narra Mary*
Yo estaba fregando tranquilamente los platos cuando Ringo y George entraron por la puerta y, de repente, me quedé petrificada. ¿Qué hacían aquí? 
Cuando el vaso que tenía el mano cayó al suelo por mi empanamiento mental viendo a dos de los Beatles entrando por la puerta, hice un gesto de saludo con las manos que ahora tenía libres y me acto seguido me dispuse a recoger los cristales que ahora estaban esparcidos por el suelo mientras Beatrice les ofrecía a ellos que se sentaran en el sofá.
Cuando terminé de limpiar y de recoger los cristales, me dirigí hacia ellos y les expliqué que había tardado porque sin querer se me había caído un vaso que "se me resbaló".
Ringo se había sentado en un sofá con Beatrice y George en otro él solo. Me senté en el sitio libre que había.
-¿Cómo es que habéis venido a nuestra casa?.- reí y los miré.
-Pero qué pasa, ¿no se puede entrar en casas ajenas sin llamar antes?- preguntó haciéndome creer que no habían llamado para saber si podían venir o no.
Todos reímos y después de un breve silencio, George explicó que habían llamado y que Beatrice cogió el teléfono y les dijo que no habría problema en que vinieran porque estaríamos en casa.
-Pues ella no me ha comentado nada.- Miré a Beatrice echándole una sonrisa que decía "te mato".
-Quería darte una sorpresa...
Hubo otro silencio incómodo.
-¿Queréis tomar algo?- preguntó Beatrice mientras se levantaba haciendóme un gesto con la cabeza para que la acompañara a la cocina.
-Si no te importa, me gustaría tomar un té.- dijo Ringo.
-Claro, ahora lo preparamos. George, ¿tú también quieres?
-Sí, por favor.
Beatrice y yo fuimos a la cocina a preparar el té.
-¿POR QUÉ NO ME AVISASTE?- dije gritando en voz baja (sí, ya sé que es lo contrario pero seguro que vosotros también habéis gritado en voz baja alguna vez).
-¡Porque te habrías puesto a gritar y habrías preparado algo para cuando ellos llegaran! ¡¡Sabes perfectamente lo histérica que te pones con los Beatles!!
-Sí, pero si me hubieras avisado...-de repente sonó el teléfono y yo fui corriendo a ver quién era.
-¿Diga?
-¿Mary Kaufmann?
-Sí, ¿quién es?
-Verás, trabajo en London News con usted y con la señorita Beatrice Shepard y necesito que vayan a la sede del Congreso africano a cubrir una noticia. Es sobre el encarcelamiento de Nelson Mandela. Os estamos esperando, id cuanto antes posible. No olvidéis las cámaras.
-Pero es que ahora no podemos ir...tenemos visita...
-Se trata de vuestro trabajo. O vais o estáis despedidas. Vosotras decidís.
-En 15 minutos estamos allí.- colgué y fui corriendo a informar a Beatrice de lo ocurrido.
-Tenemos que ir a la sede del Congreso africano ya.
-Pero George y Ringo...
-A mi me da más coraje que a ti pero tenemos que ir.
-Vale, tú ve a decirles que se tienen que ir, yo voy a recoger esto.
Cuando llegué al salón pensé rápidamente en qué decirles. El resultado fue muy simple.
-Eh...chicos...lo siento mucho, pero nos ha surgido algo y nos tenemos que ir...
-¿Qué ha pasado?- preguntó George preocupado.
-Nos han llamado del trabajo, tenemos que ir a la sede del Congreso africano. Han condenado a cadena perpetua a Nelson Mandela y tenemos que ir a cubrir la noticia.
-¿Y tenéis prisa?
-Nos estamos jugando el trabajo así que sí...
-Nosotros os llevamos.- dijo Ringo poniéndose en pie y yendo directamente a la puerta.- Os esperamos en el coche. Tocaremos la bocina cuando os veamos salir para que sepáis dónde está el coche.
-Vale muchas gracias por vuestra ayuda. Voy a avisar a Beatrice.
Cogí, nuestras cámaras y nuestros abrigos y me aproximé a la cocina.
-Be vamos, George y Ringo nos llevarán.
Le di su camára y el abrigo y salimos por la puerta. Cuando escuchamos la bocina y, al girar la cabeza hacia la izquierda, los vimos montados en un coche agachados de forma que las fans que antes les habían complicado salir de su casa no los vieran.
Ringo nos hizo un gesto con la manos y nos subimos rápidamente.
Cuando llegamos a la sede pararon, bajamos del coche, hicimos las fotos y volvimos a montarnos. Nos volvieron a dejar en casa y nos despedimos.
Volvimos a entrar en casa, llamamos a la oficina y dijimos que al día siguiente dejaríamos allí las fotos. 
Mientras preparamos las fotos nos relajamos un poco hablando.
-Gracias a ellos no nos han despedido.- dijo Beatrice intentando dar conversación.
-Sí...¿son muy majos, a que sí?.- en ese momento una sonrisa se deslizó por mis mejillas y me di cuenta de que al acordarme de George se me quedaba una cara muy...pava digamos.
-Tengo que admitirlo.
Terminamos de preparar las fotos, cenamos sobras de otro día y nos fuimos a dormir.

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