*Narra Beatrice.*
Mary seguía en el mismo estado de agitación. Era desesperante, me cruzaba con ella en alguna habitación de la casa, sonreía y mostraba una gran sonrisa.
"¡AAAAH! Voy a conocer a dos de cuatro Beatles." decía entre pequeños gritos y saltos.
Yo suspiraba y seguía a lo mío, porque en parte era comprensible.
Aunque llegó un momento en el que mi paciencia terminó.
-Que sí, Mary. Lo sé, les vas a conocer. CALLA YA.- dije zarandeándola de los hombros.
Me miró a los ojos, con la voz temblorosa dijo;
-Sí, Beatrice. Pero sigo sin creérmelo, que son los Beatles, joder.
Cada vez que pronunciaba esas palabras parecía que se quedaba sin aliento. Puse los ojos en blanco.
-Lo dices una vez más y estás castigada. Suficiente que lo hago después de romperme el vinilo de Buddy Holly.
-Es que son los Be...
La interrumpí con una mirada asesina, cogió aire y colocó la palma de su mano sobre la boca para callarse a si misma.
"¡Por fin!" pensé.
Comimos, la hora de la comida pasó muy lenta. Ella estaba continuamente callada, temería volver a decir lo mismo que repitió las cien veces anteriores y quedarse sin 'Fab Four', aunque en este caso, 'Fab Two'.
Aquella tarde no tenía ganas de nada. Me tumbé en mi cama mirando al techo y rápidamente caí dormida.
Poco tardó la señorita Kaufmann en entrar recordándome su impaciencia.
-¡Vamos! ¡Tienes que ir a verles!- gritó mientras me presionaba el brazo cuando yo aún no podía apenas abrir los ojos por completo.
Con la voz dormida la respondí lo primero que pensé.
-Voy mañana por la mañana, y ya de paso me acerco a comprar chocolate al mercado, que estoy de luto por mi vinilo.- reí como pude.
Ella continuó tirándome del brazo.
-Vamos, me lo prometiste.- puso carita de pena.
-Yo no prometí nada, dije que iría pero puede ser mañana, ¿no?
Resopló y acabó cediendo.
A lo tonto se nos ocurrió un buen sitio donde pasar lo que quedaba de tarde.
Cerca de nuestra vivienda había una pequeña charca, que a la hora del anochecer era realmente hermosa.
Con cámara en mano nos dirigimos allí.
Salimos de casa, con las dos cámaras colgadas del cuello y unos cuantos carretes de repuesto.
En cuanto pasamos la puerta Mary miró automáticamente en la dirección de la casa de los chicos, pero para mi suerte nuestro destino estaba en la otra dirección.
Eran cerca de las seis y media de la tarde, llegamos allí y el Sol comenzaba a ponerse.
Nada más empezar a entrar ambas empezamos a capturar todo.
Fotos aquí, fotos allá, fotos en todos lados.
Lo que adoraba de esa charca es que a esas horas se juntaban allí libélulas, desgraciadamente unos cuantos mosquitos, mariposas, ranas, sapos y demás.
Además con el tono amarillento del atardecer era un paraíso.
Mary y yo teníamos en mente montar una pequeña galería de arte para sacarnos algún dinero de más. Aunque por suerte ya trabajábamos como fotógrafas en una sección del periódico.
Fuimos a casa cuando ya anocheció, no nos gustaban las fotos con flash excesivamente, por lo que no malgastaríamos carrete.
La noche fue rutinaria. Cenamos y rápido fuimos a dormir.
A la mañana siguiente tenía preparada una pequeña sorpresa. Me desperté más temprano de lo normal. Ella solía quedarse hasta tarde leyendo, o escuchando música o algo, por lo que no la esperaría despierta hasta la una aproximadamente.
A las diez de la mañana abrían las tiendas. Salí rápido, cogí ambas cámaras y lo llevé a revelar.
Estuve allí cerca de media hora explicándola a la dependienta como las quería, hasta que por fin me entendió.
Después fui a comprar unas cuantas cosas más. La tienda de fotografía era revelado rápido, pero tendría una hora para hacer lo demás.
Finalmente, me dirigí a la casa de los dos Beatles, llamé y me contestó el otro. Si no recuerdo mal ese sería Richard Starkey, o Ringo Starr.
Tenía la cara y la voz dormida, se frotó los ojos y me miró.
-Hola, eh... Verás- me rasqué la cabeza nerviosa- mi compañera de piso es gran admiradora vuestra, y el otro día casualmente yo me encontré a George Harrison recogiendo el correo. ¿Sería mucha molestia que ella se pasase por aquí para conoceros? La haría realmente feliz.
El chico todavía adormilado sonrió y me dijo que no había ningún problema, por lo que regresé a lo demás.
Ya se habían hecho las doce, tenía que darme prisa.
Con las fotos reveladas entré en casa rápidamente. Las pegué todas, una a una por toda la casa., un tanto separadas.
Si era lo suficiente lista, que creo que sí, se daría cuenta de que un cúmulo de fotos la llevarían al salón.
A la una, como yo dije, despertó. Según salió se quedó petrificada y fue avanzando poco a poco observando todas y cada una de las fotos, hasta que llegó al salón. Yo estaba cerrada en mi habitación esperando en momento en el que se diese cuenta.
Al cabo de unos cinco minutos entró bruscamente.
-¿¡TU ZOOM ÓPTICO!?- me miraba boquiabierta.
-Sí, a mí ya no me servía de nada con la nueva cámara, así que todo tuyo.
Sonrió enormemente y corrió a por su cámara a colocarlo y de nuevo, hacer más fotos.
Olvidó por completo a los Beatles durante todo el día, apenas me preguntó por Harrison y Starr, cuando realmente podía ir a verlos.
Esa noche fui yo la que se quedó hasta tarde, y ella durmió pronto, pues se pasó el día de aquí para allá haciendo fotos.
Cuando me desperté a la mañana siguiente no estaba en casa, empecé a prepararme el desayuno y ahí, entró con la respiración acelerada.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!
*Narra Mary*
Acababa de volver a casa después de haber ido al kiosco y al llegar allí me ocurrió algo que ni yo me podía creer a pesar de haberlo vivido.
-¡BEATRICE, NO SABES LO QUE ME ACABA DE PASAR!
Beatrice estaba en la cocina, preparándose unas tostadas para desayunar. Cuando yo entré, ella dio un respingo y una de las tostadas salió volando cayendo así en uno de mis zapatos.
-MARY MALDITA SEA, AVISA AL ENTRAR A CASA, CASI ME DA UN INFARTO.
No pude contener la risa a su cara de susto y estuve un buen rato intentando contarle lo que había pasado, pero no podía parar de reírme.
Al cabo de un rato me calmé y se lo pude contar mientras ella desayunaba en la mesa del salón.
-He ido al kiosco para comprar el periódico y mirar si había alguna revista que me interesara. Cuando llegué, cogí el periódico, vi una revista cualquiera de Rock & Roll y, cuando me agaché a cogerla, otra persona también se había fijado en ella y dio la casualidad de que nos agachamos a cogerla a la vez. Me giré y adivina quién era.
-Geor...
-GEORGE HARRISON. - Ahí también hice que diera un pequeño respingo.
-Vaya, ¿y qué hiciste? - A partir de ese momento de la conversación fue ella la que no pudo contener la risa al imaginarse a su compañera de piso gritando por dentro pero teniendo que mantener la compostura delante de un Beatle.
-Nuestras manos se rozaron, nos quedamos mirándonos (tengo que decir que sus colmillitos son adorables) y me cedió la revista como todo un caballero. - Por la forma en la que me miró Beatrice cuando dije eso, averigüé que me acababa de poner roja como un tomate. - Luego fui hacia la cola y me dejó pasar primero. Pagué y mientras me alejaba hacia casa, lo escuché preguntar el precio con su peculiar acento.
-¿Y no le dijiste nada?
-¿Qué le iba a decir?
-Tienes razón... Oye pues reaccionaste de una forma muy...madura. - Eso ya lo dijo con duda, aunque hasta yo me sorprendí de como reaccioné en aquella situación.
El resto de la mañana lo pasé leyendo la revista que acababa de comprar.
Llegó la hora de la comida y, mientras almorzábamos, le pregunté si había ido a hablar con Ringo y George. Ella me dijo que, si me apetecía, podíamos ir esa misma tarde porque, el día anterior, ya había ido a hablar con ellos. Os podéis imaginar mi reacción...
Cuando terminamos de comer, nos vestimos para ir a la calle, nos peinamos, nos lavamos los dientes, Beatrice se maquilló y salimos a la calle en dirección a casa de Richard y George.
Cuando llegamos, llamé al timbre, y George abrió la puerta.
-¿OTRA VEZ TÚ?
No hay comentarios:
Publicar un comentario